La administración de Trump ha lanzado un ultimátum contundente al gobierno interino de Venezuela: cortar todos los lazos económicos con Rusia, China, Irán y Cuba, o enfrentar la exclusión de los mercados petroleros globales. Según fuentes cercanas a los planes de la Casa Blanca, Washington exige que Caracas colabore exclusivamente con empresas estadounidenses para la producción de petróleo y priorice a compradores norteamericanos en sus ventas.
Este ultimátum se produce pocos días después de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, fueran extraídos por la fuerza de la capital en una operación nocturna condenada por Venezuela como un «acto ilegal de agresión armada». La estrategia estadounidense busca aprovechar la crisis financiera que atraviesa Venezuela, donde las sanciones han dejado a los tanqueros llenos pero sin poder vender su carga, lo que podría llevar al país a la insolvencia en cuestión de semanas.
Transferencia de petróleo
En una declaración realizada el 6 de enero, el presidente Trump anunció que las autoridades interinas de Venezuela transferirían entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo —con un valor estimado en 2.8 mil millones de dólares— al control estadounidense. Los ingresos generados se destinarían supuestamente al «beneficio del pueblo venezolano y Estados Unidos».
No obstante, los funcionarios venezolanos han rechazado estas demandas. La presidenta interina Delcy Rodríguez, aliada de Maduro y nombrada tras el asalto, afirmó que «ningún agente extranjero» dictará las políticas económicas del país. Mientras tanto, diplomáticos rusos y chinos en Naciones Unidas han condenado el secuestro de Maduro como una violación del derecho internacional.
Estrategia estadounidense
La estrategia del gobierno estadounidense se basa en las reservas financieras menguantes de Venezuela. Se ha informado que el secretario de Estado Marco Rubio advirtió a los legisladores en una reunión privada que Caracas tiene solo unas semanas antes de enfrentar la insolvencia total. Los tanqueros están llenos pero incapaces de vender debido a las sanciones impuestas por EE.UU.
El senador Roger Wicker (R-MS), presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, confirmó que EE.UU. planea tomar control sobre los envíos petroleros venezolanos sin necesidad de desplegar tropas. «No se trata de botas sobre el terreno», aseguró Wicker.
Trump ha intensificado su enfoque tras años de tensiones crecientes desde que el expresidente venezolano Hugo Chávez nacionalizara la industria petrolera del país en los años 2000. Este movimiento ha sido parte del intento estadounidense por desmantelar las alianzas con estados adversarios.
Consecuencias regionales
Los críticos advierten que esta maniobra podría desestabilizar aún más una nación ya devastada por la hiperinflación y la emigración masiva. Sin embargo, para Washington, las implicaciones van más allá de las fronteras venezolanas; este es un desafío directo a la influencia rusa y china en América Latina.
A medida que los tanqueros permanecen inactivos y aumenta la furia diplomática, queda una pregunta crucial: ¿se rendirá el gobierno interino venezolano ante las demandas estadounidenses o buscará alternativas con sus aliados? La respuesta podría redefinir las dinámicas de poder en el hemisferio occidental y determinar si el petróleo venezolano volverá a fluir libremente.