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11 de Septiembre; una fecha especial
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11 de Septiembre; una fecha especial

viernes 11 de septiembre de 2020, 17:57h

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El 11 de Septiembre es una fecha que figura por diferentes motivos en el calendario, en algunos casos a sangre y fuego. Es como si ese día se hubieran conjuntado todos los planetas con efectos devastadores.

Ese día se cumplen 47 años del trágico golpe de estado en Chile y la posterior muerte de su Presidente Salvador Allende. Después sangre, sudor y lágrimas. Años de represión, tortura y muerte que afortunadamente ahora son sólo una pesadilla para recordar y evitar.

También se cumplen 19 años de otro acontecimiento trágico, el atentado de las Torres Gemelas y el Pentágono en los EE.UU. Más dolor, sufrimiento y miedo que cambiaron ese país y también el mundo. Sus consecuencias aún las estamos pagando todas y todos.

En nuestro país tiene que ver con Catalunya. Hasta 2010 era una fecha que pasaba relativamente inadvertida para el resto. Sólo alguna referencia informativa a las manifestaciones, que especialmente en Barcelona, se realizaban para conmemorar ese otro 11 de Septiembre de 1714, fecha en la que después de años de enfrentamiento, los Borbones vencían a los Austrias y dado que el Principado de Catalunya había apoyado a estos últimos, los vencedores entraron en la ciudad a sangre y fuego.

Esa conmemoración fue bautizada como la Diada y desde entonces era un día para reivindicar el catalanismo de manera tranquila. Así fue hasta que en el 2010 adquirió un relieve de importancia y a día de hoy se puede decir que ya afecta a toda España.

Fue precisamente antes de la Diada 2010, concretamente el 28 de Junio, cuando se produce la quiebra como consecuencia de la sentencia del Tribunal Constitucional, que se pronunciaba a instancias del recurso del PP contra el Estatut de Catalunya.

Quienes participamos activamente en las Diadas 2009 y 2010 pudimos detectar con claridad, que algo muy profundo se había quebrado en la sociedad catalana con esa sentencia. En la primera sólo se vieron senyeras y ni un solo grito a favor de la independencia, por las calles de Barcelona circulamos sin ninguna tensión gentes de ERC, CiU o PSC, nacionalistas y quienes no lo éramos, pero en cambio al siguiente año las esteladas sustituían a la bandera oficial de Catalunya y el alboroto alterador al silencio respetuoso.

Probablemente el cambio se produjo porque independentistas y muchos que no lo eran se sintieron agraviados, atacados en su dignidad, al desactivar un Estatut que había contado con una amplia mayoría en el Parlament y en el referéndum posterior. Ese hecho debió hacernos reflexionar a todos.

Qué paradoja que 10 años después se siga hablando de referéndum pero ahora de autodeterminación. En apenas unos años hemos pasado de tener a la mayoría de catalanes encantados con su estatuto de autonomía, a cabreados ahora reclamando su independencia. En torno al 47%.

¿No habría sido mejor para ambas, Catalunya y España, que les hubiéramos dejado en paz, permitiendo su andadura pacifica y no traumática por ese Estatut con el que la mayoría se conformaba entonces? Probablemente nos habría ido mejor a ambas.

La torpeza política de unos y otros, la falta de generosidad, el filibusterismo electoral, llevó a algunos a provocar ese estallido que ahora nos conmociona y afecta a todos, nos sintamos o no españoles.

En esa dicotomía entre si vemos la botella medio llena o medio vacía debería inclinarnos, al menos este 2020, a hacerlo por la primera. ¿Estamos ambas, España y Catalunya, mejor ahora que en el 2017? ¿Estamos condenados a entendernos?

Parece evidente que sí, porque en el Gobierno de Madrid están gentes dialogantes y no frentistas, mientras que enfrente el sector independentista se quiebra y existen indicios de que los dialogantes superan a los radicales.

Por un lado ERC y sectores influyentes del PDeCat han escogido la vía sensata y pragmática, por el otro Puigdemont, Torra y la CUP, otra de confrontación y choque. Incluso en los últimos tiempos se detectan signos de diferencias profundas entre Òmnium, CDR y ANC como reflejo de lo anterior.

Estas circunstancias nos permiten ser relativamente optimistas y apostar y animar, en primer lugar a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y su Gobierno, para que se abran vías de comunicación, puentes por los que encontrarnos al menos los más sensatos de ambas orillas de este río de aguas turbulentas.

Puentes por los que poder buscar puntos de encuentro como por ejemplo pactar unos importantes PGE en tiempos de pandemia. La sociedad española, la catalana, necesita que en ellos se recojan medidas que puedan hacer menos grave la crisis en la que estamos inmersos.

Tiene razón Rufián cuando asegura que el gobierno debe buscar sus apoyos por la izquierda, pero para eso él y su partido, ERC, deberían salir de la trinchera de confrontación, arremangarse y ayudar a sacar el país (ponga aquí cada cual lo que desee) del pozo. Para eso su ejercicio de responsabilidad sería negociar y aprobar estos Presupuestos.

Es necesario buscar puntos de encuentro y acuerdo, aunque quizás el primero de ellos sería favorecer la salida de los políticos presos a la calle. Junqueras puede y debe jugar un papel esencial en la resolución de este peligroso conflicto.

Vistas así las cosas este 11 de Septiembre parece que tiene una carga menor de tensión que el anterior. Ojalá acertemos en el diagnostico y la previsión. Catalunya y España pasan un primer test ese día. Es un primer paso que el Gobern haya anunciado que no estará presente, lo que puede rebajar el nivel de tensión. Después vendrán otros como el aniversario del 1 de Octubre.

Ojalá que el próximo invierno podamos decir que lo peor ya ha pasado y el paciente, o quizás sería mejor decir los pacientes, mejoran de manera satisfactoria. De ahí a la cura definitiva quedará aún un largo trayecto, pero sería bueno comenzarlo con buen pié.

Veremos…

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