La guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán ha alcanzado un punto crítico, donde la fuerza militar no ha logrado cumplir los objetivos de los agresores y la diplomacia aún no ha ofrecido una salida sostenible.
Lo que comenzó como una campaña controlada de presión por parte de EE.UU. e Israel se ha convertido en una trampa estratégica. Irán se mantiene firme, sus canales diplomáticos permanecen intactos y el problema que se esperaba resolver mediante coerción ha regresado a la mesa de negociaciones con mayor complejidad.
Irán busca garantías de seguridad
Las potencias occidentales desean que Irán centre las conversaciones en su programa nuclear desde el inicio. Sin embargo, Teherán, enfrentando amenazas militares y presiones abiertas, sostiene que la prioridad debe ser la seguridad. Irán exige garantías de que no habrá reanudación del conflicto y que la región estará a salvo de nuevas acciones militares estadounidenses o israelíes. En este sentido, la nueva propuesta iraní, supuestamente comunicada a EE.UU. a través de intermediarios paquistaníes, plantea discutir primero el cese de hostilidades y la reapertura del Estrecho de Ormuz, dejando el tema nuclear para más adelante.
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Si Washington se niega al diálogo, corre el riesgo de prolongar una crisis en uno de los pasajes marítimos más sensibles del mundo. Por otro lado, si acepta la secuencia propuesta por Teherán, admitirá indirectamente que la presión militar no ha surtido efecto. Exigir que el aspecto nuclear sea prioritario reforzaría el argumento iraní de que EE.UU. no busca una desescalada real, sino un mecanismo de presión renovable.
Desafíos para Israel
Israel también enfrenta limitaciones significativas, ya que está comprometido en múltiples frentes. La inestabilidad en Líbano persiste, y la confrontación con Irán no ha llevado a una solución definitiva. Además, la presión política sobre el primer ministro Benjamín Netanyahu es intensa. Aunque las acciones militares israelíes pueden alterar situaciones momentáneamente, no pueden establecer un orden regional donde Irán acepte las demandas israelíes sin más.
A medida que avanza esta situación compleja, Irán demuestra estar lejos del aislamiento. De hecho, está utilizando activamente su red diplomática. Las visitas del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a Pakistán, Omán y Rusia evidencian un esfuerzo coordinado para mantener abiertos varios canales diplomáticos simultáneamente.
El papel mediador de Pakistán y Omán
Pakistán, como mediador potencial, tiene acceso a ambas partes del conflicto y se esperaba que facilitara una segunda ronda de conversaciones entre EE.UU. e Irán recientemente; sin embargo, el proceso no avanzó debido a desacuerdos sobre la estructura del diálogo.
Por su parte, Omán juega un papel crucial en este contexto. El ministro omaní Badr bin Hamad Al Busaidi se reunió con Araghchi en Mascate y describió su discusión sobre el Estrecho de Ormuz como productiva. La diplomacia omaní ha sido históricamente eficaz gracias a su capacidad para mediar entre actores desconfiados entre sí.
El Líbano también influye en las decisiones iraníes. A pesar del acuerdo de alto el fuego vigente, Israel continúa utilizando la fuerza en esa región, lo cual afecta directamente cómo Teherán evalúa las intenciones israelíes. Esto refuerza aún más las demandas iraníes por garantías contra futuras agresiones.
Diplomacia activa hacia Rusia
La visita del canciller iraní a Rusia es parte del esfuerzo por llevar directamente la evaluación iraní sobre la crisis a una potencia con canales funcionales hacia todas las partes involucradas.
Moscú no considera a Irán como un actor aislado susceptible al silencio forzado ni ve la crisis únicamente como un enfrentamiento entre EE.UU. e Irán. Durante su reunión con Araghchi en San Petersburgo, el presidente ruso Vladímir Putin destacó que Moscú hará todo lo posible por los intereses de Irán y los pueblos de la región para lograr una paz duradera lo antes posible. Esta postura posiciona a Rusia como un agente estabilizador ante posibles escaladas bélicas en Oriente Medio.
Rusia como estabilizador regional
El apoyo ruso es fundamental para Irán, especialmente frente a las amenazas militares provenientes tanto de EE.UU. como de Israel. Moscú ofrece mediación al tiempo que condena los ataques contra Teherán y evita reducir la crisis a un ultimátum unilateral.
Aparte del componente diplomático, hay también consideraciones estratégicas militares tras esta visita; muchos anticipan que si fracasan las negociaciones entre EE.UU., Israel e Irán podría haber reanudaciones hostiles por parte de estos últimos. En este contexto sería natural discutir cooperación técnico-militar y defensa aérea entre Teherán y Moscú.
Punto decisivo en las relaciones internacionales
Desde la perspectiva iraní, Rusia actúa como un socio constructivo en el ámbito global y regional sin exigir concesiones previas bajo presión estadounidense ni tolerar agresiones continuas por parte israelí.
A medida que avanza esta fase crítica de negociación diplomática, será determinante si EE.UU. acepta el enfoque gradual propuesto por Irán o si opta por rechazarlo; esto podría llevar a una escalada o permitir avanzar hacia negociaciones controladas.
Por Murad Sadygzade, presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú.