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España (y la Argentina del “español” Messi), campeona (y segunda) del mundo!

España (y la Argentina del “español” Messi), campeona (y segunda) del mundo!
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(Foto: FIFA)
Por Alejandro A. Tagliavini
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alexalejandrotagliavinicom/4/4/24
lunes 20 de julio de 2026, 14:26h

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Después de una campaña para la historia del fútbol, en la que ambos equipos demostraron tener gran juego, profesionalismo, coraje y resiliencia, la selección de fútbol de España triunfó sobre la Argentina y ahora es campeona mundial por segunda vez en su historia, la primera fue en el año 2010.

Ahora, por qué los mundiales de fútbol son tan populares, de hecho, el de este 2026 fue el mayor evento de la historia humana. Es una combinación de sana pasión por el deporte y la siempre odiada pero altamente benéfica competencia, la eficacia del sector privado y un círculo vicioso de gobiernos que aprovechan la propaganda y la potencian.

Muchos se benefician, los patrocinadores, la televisión, la prensa, los vendedores de camisetas, pero particularmente la FIFA que obtiene, entre copa y copa, beneficios netos de hasta USD 13.000 millones y que, al igual que el Comité Olímpico Internacional, aunque son organizaciones privadas, debido a sus negocios con los Estados parecen corporaciones que buscan recibir la mayor cantidad posible de fondos estatales.

Simon Kuper y Stefan Szymanski aseguran, en su libro "Soccernomics", que la única motivación que tienen los gobiernos de los países desarrollados para apoyar los torneos de fútbol es la de "mejorar la sensación de bienestar" -lo que no pueden lograr con sus acciones- de los ciudadanos, cohesionándolos atrás de un objetivo común.

Por cierto, en términos de “cohesión nacional”, euforia, convocatoria de voluntades y apoyo popular son mucho más efectivos estos torneos que las guerras, que solo sirven para destruir a pesar de lo cual los políticos siempre organizan alguna.

El segundo Mundial de Fútbol se jugó en la Italia de 1934. Carteles mostraban un jugador haciendo el saludo fascista. Árbitros permisivos dejaron que Italia ganara. Después de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, inaugurados por Hitler, en el Mundial de Francia de 1938, los italianos saludaron con la mano extendida recibiendo un abucheo ensordecedor. Italia ganó y La Gazzetta dello Sport exaltó "la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza".

Un serio problema radica en la ausencia de derechos de propiedad a raíz de legislaciones estatales donde los clubes son sociedades de personas y no de propietarios. Los socios pueden usufructuarlas, pero no son dueños. No hay política en los hipódromos o el golf. No es un problema de deportes masivos. No hay política en el béisbol, porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo, cada estadio, tiene uno o muchos propietarios que cuidan con gran celo su propiedad, su negocio. En cambio, cuando el Estado interviene, regula, en la medida en que lo hace, necesariamente utiliza esa amplia tribuna para adoctrinar.

Un mundial solo es buen negocio si está basado en el sector privado. Hasta ahora, el más rentable (y con los estadios más llenos) fue la Copa organizada en EE.UU. en 1994, que le costó al gobierno solo USD 50 millones. Veremos cómo terminaron las cuentas en este 2026.

La situación se está revirtiendo gracias a la desregulación en Europa y la propiedad privada en EE.UU. donde actualmente juega Messi. Por caso, en 1988, el gobierno español realizó una desregulación parcial y, desde entonces, gran parte de la actividad futbolística pasó al sector privado al punto que muchos clubes son ahora sociedades anónimas. Y el fútbol español se desarrolló notoriamente.

Así, resulta que la selección argentina incluye a una mayoría de jugadores que juegan en clubes de Europa y que han progresado gracias a ellos. El colmo es Messi que, si bien nació en la Argentina que ama y aquí hizo sus primeros pasos, su desarrollo profesional lo realizó casi completamente en España. Es decir, sin dudas, profesionalmente es español, ergo, con él ganó el profesionalismo español, ganó España.

En cualquier caso, mientras escribo esto, a pesar de que el clima no ayuda en Argentina, y a pesar de la derrota en la final, la gente se prepara para realizar un histórico festejo incluso mayor al de la triunfadora España. Pocas veces, si alguna, tantas personas salieron a festejar en las calles y plazas argentinas y con tanta alegría y euforia.

El destacado periodista Hugo Alconada Mon escribió, respecto de los festejos previos, que “Durante unas horas, la desconfianza que suele gobernar la vida argentina entra en pausa. Desconocidos se abrazan como si se conocieran desde siempre. No desaparecen los problemas del país; simplemente quedan suspendidos por una noche, por una buena razón”.

Y continúa “Porque en un país golpeado, que arrastra décadas de crisis, traspiés, frustraciones y, como decimos en Argentina, “malaria”, esa mezcla de escasez y mala racha, el fútbol nos ofrece una oportunidad para sonreír. Mañana volverán las discusiones políticas, las cuentas del mes que no cierran y las preocupaciones de siempre”.

En representación de los Estados, además de Trump por EE.UU., estuvo el Rey Felipe VI mientras que el presidente del gobierno argentino desistió de participar, muy probablemente debido a su enemistad con las autoridades de la Asociación de Fútbol de Argentina y en medio de una fuerte caída en su popularidad.

El enorme peso del Estado argentino sobre el sector privado, sobre el público en general, y la escasa libertad económica, está provocando que la economía local tenga deprimidos a los argentinos.

Una reciente encuesta de CB Global Data, evaluó a 18 presidentes de América Latina. Los tres mejor valorados, en julio, por sus ciudadanos son: Nayib Bukele de El Salvador, quien encabeza este mes con el 67,4% de imagen positiva; en segundo lugar se ubica Claudia Sheinbaum de México, con 65,1%; y completa el podio Laura Fernández de Costa Rica, con 55,5% de aprobación.

Lo que, suponiendo que estas encuestas reflejen en alguna medida a la realidad, muestra que lo que impacta en el humor de los ciudadanos no son los discursos políticos, ya que, por caso, la distancia “ideológica” entre Bukele y Sheinbaum es abismal, sino los avances que percibe la ciudadanía ya sea que son reales o fruto de la propaganda y la “influencia” estatal.

Milei, aun siendo un excelente propagandista, quedó en el puesto 14 con el 38,6% de aprobación, luego José Raúl Mulino de Panamá con el 34,2%, Bernardo Arévalo de Guatemala, con 30,8% de aprobación, José María Balcázar de Perú, con 23% y, finalmente, la “protegida” de Trump, Delcy Rodríguez de Venezuela en el último lugar con 22,7% de imagen positiva.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com
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