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Estados Unidos 'envía' dos millones de sirios a Europa
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Estados Unidos "envía" dos millones de sirios a Europa

Por Enrique MONTÁNCHEZ
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enriquemil21es/7/7/13
sábado 12 de septiembre de 2015, 21:34h

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Es la cifra que acaba de hacer pública la ONU. En lo que va de 2015 la guerra ha desplazado un millón de sirios, a los que se sumará otro millón en los meses que faltan para que concluya el año. Dos millones de refugiados que buscan rehacer sus vidas en Europa.

La relativamente rica Siria gobernada durante medio siglo por la dictadura de la familia Al-Asad, un régimen laico más avanzado que las feudales monarquías del Golfo regidas por la Sharía o ley islámica, se desangra día a día por una guerra de crueldad sin limites a manos del Estado Islámico, según vamos conociendo por los medios de comunicación.

Una guerra organizada por Estados Unidos con la excusa de derrocar al dictador Bashar al-Asad, pero que, como en casi todas las guerras, encubre intereses económicos. Washington perseguía hacer de Siria un país de su órbita con el fin de que un extenso gasoducto procedente de Qatar cruzase territorio sirio camino de Turquía y Europa.

Se trataba de una operación con un objetivo geopolítico prioritario para los intereses de Estados Unidos: anular la dependencia europea del gas ruso, con un suministro alternativo a los hogares e industrias de media Europa. El presidente Obama pensaba infligir una dura derrota a Vladimir Putin donde más le duele: dar un hachazo a la economía rusa, que basa su principal fuente de ingresos en las exportaciones de gas y petróleo.

Con un propósito geoestratégico Washington diseñó el Estado Islámico, visto lo bien que le había funcionado la fórmula de "utilizar" yihadistas camuflados como opositores para derrocar al dictador libio Gadafi. Con el apoyo técnico de las agencias de inteligencia norteamericanas, el santuario fronterizo turco y la financiación sin límite de Arabia Saudí y Qatar, el Estado Islámico surgió de la noche a la mañana.

Pero en esta ocasión el cálculo de Washington se estrelló con la terquedad de Putin. El Kremlin vislumbró la jugada y le paró los pies a Obama: apoyo militar y de inteligencia fortalecieron a un moribundo Bashar al-Asad que tras cinco años de guerra se mantiene en el poder, con media Siria bajo su control.

La guerra da estas semanas un giro de imprevisibles consecuencias al anunciarse la intervención de la aviación rusa en territorio sirio para laminar las posiciones del Estado Islámico. Después de año y medio de bombardeos, la coalición internacional liderada por Estados Unidos no ha obtenido apenas resultados y los yihadistas se han hecho fuertes en la mitad de Siria e Irak.

La orden de intervenir en Siria dada por Putin responde también a un hecho geopolítico que incide directamente en los intereses rusos: el Estado Islámico (la dirección del movimiento islamista estaría trufada de agentes, dobles agentes y hasta triples agentes) decidió hace meses extender el califato al Cáucaso ruso.

Este hecho ha provocado el enfado de Moscú y acelerado la decisión de combatir a los yihadistas en el territorio sirio antes de que el Estado Islámico arraigue en el Cáucaso. Los rusos no pueden intervenir en Irak, como también desearían, al ser un feudo norteamericano.

Sin estos antecedentes no puede entenderse el problema de los refugiados sirios y dar por toda explicación que cientos de miles de familias huyen del país para ponerse a salvo del dictador Al-Asad y de los sanguinarios yihadistas.

Los dos millones de sirios que esperan a las puertas de Europa y los casi 300.000 muertos que desde 2011 se ha cobrado la guerra, son el resultado de los intereses geopolíticos de Estados Unidos. La gran potencia ha hecho cosas bien como salvar a Europa del nazismo y acabar con el comunismo, pero que ha hecho otras rematadamente mal.

Entre estas últimas, y a juicio de importantes servicios de inteligencia europeos, inundar el viejo continente de refugiados como medida de presión para que a la Unión Europea no se le pase por la cabeza debilitar el vínculo trasatlántico creado al término de la Segunda Guerra Mundial y establecer una alianza estratégica con Rusia y China.

El anuncio del primer ministro chino Li Keqiang en la Cumbre China-UE, celebrada en Bruselas en junio pasado, de que China necesitaba una Europa unida, próspera y desarrollada, y la promesa de contribuir a financiar con miles de millones un ambicioso plan de infraestructuras europeas, encendió las alarmas en Washington a pesar del parón de la economía china.

Asimismo, Alemania encabeza una línea política favorable a llegar a acuerdos con Rusia que favorezcan el intercambio económico y que Europa deje de estar supeditada, 70 años después de acabar la Segunda Guerra Mundial, a los dictados de Estados Unidos con la OTAN como su instrumento militar.

La guerra en Siria e Irak terminaría en cuestión de semanas si Estados Unidos utilizase sus poderosos instrumentos económicos para acabar con la financiación del Estado Islámico (((vincular noticia 173 ))) que se deshincharía como un globo. Y si, en paralelo, llegase a un acuerdo con Rusia e Israel para hacer de Oriente Medio una región estable, ahora que Irán se incorpora al bloque occidental con ansias tremendas de recuperar los años perdidos.

Incluso Putin estaría de acuerdo en promover una transición democrática en Siria si el nuevo régimen renunciase a que el tan traído y llevado gasoducto cruzase su territorio y Moscú conservase su base naval en la localidad Siria de Tartus, que facilita el aprovisionamiento de la flota rusa en el Mediterráneo, a juicio de fuentes de inteligencia europeas.

Fruto de ese acuerdo, los dos millones de refugiados sirios volverían a sus hogares. Y Europa aprendería la lección de cómo las guerras de Siria, Irak y Libia han mostrado el lado más oscuro de nuestros egoísmos cuando nuestro bienestar se ve afectado a la hora de acoger a quienes lo han perdido todo.
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