El Instituto Nacional del Cáncer (NCI), una de las entidades que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), ha comenzado a investigar el ivermectina por sus posibles propiedades anticancerígenas, centrándose en su capacidad para eliminar células tumorales en modelos preclínicos. A pesar de que estudios de laboratorio sugieren que este fármaco puede inhibir el crecimiento y promover la muerte celular cancerosa, no existe evidencia que respalde su seguridad o efectividad en tratamientos contra el cáncer en humanos. En este contexto, los NIH han decidido profundizar en la investigación sobre la seguridad y eficacia del ivermectina en células cancerosas.
Puntos clave:
- El ivermectina y el fenbendazol, dos medicamentos antiparasitarios de bajo costo, muestran un potencial anticancerígeno significativo según estudios de laboratorio y testimonios de pacientes.
- El NCI está llevando a cabo investigaciones intramuros sobre las propiedades anticancerígenas del ivermectina, lo que confirma el interés científico en este tema.
- Un descubrimiento accidental en 2017 permitió a un paciente con cáncer terminal curarse utilizando fenbendazol, lo que inspiró la creación de un grupo de apoyo con más de 110,000 miembros.
- Merck, la farmacéutica que originalmente poseía la patente del ivermectina, ahora colabora con Moderna en una costosa vacuna contra el cáncer basada en ARNm, lo que genera un conflicto de intereses.
- Médicos que prescriben ivermectina enfrentan severas repercusiones profesionales, incluyendo la pérdida de certificaciones y multas significativas.
- Un ensayo clínico programado para 2026 que combina ivermectina con inmunoterapia para el cáncer de mama no mostró beneficios significativos, subrayando la necesidad de más investigación sobre protocolos combinados o individuales.
- Investigaciones de laboratorio demuestran que el ivermectina puede inhibir el crecimiento celular del cáncer colorrectal al promover estrés oxidativo y apoptosis.
Un movimiento grassroots surgido de la desesperación
La historia comienza no en un laboratorio corporativo, sino con un paciente diagnosticado con cáncer pulmonar microcítico en etapa cuatro al que se le dio una sentencia de muerte. "Un amigo le sugirió probar fenbendazol, un antiparasitario originalmente utilizado para perros", explica el Dr. Macis. Este hombre logró curar su cáncer terminal combinando el medicamento con suplementos. Este triunfo anecdótico dio origen al Grupo de Apoyo Fenbendazol Cancer, una vasta comunidad liderada por pacientes que comparten datos y esperanza. Sus experiencias llevaron a investigadores de la Universidad de Stanford a publicar una serie de casos sobre tres pacientes en etapa cuatro que encontraron éxito con fenbendazol tras agotar todas las opciones disponibles. Sin embargo, el medicamento permanece en una zona gris legal para su uso humano, empujando a los pacientes hacia una versión casi idéntica aprobada por la FDA pero prohibitivamente costosa llamada mebendazol. Este escenario ilustra perfectamente el problema del acceso: existe un potencial salvador en una pastilla de $1, pero el sistema dirige a los pacientes hacia alternativas más lucrativas.
La situación se complica aún más con el ivermectina. Investigadores mexicanos que lo probaron contra 28 tipos diferentes de cáncer encontraron respuesta positiva en todos ellos. "Los más receptivos fueron los cánceres ovárico y mamario, seguidos por los cánceres prostático, colorrectal, pancreático y varias leucemias y linfomas", señala Macis. Sin embargo, durante la pandemia del COVID-19, Merck—titular original de la patente del ivermectina—desestimó públicamente la eficacia de su propio fármaco. La razón se hizo evidente con la revelación de su asociación con Moderna para desarrollar una vacuna contra el cáncer basada en ARNm valorada en $500,000.
"La supresión del ivermectina fue necesaria para asegurar la aprobación por autorización de emergencia para las vacunas contra el COVID-19", afirma Macis mientras conecta los puntos entre las narrativas pandémicas y las ganancias del tratamiento del cáncer. Esta supresión continúa manifestándose a través de juntas médicas que castigan a los médicos. El Dr. Pierre Kory y el Dr. Paul Marik perdieron sus certificaciones por abogar por el uso del ivermectina durante la pandemia; un médico canadiense fue multado con $40,000 y suspendido por prescribirlo. Esta represión institucional envía un mensaje claro: promover medicamentos seguros y reutilizados es sentenciarse profesionalmente a muerte.
La ciencia detrás de la promesa
A pesar de la controversia existente, sólidos fundamentos científicos respaldan esta promesa. El mismo Instituto Nacional del Cáncer está investigando si el ivermectina puede eliminar células tumorales. Investigaciones anteriores sobre células cancerosas colorrectales (SW480 y SW1116) proporcionan un esquema mecanicista claro; esos estudios concluyeron que el ivermectina "suprimió la proliferación celular promoviendo vías apoptóticas mediadas por ROS e induciendo arresto en fase S."
Dicho en términos más simples, el ivermectina estresa tanto a las células cancerosas que estas se autodestruyen y detiene su replicación. Esto coincide con un estudio realizado en 2021 donde se encontró que este fármaco inhibe el cáncer esofágico al interrumpir la función mitocondrial dentro de las células cancerosas. Aunque un pequeño ensayo clínico programado para 2026 combinando ivermectina e inmunoterapia para tratar cáncer mamario no mostró beneficios claros, sus defensores argumentan que esto resalta la necesidad de estudiar al ivermectina bajo diferentes protocolos sin descartarlo prematuramente. El panorama investigativo es incipiente pero convincente; así pues, la agresiva oposición a su uso parece menos cautelosa y más sospechosa.
La disputa sobre el ivermectina y fenbendazol representa un microcosmos dentro de un paradigma médico fracturado: es una lucha entre empoderamiento del paciente y control corporativo, entre seguridad repurposed y innovación depredadora.
Fuentes incluyen:
TheEpochTimes.com
KFFHealthNews.org
Pubmed.gov