El Comando Sur de EE.UU. ha confirmado que mantendrá sus fuerzas en el mar Caribe, argumentando la necesidad de combatir actividades que la Casa Blanca considera «ilícitas», especialmente aquellas relacionadas con la imposición de sanciones unilaterales a terceros países. Esta declaración se enmarca dentro de los esfuerzos del gobierno estadounidense por asegurar que las aguas caribeñas no se conviertan en un entorno propicio para actores maliciosos.
En una reciente publicación en su cuenta de X, el Comando Sur enfatizó: «Las aguas del Caribe no serán un entorno permisivo para actores maliciosos ni actividades ilícitas. Nuestros combatientes de élite desplegados en la región están listos para actuar con decisión, como lo han hecho antes, deteniendo rápidamente cualquier embarcación que viole las sanciones».
Misión y colaboración interinstitucional
Además, el comando reafirmó su compromiso al señalar que el Departamento de Guerra de EE.UU. «se mantiene firme en su misión de combatir las actividades ilícitas en la región». Esto incluye una colaboración estrecha con el Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia, como parte integral de los esfuerzos del gobierno para proteger su territorio.
Este anuncio coincide con la implementación de una orden ejecutiva firmada por el expresidente Donald Trump, que impone aranceles a aquellos países que vendan petróleo a Cuba. Trump justificó esta medida alegando que la isla representa «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
Reacciones desde La Habana y Moscú
La respuesta desde La Habana fue contundente; Miguel Díaz-Canel calificó la orden ejecutiva como evidencia de «la naturaleza fascista, criminal y genocida» del gobierno estadounidense. Por su parte, Rusia manifestó su apoyo político y material hacia Cuba, afirmando su rechazo a cualquier presión económica o militar sobre la isla.
Rusia, a través de su Cancillería, subrayó la «inaceptabilidad» del bloqueo energético a Cuba, advirtiendo sobre las graves consecuencias económicas y humanitarias que podría acarrear dicha acción.
Aumento del despliegue militar
A partir de agosto pasado, EE.UU. ha desplegado su mayor contingente militar en el Caribe en tres décadas. Aunque inicialmente se presentó como una operación contra cárteles narcotraficantes, informes especializados indican que solo un pequeño volumen de drogas transita por esa zona comparado con las rutas del océano Pacífico.
Para dar credibilidad a esta misión, el Departamento de Guerra llevó a cabo bombardeos sobre pequeñas embarcaciones acusadas sin pruebas de ser «narcolanchas», lo cual resultó en cerca de 130 muertes y generó repudio entre varios gobiernos regionales. Estas acciones han suscitado denuncias sobre el uso del narcotráfico como pretexto para intervenciones militares en Venezuela, buscando apoderarse de sus vastos recursos naturales, especialmente petróleo.
El verdadero propósito quedó expuesto el 3 de enero cuando un grupo del contingente militar bombardeó Caracas y secuestró al presidente Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores.