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Cuando el Rock & Roll desmonta la falsa pandemia

sábado 26 de diciembre de 2020, 10:28h

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Martin Sánchez, pontevedrés, cantante y crooner del XXI, se estrena musicalmente cuando quebró el alba de los inmortales noventa. Formó parte de varias bandas de rockabilly, pop y rock & roll. Recuerden la potencia de los indelebles Los Bandidos, la solvente El camino del lobo o los peculiarísimos Secret Feelings. Siempre actuó como cantante, guitarrista y compositor principal. Más tarde, paso de gigante, el grupo Cold Ground. Ese suelo frío, ese homenaje a uno de los grandísimos, sin parangón posible, Tom Waits. Y el memento a Leolo, una de las mejores películas de la historia.

Martin, festejando a los más grandes

Martin, siempre recordando, con música y estética, la Yanquilandia cincuentera. Swing, rock y clásicos adaptados al español. Dean Martin, Sinatra, Johnny Cash, Elvis, pero sin perder de vista memorables referentes más contemporáneos como Willy Deville, Richard Hawley o Chris Isaak, con el que justísimamente se le ha llegado a confrontar en más de una ocasión. Eterna Ruta 66.

Aproximándose los dos miles, nuevos proyectos. Propios y ajenos, decide finalmente gatear en solitario, asumiendo ya irreversibles maneras de genuino crooner. Es entonces cuando comienza a rodearse de algunos de los mejores músicos, fundando en San Sebastián La Dolce Vita, su habitual banda de acompañamiento, inicialmente integrada por alumnos y licenciados de la interesante escuela superior de jazz Musikene, sita en la capital guipuzcoana.

Putos maderos, sicarios de la tiránica ley

Yo soy la ley, elegante y sutil temazo, musica y letra, prodigiosos serrucheos de guitarra. Y ese saxo desgarrado y desgarrador, dándolo todo, a tumba abierta. Denunciando la totalitaria ley, el despreciable poder, los mass-mierda al servicio de los oscuros amos. Los bozales, armas psicológicas para someternos. El mundo, lugar demencial. Y los maderos, pura arbitrariedad, sumisos y disciplinados perrazos. Maderos, limpiando los vertederos de la ciudad. Maderos, “ángeles” castigadores. Maderos, la única efectiva “medicina” contra tu voluntad…

…Y el resto de los rockeros (o punkarras), salvo contadísimas excepciones, callados como putas. Covidiotas perdidos. Pero Martin, con su música, nos recuerda que se muere, hasta el hálito postrero, viviendo. Y como nos recuerda en otros dos grandes temas - Radio Norte y Estado de excepción - tal vez nos hallemos en la estación termini de una época basada en el oscurantismo y la neurosis colectiva. Y podamos columbrar cierta luz al final del túnel. Difícil, pero ojalá. Eso sí, venceremos. En fin.
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