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Pakistán impone bloqueo a VPNs globales y establece vigilancia estatal en internet
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Pakistán impone bloqueo a VPNs globales y establece vigilancia estatal en internet

jueves 08 de enero de 2026, 20:49h

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El gobierno de Pakistán ha bloqueado importantes servicios de VPN globales y ha impuesto un régimen de licencias que obliga a las empresas a proporcionar acceso a las agencias de seguridad del estado. Esta medida, que ha sido condenada como una forma de censura, se considera un ataque directo a la libertad digital y podría afectar gravemente al sector tecnológico del país. La política busca aislar a los ciudadanos y limitar su acceso a información no censurada, reflejando un patrón global de control autoritario. Con solo cinco empresas locales autorizadas para operar, el acceso independiente a internet se convierte en un recurso controlado por el estado, lo que podría llevar a una disminución de la innovación y el pensamiento libre en Pakistán.

En un drástico movimiento hacia la vigilancia estatal, el gobierno de Pakistán ha bloqueado servicios de redes privadas virtuales (VPN) de renombre mundial, implementando un nuevo régimen de licencias que exige acceso a puertas traseras para las agencias de seguridad. Esta medida ha sido condenada ampliamente como una forma de censura que podría asfixiar el sector tecnológico del país.

Desde el 22 de diciembre, los ciudadanos se han visto repentinamente privados de herramientas globales de privacidad como ProtonVPN, NordVPN y ExpressVPN. Este cambio radical responde a una normativa estricta que obliga a los proveedores a instalar hardware de "Intercepción Legal" para las agencias de seguridad del estado. Tal acción no solo plantea interrogantes sobre quién controla la información, sino que también revela un patrón autoritario: aislar a la población del acceso a información no censurada y monitorear cada actividad digital.

No se trata simplemente de una actualización regulatoria; es un acto flagrante de tiranía gubernamental diseñado para aplastar la libertad en internet. Al exigir puertas traseras en las herramientas que los ciudadanos utilizan para proteger su privacidad, el estado no está mejorando la ciberseguridad, sino desmantelándola sistemáticamente. Esto transforma la red en un panóptico donde cada clic y comunicación puede ser vigilado por las autoridades. Actualmente, solo cinco empresas nacionales con licencia pueden operar, convirtiendo el acceso independiente a internet en una mercancía controlada por el estado.

Un historial de censura y control

Este tipo de acciones tienen antecedentes históricos en la lenta erosión de la libertad de expresión. Los gobiernos que buscan control absoluto primero atacan el flujo de información, etiquetando las noticias independientes como “desinformación” y considerando las herramientas de privacidad como amenazas. La reciente decisión de Pakistán sigue este patrón global donde regímenes autoritarios, bajo pretextos como la seguridad nacional o la conveniencia del usuario, despojan metódicamente a los ciudadanos de sus derechos digitales. El objetivo real siempre es el mismo: suprimir la disidencia y evitar que los ciudadanos accedan a perspectivas que desafían las narrativas oficiales.

Partidos opositores y grupos defensores de derechos digitales han denunciado esta medida como censura descarada. Advierte que restringirá severamente el acceso a información independiente y devastará el floreciente sector tecnológico del país. ¿Cómo puede una nación competir en una economía digital global cuando sus ingenieros, emprendedores y ciudadanos están aislados del internet abierto y sometidos a vigilancia constante? Esta política no protege a Pakistán; lo incapacita, creando un clima de miedo que ahoga la innovación y el pensamiento libre.

El plano del estado policial globalista

La situación en Pakistán no es solo un problema local; es una señal alarmante para el mundo. La instalación forzada del hardware de "Intercepción Legal" es característica del emergente estado policial controlado por globalistas, donde se normaliza la arquitectura para la vigilancia total. Una vez que existen tales puertas traseras, se convierten en herramientas irresistibles para la opresión, utilizadas para rastrear opositores políticos, silenciar activistas y aplastar cualquier atisbo de oposición. El pretexto siempre resulta aceptable, pero el resultado es invariablemente tiranía.

Cuando un gobierno teme lo que su pueblo pueda leer o decir en privado, revela su propia ilegitimidad. Una sociedad sana y vibrante se construye sobre instituciones transparentes y un debate público informado, no sobre ignorancia impuesta por el estado y miedo. La orden que permite únicamente operar a VPNs aprobadas por el estado es equivalente digitalmente a permitir solo libros gubernamentales en bibliotecas. Es una forma masiva de censura que trata a la población no como ciudadanos, sino como súbditos a gestionar. El sector tecnológico, que depende de la colaboración abierta y el acceso a información, inevitablemente sufrirá, llevando a una fuga de cerebros y al declive económico.

En última instancia, el confinamiento digital en Pakistán es un estudio sobre cómo se puede controlar rápidamente un acceso vital al conocimiento global bajo pretextos endebles. Para el resto del mundo, representa una lección urgente: las herramientas de vigilancia y censura desarrolladas en otros lugares nunca permanecen allí por mucho tiempo.

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