Las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación en Caracas que resultó en la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro. En medio de este acontecimiento, ha surgido un relato viral no verificado, respaldado por la Casa Blanca, que afirma que se utilizó una «arma sónica» para incapacitar a los guardias de Maduro, quienes experimentaron síntomas violentos como dolores de cabeza y hemorragias nasales. Estos síntomas recuerdan notablemente a los asociados con el síndrome de La Habana, una misteriosa enfermedad que ha afectado al personal estadounidense en el extranjero.
Los expertos reconocen que Estados Unidos ha investigado armas acústicas no letales, pero expresan dudas significativas sobre la viabilidad técnica de un dispositivo portátil capaz de causar tales efectos extremos. Este relato se desarrolla en un contexto contradictorio: mientras que la inteligencia estadounidense ha minimizado el papel de actores extranjeros en el síndrome de La Habana, se informa que el Pentágono está probando un dispositivo compacto con componentes rusos que podría provocar síntomas similares.
Un relato viral
La historia se originó a partir del testimonio anónimo de un guardia venezolano, compartido por un influyente conservador en redes sociales. Según su versión, las fuerzas estadounidenses desplegaron una «onda sonora intensa» que provocó en los defensores una sensación súbita de explosión en la cabeza, seguida de hemorragias nasales, vómitos y parálisis. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, amplificó esta afirmación al compartir la entrevista online con un llamado a «detener lo que están haciendo y leer esto», otorgando así una plataforma oficial a las alegaciones sin confirmar su veracidad.
La descripción del guardia inevitablemente evoca los síntomas vinculados al síndrome de La Habana. Esta serie de enfermedades misteriosas ha afectado a diplomáticos y agentes de inteligencia estadounidenses en Cuba y otros lugares. Durante años, las autoridades federales han creído que altos funcionarios en La Habana podrían estar utilizando tecnologías secretas de armas sónicas para atacar a diplomáticos extranjeros, principalmente estadounidenses.
Análisis experto: plausible pero problemático
Expertos en tecnología militar reconocen que el concepto subyacente no es pura ficción. Durante décadas, Estados Unidos y otras naciones han investigado armas no letales basadas en sonido y ondas de radio para deshabilitar oponentes. Sin embargo, los síntomas extremos descritos—hemorragias profusas y colapsos inmediatos—generan serias dudas sobre su veracidad. Thomas Withington del Royal United Services Institute, quien ha experimentado personalmente dispositivos acústicos, los calificó como «horriblemente incómodos», pero afirmó que estas reacciones fisiológicas violentas eran nuevas para él.
Además, las dificultades técnicas para crear un arma lo suficientemente pequeña para una incursión pero lo suficientemente potente como para causar tales efectos son considerables. La postura oficial de la comunidad de inteligencia estadounidense sobre el síndrome de La Habana ha sido ambigua; una evaluación reciente concluyó que es «muy poco probable» que un adversario extranjero esté detrás de la mayoría de los casos.
Una red entrelazada de causa y efecto
A pesar del escepticismo generalizado respecto al relato viral proveniente de Venezuela, este también refleja tensiones más amplias sobre el uso potencial de tecnologías avanzadas en conflictos modernos. El Pentágono ha estado probando durante más de un año un dispositivo adquirido bajo condiciones encubiertas que podría causar síntomas similares a los reportados por las víctimas del síndrome. Este dispositivo es lo suficientemente pequeño como para caber en una mochila y emite ondas pulsadas; además, se dice que contiene componentes rusos.
Esto crea una narrativa paradójica: Estados Unidos puede ser tanto víctima como perpetrador al estudiar un arma potencialmente utilizada contra su propio personal. A lo largo de su historia reciente, el ejército estadounidense ha utilizado sonido en operaciones no convencionales; uno de los ejemplos más notorios fue el asedio al refugio del dictador Manuel Noriega en Panamá en 1989.
Voces críticas emergen
En medio del revuelo generado por las especulaciones sobre Venezuela, Mark Zaid—un abogado nacional especializado en seguridad—ha surgido como una voz cautelosa. Representa a casi tres docenas de víctimas del síndrome y confirmó tener información sobre la existencia por parte del gobierno estadounidense de uno o más dispositivos relacionados con estos incidentes anómalos. Sin embargo, enfatizó que esto es completamente distinto a la narrativa sobre la incursión venezolana, a la cual calificó como infundada.
Sindicatos críticos sugieren que esta historia viral sirve múltiples propósitos más allá del simple reporte informativo: para el régimen venezolano podría ser una forma de explicar una rápida derrota ante un supuesto superarma estadounidense; mientras tanto, figuras políticas estadounidenses podrían usarla para proyectar imagen tecnológica dominante frente a adversarios globales.
Preguntas sin respuesta y futuras implicaciones
A medida que avanza esta narrativa compleja e intrigante, persisten preguntas fundamentales sin respuesta: ¿Se utilizó realmente un arma novedosa en Caracas o es esta historia producto de confusión y propaganda? Si Estados Unidos está probando un dispositivo capaz de imitar los efectos del síndrome de La Habana, ¿qué implica eso sobre los orígenes reales del mismo?
El caso del supuesto superarma sónica en Venezuela se encuentra en una intersección entre hechos comprobados y especulación estratégica. Aunque el éxito operativo es innegable, las extraordinarias afirmaciones relacionadas siguen sin verificarse. Ya sea desplegada en Caracas o relacionada con incidentes previos en La Habana, la posibilidad realista del uso tecnológico avanzado representa una nueva frontera dentro del ámbito bélico moderno.