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Opinión

El congreso del PP del País Vasco ha vuelto a poner en primer plano la crisis de identidad que vive la derecha española.

Los políticos se divierten con la guerra, pelean unos contra otros y todos contra todos según sople el viento, gastan fortunas, y las masas los siguen como en el Coliseo romano cuando tiraban cristianos a las fieras.

El caso Villarejo y la implicación del BBVA ha puesto sobre la mesa, otra vez, la figura de la responsabilidad penal de las personas jurídicas.

Cuando tu voto vale lo mismo que el de una persona que no sabe siquiera quién es, que no tiene conciencia de sí misma, ni de lo que hace, entonces es que tu voto no vale nada.

Estamos asistiendo a un escenario muy abierto en el que el anuncio de nuevas elecciones generales no es descartable.

Por exigencia de la URSS, que vence a los Nazis y ocupa Berlín, su capital, los austríacos han erigido en Viena un gran monumento al soldado soviético, y ninguno al inglés o americano.

Este principio, ley, o conocimiento universal incontrovertible, ha de quedar claro aquí y ahora para que entendamos algo más de la dinámica de los conflictos. La vida en la que existimos, de la que formamos parte interactiva, y que hoy pretendemos entender para convertir esas apreciaciones en conceptos explicables, funciona, además de con otros axiomas, con el siguiente: “Para que haya vida, movimiento, confrontación, modificación, evolución… ha de darse el supuesto que no haya solo Hidrógeno, u Oxígeno, o cualquier otro compuesto o elemento. Son las relaciones entre distintos elementos, fuerzas, posiciones o voluntades lo que crea todo el juego de lo que llamamos… Vida”.

Ahora vamos a estudiar las leyes que rigen la dinámica del conflicto. La primera de ellas enumerada como Ley de la Dinamicidad –que además esa dinámica siempre es hacia la expansión-, la RAE define esta palabra como, “cualidad de lo dinámico”.

Hemos de seguir con la RAE, respecto a Libertad nos dice: “Facultad natural que tiene el ser humano de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por la que es responsable de sus actos”. El principio de libertad de las partes subraya que cada parte en su evaluación y toma de decisiones, dentro de la competencia del conflicto, siempre es libre. Puede adoptar esa, o puede no adoptar ninguna. La emoción es suya.

Cuenta Gemma Parellada, en un artículo titulado “La violencia xenófoba enfrenta a los gigantes de África”, publicado en El País de Madrid, que las calles del centro de Johannesburgo -la ciudad más poblada de Sudáfrica- amanecieron días atrás con comercios saqueados, tiendas quemadas y otras dos víctimas mortales. Los ataques xenófobos han causado en una semana al menos doce muertos ocho de los cuales, irónicamente, eran sudafricanos y solo dos extranjeros y otros dos de nacionalidad desconocida.

Siguiendo con la misma línea anterior, debemos decir que la RAE define conducir: “Manejarse, portarse, comportarse, proceder de una u otra manera, bien o mal”. Por su parte nos dice que dolor: “Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por acción interior o exterior”. De ahí surge la pregunta, ¿Qué fue lo que guio a la primera reacción química, y más aún, a la primera célula para que adoptara una línea de reacción u otra, y se condujese, evolucionando hasta la creación de lo que hoy somos? Solo una respuesta… El Dolor recibido. Este, o fue soportado, o le obligó a cambiar de dirección.

Por exigencia de la URSS, que vence a los Nazis y ocupa Berlín, su capital, los austríacos han erigido en Viena un gran monumento al soldado soviético, y ninguno al inglés o americano.

Este será uno de mis artículos más cortos, como refleja la expresión: “lo corto y bueno doblemente bueno”.

La segunda ley que define y nos enseña a estudiar la dinámica de todo conflicto es la ley de la Confrontación y Competencia Constante. Siguiendo con las definiciones de la RAE, nos dice que Confrontación es: “Acción y efecto de confrontar”. Por lo tanto no nos ilumina mucho acerca de esta situación. Pero, sin embargo, sí lo hace al definir “Competencia”: “Disposición o rivalidad entre dos o más personas que aspiran a obtener la misma cosa”.

En estos días hemos asistido a algunas noticias sobre asuntos relacionados con la judicatura que nos pueden hacer pensar si no ha llegado el momento de replantearse algunas transferencias autonómicas.