www.mil21.es

El segundo asesinato social del coronel Pedro Baños

Por Joaquín ABAD
x
joaquincibelesnet/7/7/15
www.joaquinabad.es
jueves 20 de agosto de 2026, 12:33h

Escucha la noticia

Hay maneras de acabar con una persona sin detenerla, sin procesarla y, naturalmente, sin condenarla. Basta con convertirla en sospechosa permanente. Repetir una acusación suficientes veces, asociar su nombre a determinadas palabras y conseguir que quienes pudieran invitarla, contratarla o escucharla comiencen a pensar que quizá sea más prudente mantenerse alejados.

Eso tiene un nombre que el propio Pedro Baños vivió hace ya ocho años: asesinato social.

Y parece que estamos asistiendo al segundo intento.

El pasado 2 de agosto, The Objective publicó una información titulada: “Mandos del Ejército piden a Defensa que excluya al coronel Baños de los cursos oficiales”. El subtítulo añadía algo todavía más grave: que la contrainteligencia aliada le acusa de seguir directrices de Moscú y que se le considera un “propagandista prorruso”.

Palabras enormes. Acusaciones extraordinariamente graves.

Pero cuando uno abandona el titular y entra en el contenido aparece un pequeño detalle que cambia bastante las cosas.

El propio artículo reconoce que no está demostrado que Pedro Baños forme parte de los servicios secretos rusos ni que reciba dinero de Rusia por defender determinadas posiciones.

Entonces conviene hacerse una pregunta elemental: ¿qué se está castigando exactamente?

Porque una democracia puede discutir las opiniones de Pedro Baños. Puede criticarlas ferozmente. Puede considerar equivocada su interpretación de la guerra de Ucrania, de la OTAN, de Estados Unidos, de China o del propio Putin.

Lo que resulta mucho más preocupante es transformar una opinión geopolítica en prueba de subordinación a una potencia extranjera.

Coincidir en determinados análisis con Rusia no convierte a nadie en agente de Rusia.

De la misma manera que defender el envío de armas a Ucrania no convierte automáticamente a un analista en agente de Washington, de Bruselas o de Kiev.

Esa distinción debería ser especialmente importante dentro de las Fuerzas Armadas, donde durante décadas se ha enseñado precisamente a analizar al adversario, conocer sus razones, estudiar sus intereses y comprender su estrategia. Comprender no significa obedecer. Explicar no significa justificar. Y discrepar de la posición oficial tampoco demuestra que alguien reciba instrucciones desde Moscú.

Pero lo verdaderamente inquietante del artículo no es que critique a Pedro Baños.

La crítica periodística es legítima.

Lo inquietante es el objetivo que describe: conseguir que deje de participar en cursos y actividades organizados por instituciones militares.

Porque entonces ya no estamos hablando de rebatir ideas. Estamos hablando de retirar al discrepante de determinados espacios.

Y eso recuerda demasiado a lo ocurrido en 2018.

Cuando Pedro Baños estuvo a punto de ser nombrado director del Departamento de Seguridad Nacional, comenzó una fulminante campaña que lo presentó también como prorruso y próximo a Putin. El nombramiento finalmente no se produjo.

Poco después aparecieron documentos filtrados por Anonymous que dieron lugar a informaciones periodísticas sobre una supuesta operación de la organización británica Integrity Initiative destinada a frenar su nombramiento mediante contactos, medios de comunicación y redes sociales. El Español informó entonces de aquellas filtraciones y de los movimientos que supuestamente pretendían “sembrar la duda” sobre Baños.

El propio coronel definió lo ocurrido con una expresión demoledora:

“Conmigo han hecho un asesinato social”.

Aquella operación y las redes internacionales que actuaban en España fueron abordadas posteriormente en el libro La red secreta de Soros en España, publicado en 2020, donde se examinaban las organizaciones, personajes e intereses vinculados al universo de Open Society y su capacidad de influencia política y mediática.

