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EE.UU. lanza portal para eludir censura de contenido en Europa
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EE.UU. lanza portal para eludir censura de contenido en Europa

sábado 21 de febrero de 2026, 12:11h

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El Departamento de Estado de EE. UU. está desarrollando un portal llamado freedom.gov para albergar contenido en línea que ha sido eliminado bajo las leyes europeas de libertad de expresión, como la Ley de Servicios Digitales de la UE. Esta iniciativa se presenta como una medida contra la censura y podría incluir una función de VPN para ocultar la ubicación de los usuarios. Este movimiento representa un choque significativo entre los principios de libertad de expresión en EE. UU. y los modelos regulatorios europeos que buscan limitar el discurso de odio y la desinformación. A medida que Europa avanza hacia una gobernanza digital más estricta, el portal refleja las crecientes disputas internacionales sobre soberanía digital y responsabilidad de las plataformas, marcando un nuevo capítulo en la lucha por definir las normas del espacio público digital global.

El Departamento de Estado de EE. UU. está desarrollando un portal llamado freedom.gov, destinado a albergar contenido en línea que ha sido eliminado bajo las leyes europeas de libertad de expresión, como la Ley de Servicios Digitales de la UE. Esta iniciativa se presenta como una medida contra la censura y podría incluir una función de VPN para ocultar la ubicación de los usuarios y evitar su seguimiento.

La creación del portal representa un importante choque de políticas entre los principios estadounidenses de libertad de expresión y los modelos regulatorios europeos, que buscan limitar el discurso de odio y la desinformación. Mientras tanto, los líderes europeos están avanzando en una gobernanza digital más estricta, que incluye posibles verificaciones de identidad y restricciones sobre el uso de VPN.

Un santuario digital en EE. UU.

Este audaz movimiento establece las bases para un enfrentamiento directo sobre la gobernanza global de Internet. El objetivo es crear un refugio en EE. UU. para el contenido restringido por leyes como la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea y la Ley de Seguridad en Línea del Reino Unido, desafiando así las regulaciones extranjeras desde territorio estadounidense.

Fuentes cercanas al plan indican que el portal estará alojado en freedom.gov, fuera del alcance jurisdiccional europeo. Se ha discutido la posibilidad de incorporar características técnicas, como una función VPN, para hacer que el tráfico parezca originarse dentro de EE. UU., asegurando además que no se rastreará la actividad en el sitio. La iniciativa está liderada por Sarah Rogers, subsecretaria de Diplomacia Pública, quien ha estado en contacto con grupos europeos que alegan represión bajo las nuevas normativas digitales.

Desafíos ideológicos transatlánticos

Esta iniciativa estadounidense surge en medio de esfuerzos coordinados por gobiernos europeos para expandir su autoridad reguladora sobre el ámbito digital. En la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich, el presidente francés Emmanuel Macron expuso una visión que exige a los usuarios de redes sociales verificar su identidad ante los gobiernos y enfrentar posibles restricciones si no cumplen con esta obligación, desestimando posteriormente el concepto de libertad total en línea.

El portal estadounidense responde a lo que funcionarios describen como un ahogo a las voces conservadoras y derechistas en Europa. La última Estrategia Nacional de Seguridad del Departamento de Estado advierte sobre una “borradura civilizacional” en Europa debido a sus políticas y promete fomentar resistencia ante ello. Esta postura ya ha generado fricciones, con plataformas estadounidenses como X enfrentándose a multas sustanciales por parte de reguladores europeos por incumplimiento con las normas sobre moderación del contenido.

Implicaciones globales

Este conflicto refleja tensiones históricas pero marca una nueva escalada en las políticas digitales impulsadas por los estados. Tradicionalmente, los programas estadounidenses sobre libertad en Internet se centraban en ayudar a usuarios en estados autoritarios como China e Irán; sin embargo, al dirigir su atención hacia democracias aliadas en Europa, el proyecto freedom.gov entra en un territorio inexplorado que podría incentivar a ciudadanos a evadir leyes locales.

Los críticos advierten que esto podría interpretarse como un esfuerzo deliberado por frustrar disposiciones legales nacionales y tensar aún más las relaciones diplomáticas. Este choque forma parte de una lucha global más amplia para definir las reglas del espacio público digital.

Nuevas fronteras digitales

El desarrollo del freedom.gov indica que las disputas sobre estándares discursivos y responsabilidad empresarial son ahora centrales en la diplomacia internacional. El lanzamiento operativo del portal representaría un caso práctico: ¿puede una nación utilizar su infraestructura digital para crear excepciones a las leyes soberanas? La respuesta tendrá profundas implicaciones para el futuro del flujo transfronterizo de datos y la aplicación regulatoria nacional.

A medida que los reguladores europeos perfeccionan modelos que exigen mayor transparencia y control a las plataformas tecnológicas, y mientras EE. UU. invierte en herramientas para sortear esos controles, se perfila una lucha prolongada. Este conflicto trasciende debates corporativos sobre términos y condiciones hacia el ámbito del estado, donde la gobernanza digital se convierte en un instrumento clave de política exterior e influencia ideológica.

Un nuevo frente en las guerras por la libertad de expresión

El portal freedom.gov es más que un simple sitio web; representa una declaración geopolítica significativa. Encapsula un desacuerdo fundamental entre dos tradiciones democráticas acerca del manejo del inmenso poder comunicativo digital. Mientras las autoridades europeas siguen un camino hacia una mayor supervisión para combatir daños percibidos, Estados Unidos está aprovechando sus ventajas tecnológicas y jurisdiccionales para crear un refugio para discursos controvertidos.

Esta iniciativa no solo desafía eliminaciones específicas de contenido; cuestiona también la autoridad subyacente de gobiernos extranjeros para establecer esas normas dentro de un internet globalmente conectado. Su inminente lanzamiento no resolverá este conflicto arraigado pero sin duda abrirá un nuevo frente contencioso en la continua batalla por definir los límites del discurso aceptable en línea.

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