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La sombra de Guerra persigue a Errejòn

El número dos de Podemos tiene un buen espejo en el que mirarse: el de Alfonso Guerra. Si el ex vicepresidente del Gobierno y del PSOE terminó perdiendo su pulso con Felipe González, tras ganar el que mantuvo con Miguel Boyer; Iñigo Errejón ganó su pulso con Monedero, pero puede correr igual suerte que el que fuera todopoderoso segundo en el partido socialista cuando de disputar el liderazgo se trata.

En el caso de Podemos, Errejón es el moderado y Pablo iglesias el radical, con Juan Carlos Monedero haciendo de tercer hombre hasta que sus “diferencias” con Hacienda le llevaron a apartarse de las fotos oficiales para no dañar la imagen de la formación morada. Los paralelismos están en las diferencias ideológicas que conviven dentro de esas dos formaciones. Socialdemocracia y liberalismo en el PSOE. Socialdemocracia y marxismo en Podemos.

Al igual que lo era González, Iglesias es insustituible, hoy por hoy, y no creo que el profesor de Políticas tenga ninguna intención de copiar al abogado sevillano en su renuncia a la secretaria general para volver con todo el poder y desprenderse del marxismo como paso previo para ganar por mayoría absoluta las elecciones a una derecha en descomposición.

Las tensiones autonómicas que está sufriendo Podemos tienen dos causas: una ideológica, que se observa claramente en Cataluña y Galicia; y otra estructural, de partido en formación, de movimiento popular y de masas a organización piramidal con “jefes” y programa de alcance nacional. También juegan los personalismos y las “familias” que buscan el control del partido. El mejor ejemplo de esto último está en Madrid, la Comunidad en la que los “barones” de Iglesias y Errejón llevan semanas poniéndose zancadillas.

Tras la comida que mantuvieron los dos principales dirigentes de Podemos con José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono en casa de éste, el que fuera ministro de Defensa, presidente del Congreso y presidente de Castilla la Mancha -con Emiliano García Page de invitado especial- aseguró que el más listo entre Pablo e Iñigo era el número dos, que era el más cercano a un acercamiento con el PSOE, y que sus tesis eran menos radicales que las del secretario general de Podemos.

Guerra perdió y el guerrismo se desdibujó, poco a poco, pero de forma imparable. Los liberales del PSOE ganaron y Carlos Solchaga, primero, y Narcís Serra, después, terminaron por llevar al socialismo español al centro y a la permanencia en el poder durante 14 años. Podemos se está formando como partido y tiene por delante “adelantar” al PSOE. Con Errejón los pactos serían más posibles, pero también correrían el riesgo de ser “abducidos” por el partido más viejo y con mayor estructura.

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