La administración estadounidense está considerando financiar una nueva planta de vehículos blindados en Israel con un presupuesto de hasta $2 mil millones, según informes recientes. Este proyecto tiene como objetivo aumentar la producción de tanques utilizados en los conflictos de Gaza y Líbano. Lo que resulta notable es que esta financiación es independiente y adicional a la ayuda militar anual que Estados Unidos proporciona a Israel.
Este movimiento contrasta con las declaraciones públicas del gobierno estadounidense, que ha instado a Israel a mostrar moderación en el conflicto. Críticos argumentan que esta decisión convierte a EE. UU. en un participante directo en la contienda.
Expansión de la producción bélica
Los documentos internos del Ejército de EE. UU. revelan planes para financiar una nueva planta de tanques israelí, lo que podría intensificar un conflicto ya marcado por la condena internacional y acusaciones de genocidio. La implicación de los contribuyentes estadounidenses en este esfuerzo representa una decisión consciente de invertir en la infraestructura a largo plazo de las fuerzas terrestres israelíes, que operan en áreas densamente pobladas.
Según reportes del diario Haaretz, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. está profundamente involucrado en “la planificación, diseño y construcción” de un “Centro Conjunto de Fabricación de Sistemas” en Israel. Esta instalación es fundamental para el “Proyecto de Aceleración de Vehículos Blindados” aprobado por el gobierno israelí el pasado agosto, mientras se desarrollaban combates en Gaza y Líbano.
Inversión significativa
Esta inyección potencial de $2 mil millones es adicional a los $3.8 mil millones anuales que EE. UU. ya destina como ayuda militar a Israel, además de otros $21.7 mil millones enviados desde octubre de 2023. El objetivo es aumentar drásticamente la producción de tanques Merkava y vehículos blindados como el Namer y el Eitan.
A pesar del rechazo por parte de Israel a las acusaciones internacionales sobre genocidio, mientras la Unión Europea plantea sanciones comerciales, EE. UU. parece estar decidido a reforzar su asociación financiera y militar con el país.
Diferencias entre discurso y acción
El momento resulta especialmente llamativo: recientemente, el primer ministro Benjamin Netanyahu declaró a The Economist su apoyo a reducir la asistencia militar estadounidense a Israel, con intenciones de finalizarla dentro de una década. Sin embargo, su gobierno busca simultáneamente esta expansión masiva financiada por EE. UU., lo que pone en evidencia una desconexión entre sus declaraciones públicas y sus acciones gubernamentales.
La contradicción moral es abrumadora; mientras los líderes estadounidenses expresan preocupación por las bajas civiles, financian la producción del mismo armamento utilizado en ataques que causan esas muertes. Esta política convierte a EE.UU. en un participante directo del conflicto, socavando cualquier pretensión de ser un mediador imparcial para la paz.
A medida que se documente la historia de este conflicto, quedará claro el grado de complicidad estadounidense hasta en los detalles más mínimos. Financiar una fábrica de tanques en medio de una hambruna y una investigación sobre genocidio no puede considerarse una política diplomática o defensiva; es un subsidio para la destrucción.
Fuentes para este artículo incluyen:
MiddleEastEye.net
Haaretz.com
TimesOfIsrael.com
CNN.com
La noticia en cifras
| Cifra |
Descripción |
| $2 billion |
Monto del plan para construir la planta de vehículos blindados en Israel. |
| $3.8 billion |
Monto de la ayuda militar anual de EE.UU. a Israel. |
| $21.7 billion |
Monto adicional de asistencia militar directa enviada desde octubre de 2023. |