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Yo también quiero opinar
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Yo también quiero opinar

sábado 23 de junio de 2018, 13:58h
Decía Antón Chéjov, médico, escritor y dramaturgo ruso del siglo XIX, autor de deliciosos cuentos, “Si quieres ser universal, habla de tu pueblo, habla de tu aldea”, y esta idea me inspira especialmente y este quiero que sea el título de esta serie de artículos, puesto que pretendo desde mi rincón hacer un análisis de muchas contradicciones y situaciones arbitrarias de nuestro país.

Me quiero alejar de profundos análisis macroeconómicos o de sesudas estrategias políticas, muy lejos de los intereses cotidianos de los ciudadanos y denunciar pequeñas cosas cotidianas, que nos complican innecesariamente nuestra vida, que nos obligan a perder innecesariamente nuestro tiempo y tener que pagar tasas por servicios duplicados.

Continuamente nos repiten machaconamente que vivimos en una democracia, y votar se considera como el sumun y la confirmación de nuestro Estado Democrático. Personalmente considero que vivir en un Estado de Derecho es algunas veces mucho más importante que el voto y, por ende, una mayor manifestación de vivir en democracia.

Evidentemente el voto puede ser la expresión y la apariencia de una democracia, pero tenemos grandes referéndums promovidos por dictadores y regímenes autoritarios. Por ello quiero que, en mi pueblo, en mi aldea, cada vez existan más mecanismos por los que las decisiones políticas estén encaminadas a mejorar la vida cotidiana de los ciudadanos, a simplificar su relación con las administraciones públicas y a reducir los costes y el tiempo de cualquier gestión ante un organismo.

Muchas veces topamos con un “muro” burocrático que, bajo la apariencia del cumplimiento de la ley, se esconde un endiablado mecanismo para hacer que cosas sencillas se conviertan en rebuscadas, lentas, caras; todo ello sin contar con la pérdida de nuestro tiempo y ese “paseíllo” por las distintas dependencias administrativas.

Lo cierto es que hemos creado una estructura administrativa lenta, a pesar de los medios informáticos y de tecnologías de la información con los que actualmente se cuenta, que resulta muy onerosa, en la que duplicidades, limitaciones geográficas por la estructura autonómica que obligan a las empresas a una merma de su productividad.

Considero que hay que abandonar muchos de los conceptos leguleyos, administrativos y burocráticos que presiden actualmente nuestros organismos, nuestras dependencias administrativas y entrar definitivamente en el siglo XXI a todos los niveles.

No me conformo con la categoría de CIUDADANO para los poderes públicos.

  • Quiero que empiecen a tratarme como CLIENTE. Mientras no se produzca esa transformación no tendremos un país moderno, mientras no se produzca ese cambio no estaremos ante un cambio profundo de conceptos y actitudes, mientras no se actúe con esas premisas no estaremos en un verdadero estado de derecho.
  • Quiero que no se atente a mi inteligencia, en declaraciones y discursos de políticos y dirigentes. Reconozco que no soy el más listo de mi generación, y sé que es más lo que desconozco que lo que sé, pero continuamente pienso que me están tomando el pelo. Necesitamos que se incorpore el ESPÍRITU DE LA VERACIDAD nuestras instituciones.

De todo esto, y de algunas cosas más es de lo que pretendo compartir con los lectores de esta modesta columna.

Vamos a divertirnos.

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