La Audiencia Nacional ha decidido eximir a Jordi Pujol i Soley, de 95 años, de ser juzgado por el monumental caso de la fortuna oculta en Andorra. El motivo: un deterioro cognitivo certificado por forenses.
Tras décadas de escándalos, confesiones a medias, bolsas de dinero en efectivo y amenazas veladas, el patriarca del clan sale del procedimiento, aunque su familia sigue en el banquillo.
Es el colofón perfecto a una historia de impunidad que avergüenza a cualquier democracia digna de ese nombre.