El regreso de las mascarillas en Ucrania: un eco de políticas fallidas
En un contexto global donde se han reexaminado las políticas sanitarias, Ucrania ha decidido reimponer el uso de mascarillas en hospitales, una medida que evoca estrategias previamente desacreditadas. Las autoridades de salud del país, alarmadas por el aumento de casos de COVID-19 vinculados a nuevos subvariantes de Omicron, han optado por revivir mandatos que muchos consideran obsoletos y dañinos.
Las nuevas subvariantes, denominadas “Nimbus” y “Stratus”, han sido presentadas como la justificación para esta decisión. Sin embargo, más allá del lenguaje técnico, se observa que esta medida no responde a una verdadera preocupación por la salud pública, sino a un intento de controlar a la población bajo el pretexto de una crisis sanitaria.
Un panorama preocupante
Desde agosto, se han reportado cerca de 500 casos nuevos en Ucrania, con 1,121 casos solo en Kiev durante la última semana. Estas cifras han llevado a las autoridades a reinstaurar restricciones similares a las impuestas durante los años 2020 y 2021, cuando se demostró que tales medidas no lograron detener la transmisión del virus. En cambio, provocaron consecuencias devastadoras sobre la economía y la salud mental de los ciudadanos.
Las instituciones detrás de estas decisiones incluyen organismos como los CDC y la OMS, quienes tienen un historial documentado de conflictos de interés con la industria farmacéutica. A lo largo de la pandemia, enfoques alternativos como la inmunidad natural y tratamientos tempranos fueron ignorados o censurados en favor de vacunas experimentales cuya seguridad a largo plazo sigue siendo incierta.
La retórica detrás del uso de mascarillas
A pesar del amplio consenso científico que cuestiona la efectividad real de las mascarillas en detener virus aerosolizados, los funcionarios ucranianos siguen insistiendo en su uso. Andrey Karaush, presidente del consejo regional de Rovno, anunció con orgullo el regreso de estos mandatos en una publicación en redes sociales. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: si las mascarillas fueran efectivas, ¿por qué los casos continúan aumentando?
La narrativa actual parece más un intento por mantener el control que una respuesta legítima a una emergencia sanitaria. La historia reciente demuestra que las mismas instituciones que promovieron políticas restrictivas están ahora evaluando hasta dónde pueden llegar con su autoridad sin enfrentar resistencia.
El ciclo interminable del miedo
Con cada nueva variante presentada como una amenaza inminente, se repite un ciclo de miedo que permite justificar medidas restrictivas. Aunque se afirma que las nuevas variantes son más contagiosas, no hay evidencia clara que sugiera un aumento significativo en tasas de hospitalización o mortalidad. Esta situación plantea interrogantes sobre el verdadero propósito detrás de tales alertas sanitarias.
A medida que se ignoran tratamientos efectivos y se desestima la inmunidad natural, es evidente que lo que está en juego es mucho más que la salud pública; es una cuestión de poder y control social. En medio de desafíos reales como guerras y crisis alimentarias, resulta sorprendente que el foco se mantenga en amenazas invisibles como “Nimbus” y “Stratus”.
Fuentes consultadas:
La noticia en cifras
Descripción |
Cifra |
Casos de COVID-19 reportados desde agosto |
500 |
Casos de COVID-19 reportados en Kiev la semana pasada |
1,121 |
Población de la región de Rovno |
1,000,000+ |