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El estado del estado (XXII): Ilusiones
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El estado del estado (XXII): Ilusiones

martes 14 de julio de 2020, 18:54h

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Después de resaltar en varias ocasiones las enormes diferencias que separan a su cultura y la nuestra -la suya bastante más desarrollada- en este caso le parece adecuado al elaborador de los informes sobre nuestra Especie resaltar una idea que, sea cual sea el grado de desarrollo de una civilización, está siempre presente en nuestro ánimo, hablamos de, las Ilusiones.

A Yony le encanta observar nuestro estado de pensamiento y conocimientos y comprobar que, igual que entre sus correligionarios, en nuestras mentes siempre están presentes las ilusiones a futuro, que, además, cada persona, sea de la cultura que sea, las acomoda a su manera. Se crea su propio esquema de elucubraciones deseando que se cumplan y se imagina que el suyo, o el futuro general, será de esta o de aquella manera, que, casi siempre, coincide de forma consciente o inconsciente con sus intereses. Sí, definitivamente, la vida será como a él o ella le conviene. ¡Qué ilusos somos todos!

En esta ocasión comprueba como de cara a las ya anunciadas próximas elecciones, las personas en general, el que se denomina “Pueblo Llano”, se crea una serie de sueños que le llevan a seguir, y por ello votar, a estos políticos o a los otros. A los que, además, no conocen absolutamente de nada, solo por los discursos que realizan en público, que, por supuesto, ahí llega casi todo el mundo, sabe que esos discursos los elaboran expertos para que sean eso, escuchados y seguidos, pero que el político de turno no cree en ellos en absoluto.

Y así observa que los de derechas se imaginan que habrá más seguridad, estabilidad y orden, y crecimiento a su favor de la actividad económica, por el contrario los de izquierdas se ilusionan con revoluciones no cumplidas, y que se van a conseguir, que les lleven no saben a dónde, pero cuyo resultado final sea que ellos puedan vivir mejor, y ambos creen que este personaje o aquel partido que promete esto y lo otro se lo concederá. Tampoco vislumbran ni unos ni los otros como se alcanzará esa consecución pero como los políticos son más listos que el votante, ellos sabrán mejor como llevarlo a la práctica.

Es cierto que no solo es bueno, sino que es imprescindible que existan ilusiones. Ellas son nuestro motor, el de todos estemos en la posición que estemos y con la formación que tengamos, sin ellas no lucharíamos por ese futuro deseado. Pero también es imprescindible que vayan acompañadas de la cabeza. En esta deben estar acumuladas nuestras experiencias, nuestra formación teórica y práctica, y en ella han de residir, para ser aplicados, nuestros razonamientos basados en todo tipo de conocimientos. Si aplicamos la Razón puede que comprobemos ya “a priori” si nuestras ilusiones pueden o no ser adecuadas, y desde luego, si pueden cumplirse o no de una forma medianamente probable.

O quizá como decía el maestro Calderón las ilusiones sean como los sueños, en los que “Todos sueñan lo que son aunque ninguno lo entiende”. Es posible que la mayoría prefiera vivir en ilusiones no realizables, que solo sean… Magia.

Porque claro está estas pueden ser de tipo individual o colectivo, se puede soñar con pensiones dobladas, o con salarios mucho mejores. También con casas soleadas para todos, donde nadie viva orientado al norte o en habitaciones sin grandes ventanales. También en que desde ahora los hombres querrán mucho más a las mujeres y estas, según los deseos de ellos, serán más solícitas y ya se expenderá de forma gratuita la “Biagra” femenina.

Las calles estarán relucientes de limpias, sin basura acumulada en los contenedores, pero lo harán “Robots” muy baratos, porque nadie tendrá que realizar el trabajo denigrante y mal pagado de, “Barrendero”.

O puede simplemente comprobarse que todos queremos huir de la realidad que nos atenaza, que además siempre se nos presenta hostil, muy hostil. Queremos ilusionarnos que todo será mejor y que esos sueños que nos rondan, o que en el mejor de los casos ya tenemos definidos y nos parecen al alcance se nuestras manos, se nos cumplirán.

En fin, debemos tener esas ilusiones, sin ellas deberíamos cerrar el chiringuito de nuestro futuro. Sin su influencia no tendríamos Esperanza en tiempos mejores.

Pero si no aplicamos la cabeza… Eso, ¡Qué ilusos somos todos!

Sobre el autor

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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