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El estado del estado (86): La verdad (XI)
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El estado del estado (86): La verdad (XI)

domingo 14 de marzo de 2021, 08:00h

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Ya sabemos que Yony siempre nos exigirá la mayor profundidad posible para establecer cualquier verdad objetiva, y más si después pretendemos comunicarla o enseñarla. Cualquier comunicación ha de estar la mejor estructurada posible para que nuestro interlocutor pueda entenderla en su totalidad, con la máxima amplitud.

Si queremos establecer esa mejor comunicación hemos de explicar las palabras que utilizamos para cerciorarnos de que nosotros, y cualquiera de nuestros interlocutores, y más si son aprendices, entienden y van utilizar la misma acepción de dicha palabra. Debemos preguntarnos: “¿Qué entendemos por Razón Humana? Porque cada vez que utilizamos esta palabra puede dar lugar a infinidad de acepciones”.

Los científicos, dada su amplitud y extensión y la cantidad de ideas que podemos expresar con, “Razón”, aún no disponen de un criterio único para que podamos entender todos lo mismo. No se sabe de forma técnica, sin que dé lugar a equívocos, qué queremos decir con, “Razón” o “Razonar”.

Aquí y ahora, para nosotros, utilizaremos dichas palabras como: “La Capacidad Humana de relacionar hechos, situaciones, acontecimientos y reglas fijas que se repiten en iguales circunstancias, y al tener en cuenta esa memoria sabe que lo que viene después, piense el sujeto lo que piense, o desee lo que desee, los hechos se desarrollarán de la forma que ya están establecidos”. Por ejemplo, un sujeto puede desear, cual Armando Manzanero, que, en función al amor que siente, el Reloj pare las horas, y que no amanezca nunca, pero dicha persona sabe que la madrugada vendrá a una hora prefijada. Con ese acto de memoria y aceptación de algo por encima de su deseo, sabemos que esa persona acomodará sus actos en función a ese hecho que vendrá, y no seguirá pensando que desea que la noche continúe para que su amor no desaparezca, tal como cantó Adamo, que lloraba y maldecía al sol porque su amor se fue al amanecer.

Y al usar esta acepción sabemos, y nos cuadra al comprobarlo, que La Razón, y el Razonar, es mucho más propio de ancianos que de niños, de experimentados más que de noveles y de formados más que de legos. Podríamos seguir así hasta mañana. El Razonar es esa capacidad de relacionar los mayores y mejores conocimientos de los que dispongamos para adoptar una decisión que, además, pretendemos que se adecúe lo mejor posible a la llamada, “Realidad”. ¿Cuándo se da esa realidad? Cuando nuestra decisión, en función a las previsiones planificadas, se adecúa a lo que sucederá después. Por eso concedemos el poder de operar a alguien que formamos previamente y que sabemos que, en función a su formación y a su experiencia, el resultado final hará que el paciente sane o no. Por eso designamos Generales a los mejor formados y que han demostrado en batalla que prevén mejor la posible victoria en función a sus decisiones. ¿Por qué un general es mejor que otro? Porque, independientemente del azar, o de elementos atmosféricos o de fuerza mayor imprevisibles de establecer o prever, es más capaz de relacionar más datos y conocimientos que le lleven a prevenir mejor los actos del ejército contrario, o conoce la mejor medición y utilización de sus propias fuerzas con la combinación de los elementos ambientales.

También nos queda claro, explicándonos muchas actitudes humanas, el por qué el Razonar es más complicado y se paga mejor. Porque para mejor razonar debemos esforzarnos, no seguir nuestro primer deseo instintito y emocional. Se requiere pensar, parar, relacionar los mejores datos y después tomar la decisión. Cuando, además, lo más seguro es que lo que debamos hacer ya sea muy diferente de los que deseábamos hacer. Al razonar ya tenemos que sufrir las consecuencias de no hacer lo querido o deseado, sino lo “debido”. Quien quiera profundizar más que lea, nos recomienda Yony, Razón y revolución de, Herbert Marcuse, o los escritos acerca de, El deber, y, El Ser, de Martin Heidegger.

Razonar es complicado y costoso porque lo fácil es hacer nuestro capricho. Y tiene casi siempre Razón aquel que tiene en cuenta los mayores y mejores conocimientos posibles para adoptar una decisión concreta.

El ser humano dispone de la capacidad, ya probada hasta la saciedad, de fabular y soñar y con ello crear historias solo producto de su mente, y también dispone de la de observar, medir y contar los actos y elementos que operan a su alrededor y que influyen, a veces de forma dolorosa, en su vida. Esos hechos repetitivos y creados por la naturaleza es a lo que llamamos, Conocimientos.

Solo cuando usamos esos conocimientos… Razonamos. Y lo haremos mejor cuantos más y mejores Conocimientos utilicemos.

Sobre el autor

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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