Ocho años después volvemos sorprendentemente al mismo punto.

Rusia.

Putin.

Propaganda.

Servicios secretos.

Y Pedro Baños.

Pero conviene precisar algo.

No estamos ante una sentencia judicial española. Tampoco ante una resolución del CNI ni ante un expediente disciplinario de las Fuerzas Armadas españolas.

Se trata de un informe elaborado por el Center for Defence Reforms, una organización vinculada a Ucrania y claramente posicionada respecto de la guerra. Otros medios españoles la han descrito directamente como un think tank pro-Ucrania. El estudio incluye a Baños y a otros militares europeos porque considera que determinados discursos favorecen los intereses rusos.

Eso puede ser materia de debate.

Lo que no puede hacerse es convertir automáticamente la coincidencia de determinadas opiniones con los intereses de Moscú en prueba de que esas opiniones han sido inspiradas por Moscú.

Porque entre ambas cosas existe un abismo.

Y ese abismo se llama prueba.

Mientras tanto, Pedro Baños ha construido algo que probablemente resulte todavía más incómodo para algunos sectores: una enorme audiencia propia.

El Canal del Coronel rondaba a mediados de agosto de 2026 los 962.000 suscriptores y más de 281 millones de visualizaciones. Está, por tanto, a las puertas del millón de seguidores.

Y esto cambia por completo las antiguas relaciones de poder.

Hace veinte años, para llegar a un millón de personas había que conseguir que alguien permitiera entrar en una televisión, en una radio o en un gran periódico.

Hoy Pedro Baños enciende una cámara y habla directamente con cientos de miles de ciudadanos.

Sin intermediarios.

Sin que un director de periódico decida qué puede decir.

Sin que un consejo de administración determine qué cuestiones son incómodas.

Y con invitados y opiniones que muchas veces contradicen el discurso dominante.

Ese fenómeno molesta mucho más que cualquier libro.

Porque ya no basta con cerrar una puerta para silenciar una voz.

Por eso debemos estar muy atentos cuando la discusión deja de consistir en “Pedro Baños está equivocado por estas razones” y empieza a convertirse en “Pedro Baños no debería ser invitado a determinados lugares”.

Ese cambio es fundamental.

Las ideas se combaten con ideas.

Los errores se desmontan con argumentos.

Y las acusaciones graves se demuestran con pruebas.

Si existen pruebas de que Pedro Baños recibe instrucciones de una potencia extranjera, que se presenten.

Si existen pruebas de que trabaja para un servicio de inteligencia extranjero, que se presenten.

Si existen delitos, que actúen los tribunales.

Pero si lo que existe son opiniones incómodas, análisis discutibles, fotografías con diplomáticos, participaciones en determinados foros o coincidencias con algunas posiciones rusas, entonces estamos hablando de algo completamente diferente.

Estamos hablando de libertad de pensamiento.

Y hay una última paradoja.

El artículo que cuestiona la presencia de Pedro Baños en instituciones militares reconoce al mismo tiempo que sigue siendo invitado a ellas. Según la propia información, está prevista su participación a finales de septiembre en el Curso Internacional de Defensa organizado por la Academia General Militar de Zaragoza y la Universidad de Zaragoza.

Quizá porque quienes lo invitan conocen perfectamente su currículum.

Quizá porque saben que escuchar una opinión no significa asumirla.

Y quizá porque una institución verdaderamente fuerte no necesita proteger a sus alumnos de las ideas discrepantes.

Necesita enseñarles a discutirlas.

Pedro Baños sobrevivió a aquel primer intento de asesinato social de 2018.

No desapareció.

Escribió libros, impartió conferencias y construyó un canal que hoy está a punto de alcanzar el millón de seguidores.

Ahora parece comenzar otra batalla alrededor de su nombre.

Y convendría recordar algo muy sencillo:

en una sociedad libre no debería preocuparnos que alguien piense diferente. Debería preocuparnos mucho más que alguien decida quién merece ser escuchado.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios