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Israel Rabinowicz

Mientras por un lado digería lo peor de la política ante el cierre de las presentaciones de las listas que intervendrán en las próximas elecciones generales, siempre lo bajo y deprimente tiene escalones aún más bajos, para ello no existen los límites, Netanyahu demostró que en ambos extremos es un experto, de lo mejor a lo peor, por el otro fueron 3 días en que a nivel personal me llenaba de satisfacción y mi ego, a mis casi 79 años es muy especial, rebozaba de alegría.

A mis casi 79 años las rutinas diarias son fáciles de imaginar, las nocturnas mucho más. Cuando mi esposa finaliza con sus series televisivas, con algunas la acompaño siempre y cuando no las estiren con argumentos al estilo Nené Cascallar o Migré, juntos compartimos los partidos de futbol y baloncesto de Barcelona, Real Madrid, equipos ingleses, al criar 3 hijos varones se convirtió en una verdadera experta, yo siempre la llamo, para aquellos memoriosos, la Lujambio israelí.

Uno de los premios mayores de la lotería de España hizo que mi memoria retrocediera un poco más de 60 años llevándome a la ciudad de Córdoba, Argentina.

Hace tiempo que había decidido, salvo circunstancias especiales, dejar de concurrir a la reuniones y celebraciones diplomáticas, pero la despedida, un reemplazo natural y ordenado, del Comandante de la Fuerzas Armadas, Teniente General Gadi Eizenkot luego de 4 años en funciones era una circunstancia que doblegaba cualquier pasividad mía, ni el frío y el fuerte viento que aportaba arena del desierto lograron que me quedara en casa, estaba claro que todos estarían, nadie faltaría.

Cuando hace unos días Benjamín Netanyahu realizó un viaje relámpago a Bruselas para entrevistarse con el Secretario de Estado de los Estados Unidos Mike Pompeo estaba claro que por delante un tema que hacía a la seguridad de Israel.

Regresaba en el avión desde Barcelona a donde había viajado aceptando una especial invitación para presenciar el clásico, un espectáculo único, inolvidable, rodeado de palcos en donde estaba todo el poder del fútbol y también del otro, en el entretiempo un servicio de buffet y bebidas de lo mejor.

Hace algunas semanas tomé conocimiento de la designación del empresario Andrés Orchansky como nuevo Cónsul Honorario de Israel en las provincias de Córdoba, Santa Fe y Tucumán en Argentina.

En los últimos días he contactado varias veces con funcionarios de rangos diferentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, un tema sobre el que escribiré hace que deba profundizar mis consultas, la burocracia israelí no se caracteriza por trabajar demasiado, en éstos días aún menos, todos en pleno brindis por la proximidad de Año Nuevo, a mi consulta la derivaban de uno a otro.

La semana comenzó con un llamado telefónico imprevisto, muy tempranero, más aún cuando por el tiempo transcurrido ya casi del tema me había olvidado.

Sentarse frente al teclado luego de regresar y disfrutar del cumpleaños de uno de mis nietos es hacerlo con una sensación y un estado de ánimo muy especial, por ello a mis lectores ésta vez solicitaré una participación adicional, completar la titulación de éste comentario, incluir dentro del encomillado la palabra que mejor consideren según interpretación o país, es sabido que las mismas palabras tienen muchas veces lecturas diferentes.

No tenía previsto escribir, los festejos con champagne y whisky dejan poco tiempo para las lecturas, los millones de saludos que por mail se reciben convierten a todos en uno más entre muchos a los que generalmente nadie lee o presta atención, por ello seré corto, intentar que lo corto y bueno sea doblemente bueno.

Las televisiones del mundo mostraban un hecho inédito, un delegado del Gobierno de Qatar, con quien no se mantienen relaciones diplomáticas, aterrizaba en un avión privado en el aeropuerto Ben Gurión de Israel con maletas que contenían US$ 15 millones de dólares en efectivo, escoltado cruzó a Gaza.

Nos conocemos hace un poco más de 5 años, la diferencia de edad y de posiciones no fue impedimento para mantener una fluida relación, la palabra Argentina una de las más repetidas.

Una guerra que no concluye con un acuerdo de paz aceptado por ambas partes, es una guerra inconclusa. Al cabo de un tiempo resurgirá en lo que la gente la definirá con otro nombre, distinto al anterior.

Transcurría la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín y una de sus tantas crisis económicas, fue cuando el que estas líneas escribe desde Israel por pocos días viajó a Buenos Aires, allí me encontré con un amigo con cuya familia me/nos unía una mutua relación de amistad y respeto, luego dicha persona casi llegó a lo más alto de la política argentina.