Las amenazas se sucedieron con rapidez y tuvieron como objetivo a distintas aerolíneas y aeropuertos. En casi todos los casos, con el aeropuerto londinense de Heathrow como notable excepción, se consideraron lo bastante creíbles como para desviar los aviones afectados. En Italia incluso se movilizaron cazas para escoltarlos.
Todas resultaron ser falsas, aunque eso no significa que las próximas también lo sean.
Sospechas sobre Rusia
La naturaleza simultánea y coordinada de estas falsas amenazas, junto con otras acciones maliciosas en Europa, ha llevado a algunas personas a señalar a Rusia. A principios de este año se produjeron una serie de ciberataques y avistamientos de drones inexplicados sobre instalaciones sensibles. En los últimos días se ha informado de la piratería remota de congeladores de supermercados y de un banco de sangre, además de un incidente sospechoso en la frontera de Polonia con Rusia. En agosto, un ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig-Halle, en Alemania, fue atribuido públicamente a Moscú por el ministro del Interior del país.
¿Está Rusia detrás de estas amenazas?
Una atribución basada en indicios circunstanciales
Algunas voces sostienen, basándose únicamente en indicios circunstanciales, que se trata de otro ejemplo de guerra hybrid, grey zone o sub-threshold: acciones que dañan las infraestructuras o la sociedad de un país, pero que suelen ser anónimas y negables, y no llegan a activar el artículo 5 de la OTAN ni, por tanto, una respuesta de Occidente.
Moscú está muy molesta con la OTAN por su apoyo a Ucrania, que frustra los planes del Kremlin de absorber el país y poner fin, en la práctica, a su independencia.
Blogueros rusos también han planteado que, si los drones ucranianos están haciendo inseguros los aeropuertos rusos y las sanciones occidentales impiden a las aerolíneas rusas utilizar el espacio aéreo europeo, por qué los países occidentales no deberían sufrir lo mismo.