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Alejandro A. Tagliavini

Vivimos tiempos de zozobra especialmente para el lugar donde nací, Madrid, que recuerdan al famoso chotis de Agustín Lara que da título a mi reflexión.

“Los humanos merecen lo que tienen: se llenan la boca hablando de la naturaleza (cambio climático, transgénicos, bla, bla, bla...) y luego la tapan con algo antinatural como un barbijo. Greta T estaba de moda, se apostaba a que cambiaría el mundo, meses después, no existe”, escribió un amigo en Twitter. Pues, aun si no tuviera razón y el barbijo fuera útil, destaco la incoherencia que impera. O es el barbijo o es la naturaleza, ambas cosas no pueden ser, no percibir esta incoherencia es claro índice de que no se está razonando sino en estado de pánico.

La violencia en las sociedades está recrudeciendo a niveles insospechados incluso en países que, hasta hace poco, eran pacíficos hasta el aburrimiento, como en Alemania en donde días atrás manifestantes rompieron el perímetro policial del edificio del Reichstag, y “tomaron” la Cámara de Diputados en Berlín.

El día que respetemos la ciencia de la lógica -y seamos coherentes-, las sociedades progresarán con una rapidez que hoy ni siquiera imaginamos. Claro que, precisamente, es un camino de madurez, de desarrollo.

En febrero escribí que el pánico es el arma más letal y eficaz de los autoritarios, porque nubla la mente y provoca reacciones primarias como la violencia que, ya lo decía Aristóteles y la ciencia lo ha establecido de manera incontestable, solo puede destruir aun en los casos de defensa urgente.

A pesar de las duras críticas, Suecia sigue sin confinamiento, fronteras abiertas, libertad de movimiento, niños asistiendo a la escuela, comercios, bares y restaurantes atendiendo clientes en tanto no permanezcan parados, solo recomendaciones, sin imposiciones prohibiendo únicamente reuniones de más de 50 personas.

El pánico es el arma más letal y eficaz de los autoritarios, porque nubla la mente y provoca reacciones primarias como apelar a la violencia. Y la violencia, ya lo ha establecido la ciencia, no puede sino destruir aun en los casos de defensa propia y urgente.

La “derecha conservadora”, por tipificarla de algún modo, está ralentizando el potencial de crecimiento de sus países y dando lugar a un caos que aprovechan grupos de izquierda, en general violentos. Es que no comprende que los problemas sociales se solucionan con más libertad, nunca con represión y menos argumentando incoherentemente que se reprime para “defender la libertad”.

Como escribió Roberto Cachanosky, en una columna titulada “El Estado presente hunde a la población en la pobreza”, la mayoría de las personas “…creyeron que los políticos tenían el monopolio de la solidaridad y que, con ellos cuidando a la población, todos tendrían… salud…, etc… iban a brindarle a la población la mejor condición de vida jamás vista…. Este perverso sistema del estado presente… ha transformado al estado en algo inmanejable…”.

Cansados han de estar mis lectores -y les agradezco tanta paciencia- de leer en innumerables columnas mías la descripción de cómo la violencia, en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia, sirve únicamente para destruir y alentar más agresividad.

Honestamente espero que esta sea mi última columna acerca del coronavirus porque no merece más atención, ni quiero seguir al periodismo terror que cuenta cadáveres como si se tratara de un macabro partido de fútbol. Me pregunto si seguirán contando hasta superar la marca del año 2017 de hasta 650.000 muertos en el mundo -32.000 en Argentina- por influenza, según la maoísta OMS.

La princesa Camilla di Borbone sugirió: “imagínate que has nacido en 1900”. A tus 14 años comenzó la Primera Guerra Mundial, que terminó cuando tenías 18 asesinando a 22 millones de personas, y ese año aparece la “gripe española”.

Recuerda Allan Stevo que corría el otoño de 1989, y el muro de Berlín había caído. La gente del bloque soviético llegaba a Occidente a través de Hungría. La situación se le escapaba de las manos a los comunistas del Pacto de Varsovia que habían mantenido en “cuarentena” a sus poblaciones. ¿Se extendería la libertad a Checoslovaquia?

Argentina era rica, su ingreso per cápita -en dólares de 1992- era de US$ 3.797 en 1913, encima de Francia (3.452) y Alemania (3.134). Hoy es pobre. Aunque empezó antes, la caída se profundizó con Perón. Ahora, nadie es más peronista que los “antiperonistas” que le atribuyen al líder el ser omnipotente, al punto que él solo causó esta debacle.

Noah Rothman escribió una columna titulada “La huelga climática tiene que ver con el adoctrinamiento, no con la ciencia”. Preocupa que se trate de un principio de “histeria colectiva”, también llamada “psicosis en grupo” y de lavado de cerebro: demandan que la "educación integral sobre el cambio climático", se dirija a niños de 5 a 14 años porque "la capacidad de impresión es alta durante esa etapa de desarrollo".