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La jefa de la diplomacia europea apoya la intervención rusa en Siria y arremete contra Estados Unidos

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Federica Mogherini muestra el creciente desencuentro entre Europa y Estados Unidos al asegurar que la intervención rusa en Siria evitará el desplome total del régimen de Damasco y que se repita la situación de Libia, en clara alusión a la desastrosa intervención norteamericana en el país norteafricano, al borde de convertirse en un Estado fallido.

La brecha entre Europa y Estados Unidos se agranda cada día. La última evidencia pública del desencuentro entre la vieja Europa, cansada de seguir los dictados del Imperio 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, y Norteamérica se ha plasmado el domingo 3 de octubre en la entrevista del diario The Washington Post a la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini (42 años).

La exministra de Asuntos Exteriores de Italia afirma al periódico de referencia de la clase política norteamericana que la intervención de Rusia “evitará el desplome total de la estructura del Estado de Siria, algo similar a lo que sucedió en Libia, y esto pondría en peligro la idea misma de tener una transición”. Más claro, imposible.

Un varapalo de la jefa de la diplomacia europea a la forma en que Estados Unidos ha gestionado la crisis libia: poder militar para acabar con Gadafi e incapacidad política para articular la sucesión del régimen. Una situación que llevaba camino de repetirse en Siria y que vuelve a ocurrir en Afganistán, con el resurgir taliban del que tenemos noticia en las últimas semanas.

Con seis millones de habitantes, Libia está al borde de convertirse, si no lo es ya, en un Estado fallido que tratan de repartirse un Gobierno dividido tras las elecciones al Parlamento de Trípoli celebradas en junio de 2014, milicias islamistas, clanes tribales y el Estado Islámico, en franco progreso.

Las instituciones europeas, cuya portavoz para asuntos exteriores y seguridad es Federica Mogherini, se han marcado un triple objetivo, según explican fuentes diplomáticas de Bruselas:


1 - Apoyar la intervención de Rusia en Siria representa un enorme favor a Putin que Europa se cobrará en algún momento. La Europa de los negocios, fundamentalmente Alemania, no está de acuerdo con las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a Rusia, aunque para la Unión Europea son de obligado cumplimiento.

2 - Ante la falta de interés de Estados Unidos de acabar con el Estado Islámico después de casi año y medio, el Ejército ruso en pocos días ha puesto en desbandada a los yihadistas. Hay una confluencia de intereses en el ámbito de la seguridad entre Bruselas y Moscú.

3 - Todas las partes coinciden en que no se puede iniciar la transición para sustituir al presidente Bashar al-Asad hasta derrotar al Estado Islámico. Y en que Rusia e Irán participarán en el proceso negociador por las razones que desvela Federica Mogherini en su entrevista al Washington Post.


Rusia e Irán estarán en el proceso de transición para apartar del poder a Bashar al-Asad


En efecto, la jefa de la diplomacia europea explica al influyente diario estadounidense que Irán debe estar presente en las negociaciones para dar una salida democrática a Siria “porque tiene mucha influencia en el régimen de Damasco, y ellos [los dirigentes iraníes] entienden que ésta será su primera prueba después del acuerdo nuclear para ver si pueden jugar un papel constructivo”, no solo en el proceso sirio, sino también a nivel internacional después de años de ostracismo político y diplomático.

Respecto a Rusia, Mogherini también es bastante clara. Si Moscú se esfuerza por acabar con el Estado Islámico “es normal que quiera ocupar su lugar en la mesa de negociaciones diciendo 'yo estoy aquí y voy a ser parte del proceso’. Aunque hay un componente militar, los europeos estamos convencidos de que no existe una solución puramente militar a la guerra”.

Contratiempo para Estados Unidos


Estas respuestas no han sentado nada bien en Washington, que tenía previsto dirigir las negociaciones tras la caída del dictador Al-Asad a manos del Estado Islámico, incorporando a la mesa a una oposición política creada de la nada y financiada por las agencias de inteligencia estadounidenses.

Es evidente que sentar a rusos e iraníes a fiscalizar el inicio de la era post-Bashar es un contratiempo para los intereses de Estados Unidos, dispuesto a colocar en el poder un Gobierno amigo que diese luz verde al gigantesco gasoducto Qatar-Europa a través de Siria y Turquía.

Este proyecto, que ha sido el trasfondo de la guerra con la excusa de derrocar al dictador sirio, tiene como único objetivo romper el monopolio del gas ruso a Europa. Putin perdería una importante fuente de ingresos a la vez que los europeos (especialmente los alemanes), al ser menos dependientes de Gazprom, se alejarían de la órbita rusa, según los estrategas de Washington.


Los refugiados, una crisis mundial


Sobre la crisis de los refugiados, Federica Mogherini aprovecha la ocasión para lanzar otra andanada a la Administración norteamericana al señalar que “no es solo una crisis europea, es una crisis regional y mundial”.

Dado que esta crisis también involucra a Estados Unidos, la responsable europea reclama a Washington que se implique más en resolver los conflictos de Siria y Libia, “porque son las principales fuentes de inestabilidad que provocan las oleadas de refugiados”.

Preguntada finalmente si la crisis de los refugiados impulsará el auge del nacionalismo en Europa, un tema que es objeto de atención preferente por los centros de estudios estratégicos norteamericanos, Mogherini responde que “si entendemos que ser diferentes es una ventaja y no una amenaza, vamos a crecer como europeos. Necesitamos liderazgo político lo suficientemente valiente para hacer llegar ese mensaje a los ciudadanos”.

Mogherini, buena conocedora como política italiana de las dinámicas que alimentan a los movimientos neofascistas, con su respuesta -“ser diferentes es una ventaja, no una amenaza”- desmonta la tesis de los centros de poder norteamericanos que postulan que el miedo a la extrema derecha y los fascismos en todas sus expresiones han mantenido siempre a los europeos cerca de los Estados Unidos.

Y lanza un mensaje a los líderes europeos. Que sean valientes para explicar a los ciudadanos que los refugiados -el 0,1 por ciento de la población europea- no son la amenaza.

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