El libro «Censored: The Battle for Free Speech» sostiene que la Primera Enmienda está siendo vulnerada por una alianza inusitada entre el gobierno federal y las grandes corporaciones tecnológicas. Agencias como el FBI y la Casa Blanca presionan a las plataformas de redes sociales para que censuren contenido que les desagrada, eludiendo así las protecciones constitucionales al utilizar empresas privadas como intermediarios para la censura gubernamental.
Este mecanismo de censura ha tenido consecuencias graves, evidenciadas por la lista de los «doce desinformadores» y los archivos de Twitter. La represión de información ha llevado a la destrucción de medios de vida y a la ocultación de información vital sobre tratamientos para COVID-19, como el ivermectina y la hidroxicloroquina, resultando en muertes prevenibles.
Causas legales contra la colusión
Demandas como Bollinger v. Biden están cuestionando esta colusión entre el gobierno y Big Tech bajo la teoría legal que establece que cuando el gobierno coacciona a empresas privadas para censurar, estas se convierten en actores estatales sujetos a la Primera Enmienda. Sin embargo, estos casos requieren un financiamiento público sustancial y apoyo para tener éxito.
Para contrarrestar esta situación, es fundamental que los estadounidenses apoyen plataformas independientes que se nieguen a ceder ante presiones gubernamentales, construyan sus propias redes informativas a través de boletines y comunidades locales, y se conviertan en los medios que desean ver en lugar de depender del control corporativo del espacio digital.
La verdad prevalecerá
La sabiduría de Thomas Jefferson, quien afirmó que «la verdad es grande y prevalecerá si se le deja», sigue siendo relevante hoy en día. La censura puede llevar al conocimiento a la clandestinidad, pero no puede borrarlo. La solución definitiva radica en un debate abierto y vigoroso, en lugar de permitir que corporaciones o agencias gubernamentales decidan qué constituye la verdad.
El libro «Censored: The Battle for Free Speech» enfatiza que la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU. es una promesa sagrada. Esta declaración reza: «El Congreso no hará ninguna ley que restrinja la libertad de expresión o de prensa». Durante más de dos siglos, este principio ha sido el fundamento de nuestra nación.
Censura con consecuencias fatales
La evidencia sobre esta colusión es abrumadora. El Centro para Combatir el Odio Digital publicó una lista llamada «doce desinformadores», apuntando a médicos y periodistas que cuestionaron la narrativa oficial sobre COVID-19. Este grupo está vinculado a servicios de inteligencia y financiado por las fundaciones Open Society de George Soros.
Las plataformas sociales utilizaron esa lista como guion para purgar cuentas. Personas como Ty Bollinger, quien solo citó sitios web del Centros para el Control y Prevención de Enfermedades y la Administración de Alimentos y Medicamentos, vieron cómo sus canales en YouTube con millones de suscriptores fueron eliminados casi instantáneamente.
Derribando el sistema de censura
A pesar del costo humano terrible provocado por esta máquina de censura, hay esperanza. Demandas como Bollinger v. Biden buscan desafiar la coordinación del gobierno con Big Tech, exigiendo descubrimientos que expongan toda la extensión de esta colusión. Estas acciones legales apuntan tanto a los funcionarios gubernamentales que hicieron las solicitudes como a las empresas sociales que las llevaron a cabo.
La teoría legal es clara: cuando el gobierno coacciona a una empresa privada para censurar, esa empresa se convierte en un actor estatal sujeto a la Primera Enmienda.
Llamado a la acción
No obstante, estas demandas necesitan financiamiento y apoyo público. La lucha por la libertad de expresión no es un deporte pasivo:
- Debemos apoyar plataformas independientes que se resistan a las presiones gubernamentales.
- Debemos construir nuestras propias fortificaciones informativas mediante boletines, comunidades locales y economías alternativas.
- Debemos convertirnos en los medios que deseamos ver.
La verdad siempre superará a los censores. Lo ha hecho durante miles de años, desde el movimiento samizdat en la Unión Soviética hasta la imprenta que impulsó la Reforma.
El gobierno y Big Tech no pueden poseer la verdad.
El presidente Thomas Jefferson escribió que «la verdad es grande y prevalecerá si se le deja». Los censores actuales temen esa verdad porque saben que si se permite ver todos los lados, esta triunfará. Por eso intentan desesperadamente crear una narrativa única y sanitizada.
No obstante, la verdad no necesita protección; necesita exposición y voces valientes dispuestas a expresarla. Además, requiere oyentes dispuestos a escucharla.
Permanecer firmes ante el asedio
La Primera Enmienda es una promesa sagrada que debemos mantener. El asedio proviene del poder gubernamental excesivo y políticas corporativas que imponen una visión del mundo estrecha y aprobada. Para proteger nuestra libertad, debemos resistir este asedio.
No podemos aceptar que una corporación o agencia gubernamental sea el máximo árbitro sobre lo verdadero. La única manera de encontrar la verdad es mediante un debate abierto y vigoroso; no mediante la censura. La lucha por la Primera Enmienda es esencial para todas nuestras libertades.
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Miren Ty Bollinger discutiendo sobre la guerra contra la libertad de expresión en esta edición del «Health Ranger Report».
Fuentes incluyen:
BrightLearn.ai
Books.BrightLearn.ai
Brighteon.com