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Alejandro A. Tagliavini

Los gobiernos del Reino Unido y Canadá convocaron para el 10 y 11 de julio en Londres a una Conferencia Mundial sobre Libertad de Prensa con la participación de funcionarios, periodistas, académicos y empresarios de lo todo el globo junto a los anfitriones, los cancilleres de ambos países y Amal, esposa de George Clooney, la abogada británico-libanesa especializada en la defensa de periodistas. Reuniones de este tipo son interesantes, pero hasta dónde está clara la idea de fondo.

Unos abogados elaboraron un escrito para presentar ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, con “pruebas que implican a la Unión Europea (UE) y a funcionarios… en la comisión de crímenes contra la humanidad” al dejar en manos de Libia la reducción del flujo migratorio. Se basa en declaraciones de los propios funcionarios de la UE, y en documentos internos que demuestran la responsabilidad criminal europea “como parte de una política premeditada para contener los flujos migratorios procedentes de África”.

Lo cierto es que la economía de Japón no está de parabienes, crece al 2,1% anual, en tanto que las exportaciones bajan y la deuda del Estado llega al astronómico equivalente del 245% del PBI. Preocupado, el primer ministro Shinzo Abe ha puesto énfasis en el tema de la tercera edad y el futuro del empleo como ejes de debate en la cumbre presidencial del G20, a realizarse a fines de junio en Osaka.

Apenas llegado al Reino Unido, Trump describió al líder laborista (y al alcalde de Londres) como "una fuerza negativa" y confirmó que le pidió una cita, pero no quiso recibirlo. Luego, ha proclamado: "el Brexit ocurrirá… Yo habría llevado a los tribunales a la UE" y prometió que, una vez ocurrido, establecerá un gran acuerdo bilateral.

Patético. Era la Grecia antigua y ya Aristóteles sabía que la violencia era, siempre y necesariamente, destructiva, de hecho, la definía como aquello que intenta -desviar- destruir el desarrollo del cosmos. Y así lo replicaron científicos de la talla de Tomás de Aquino, pero en pleno Siglo XXI todavía hay quienes no pueden superar la primitiva idea de que la violencia puede ayudar en la defensa o, peor, en el establecimiento de un “orden social”.

Los humanos no creemos en la libertad, decimos que sí… pero con límites que, por cierto, son los que a cada uno se le antoja y que justifica con argumentos “razonables” siendo el más utilizado el de que “la libertad no puede ser absoluta”. Discusión bizantina.

El Washington Post y The New York Times, entre otros, replicaron una columna de la agencia AP que asegura que "la incertidumbre económica" en Argentina, catapultada entre otras cosas por “una inflación anual de casi el 50%, una de las peores del mundo", provoca que los jóvenes, en busca de trabajo, al preguntárseles "si… estarían interesados en vivir en el extranjero, alrededor del 80%te dice que sí".

Del Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en la ciudad de Córdoba, Argentina, e inaugurado por el Rey Felipe VI, en particular de la charla sobre inteligencia artificial de José María Álvarez-Pallete, surge que los cambios culturales serán radicales en las próximas décadas. Y, quizás, las personas ya no se interesen por los presidentes de gobiernos, sino por cosas más importantes, para empezar, su propia vida.

En un reportaje, Francesco Rocca, presidente internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, recién llegado de Venezuela, decía que allí todos "necesitan ayuda humanitaria, los chavistas y los que siguen a Guaidó… en salud es donde hay mayor urgencia… se mueren por la falta de energía en los hospitales". Por ello están entregando plantas eléctricas.

Así como el chavismo cambió el nombre por el de República Bolivariana de Venezuela, el gobierno argentino debería cambiarlo por el de República Peronista de Argentina, visto que es el “peronismo” el sistema consolidado.

Si bien las recientes elecciones europeas asustan, el mundo mejora. La libertad global crece, aunque lentamente, y el desarrollo científico y tecnológico y, por tanto, la calidad de vida también, mientras que la pobreza cae y disminuyen la violencia, las guerras, el terrorismo y el delito común.

Luego de una tregua, hasta el 1 de marzo, acordada en la reunión del G20 de Buenos Aires, las dos primeras economías globales retoman el conflicto, con más virulencia.

“El tsunami de hartazgo de la ciudadanía europea —y occidental en general— no se desinfla… Brexit, Trump y Bolsonaro son productos de ese sentimiento… Macron también lo es” escribe Andrea Rizzi en El País de Madrid. Pero, al final, todos los “antisistema” terminan siendo políticos, y a Macron le tocaron sus “chalecos amarillos”.

Según Scotland Yard, la reciente detención de Assange se debe a un pedido de extradición del Gobierno de EE.UU. que lo acusa de un grave delito -con una pena de cinco años de prisión- contra la seguridad: la publicación, en el portal Wikileaks, de miles de documentos clasificados del Departamento de Defensa, con la ayuda de Chelsea Manning que trabajaba en el Pentágono.

La pomposa “II Conferencia de Alto Nivel sobre la Cooperación Sur-Sur (PABA + 40)” se realizó en Buenos Aires días atrás, con la participación del secretario general de la ONU y los representantes de 193 países, más de mil personas entre delegaciones gubernamentales y civiles. Mucho dinero de los contribuyentes para nada, solo para que los burócratas puedan pasársela bien.