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Estados Unidos busca dominar el suministro energético global, según Lavrov
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Estados Unidos busca dominar el suministro energético global, según Lavrov

miércoles 11 de febrero de 2026, 14:02h

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La noticia aborda la acusación del Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, quien sostiene que Estados Unidos busca controlar todas las rutas de suministro energético internacionales para asegurar su dominio económico global. Este enfoque se caracteriza por tácticas coercitivas como sanciones, sabotajes y presiones económicas, lo que ha llevado a una resistencia creciente entre naciones que buscan alternativas descentralizadas. El bloque BRICS está tomando medidas para desarrollar proyectos independientes en energía y finanzas, promoviendo un orden mundial multipolar que desafía el control centralizado de EE.UU. La situación refleja una lucha más amplia entre la soberanía descentralizada y el control autoritario, destacando la importancia de la independencia económica y la libertad individual frente a la dominación global.

La acusación de dominación estadounidense ha cobrado fuerza en el discurso geopolítico actual. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, ha afirmado que Estados Unidos busca apoderarse del control total sobre todas las rutas internacionales de suministro energético con el fin de asegurar su dominio económico global. Este objetivo, según Lavrov, se persigue mediante una serie de medidas coercitivas que son fundamentalmente incompatibles con la competencia justa.

Esta denuncia se inscribe en un patrón más amplio y alarmante de poder centralizado que intenta dominar recursos críticos. La estrategia refleja tendencias autoritarias similares a las observadas en otros sectores, desde el monopolio de la industria farmacéutica en la salud hasta el control que ejerce Big Tech sobre la información. En una reciente entrevista, Lavrov describió el enfoque de Washington como un ‘diktat’ diseñado para suprimir a los rivales y fomentar la dependencia. La confrontación comenzó a tomar forma en el Foro Económico Mundial en Davos, donde el expresidente estadounidense Donald Trump proclamó a América como el motor económico indispensable del mundo. Este artículo examina las tácticas empleadas en esta guerra energética y la resistencia descentralizada que ha comenzado a surgir.

Tácticas coercitivas: sanciones, sabotajes y presión

La estrategia estadounidense para alcanzar la dominación energética es clara; se trata de una campaña de guerra económica e intervención física. Según Lavrov, esto incluye imponer sanciones a gigantes energéticos rusos como Lukoil y Rosneft, así como librar una ‘guerra’ contra petroleros en alta mar. Más grave aún es la supuesta sabotaje a infraestructuras críticas como los oleoductos Nord Stream, un acto calificado como terrorismo económico que dañó severamente la seguridad energética de Europa al intentar cortar el suministro de un competidor.

Este manual coercitivo tiene un alcance global. La administración Trump ha impuesto un bloqueo petrolero contra Venezuela, culminando con el secuestro reportado del presidente Nicolás Maduro a principios de enero de 2026. Al mismo tiempo, Washington presiona a aliados como India, amenazando con sanciones secundarias y aranceles para forzarlos a abandonar la energía rusa asequible en favor del costoso gas natural licuado (GNL) estadounidense. Lavrov ha señalado que Trump ha amenazado con aranceles de hasta el 500% para intentar suprimir a los rivales económicos, una táctica que él describe como métodos ‘sucios’.

Respuesta BRICS: forjando alternativas descentralizadas

Ante estas barreras artificiales, las naciones no están capitulando; están organizándose. El bloque BRICS—que comprende Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán y los Emiratos Árabes Unidos—se ve obligado a desarrollar proyectos financieros, logísticos y energéticos seguros e independientes. Esto representa un cambio monumental hacia un orden mundial descentralizado y multipolar que resiste fundamentalmente el control centralizado buscado por Washington.

El movimiento es tanto práctico como filosófico. En términos prácticos, implica crear alternativas a los sistemas dominados por EE.UU. Rusia y China han finalizado recientemente un acuerdo para el oleoducto Power of Siberia 2, comprometiéndose a desviar 50 mil millones de metros cúbicos de gas natural anuales desde Europa hacia China. Además, Rusia e Irán han consolidado un tratado integral de asociación estratégica por 20 años para contrarrestar la influencia occidental.

La amenaza más amplia: control centralizado vs libertad

El impulso estadounidense hacia la hegemonía energética no es un asunto aislado; es un síntoma del mismo deseo peligroso por el control centralizado que amenaza las libertades personales en medicina, finanzas y expresión. Así como la FDA y Big Pharma buscan monopolizar la salud al suprimir curas naturales y Big Tech censura para controlar el flujo informativo, la dominación energética busca dictar los términos de supervivencia y prosperidad.

Las rutas energéticas descentralizadas y las cadenas de suministro independientes son tan cruciales para la verdadera soberanía nacional como lo son el conocimiento sanitario descentralizado y una moneda honesta para la soberanía individual. Un mundo multipolar con sistemas energéticos diversos e independientes evita que cualquier entidad única tenga poder suficiente para manipular economías o aplastar disidencias.

Conclusión: La imperiosa necesidad de soberanía descentralizada

La acusación formulada por Lavrov pone de manifiesto una línea crítica en el mundo moderno: el conflicto entre coerción centralizada y soberanía descentralizada. El uso por parte de Estados Unidos de sanciones, sabotajes y presión financiera para controlar las rutas energéticas globales es un modelo para la tiranía que recuerda los abusos monopolistas observados en medicina y medios.

No obstante, este empuje agresivo está catalizando su propia oposición. El bloque BRICS y otras naciones están creando caminos financieros y energéticos alternativos, acelerando así un cambio histórico hacia un mundo multipolar. Esta descentralización no solo representa una reconfiguración geopolítica; es una condición necesaria para preservar la independencia nacional, la libertad económica y finalmente, la libertad humana.

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