La presidenta del grupo Victims of Pan Am Flight 103, Kara Weipz, expresó su sorpresa al recibir la noticia de que el juicio por el atentado de Lockerbie había sido pospuesto. En una entrevista con el programa Radio Scotland Breakfast, Weipz compartió su deseo de que los familiares mayores de las víctimas mantengan su salud para poder presenciar el juicio cuando finalmente se lleve a cabo.
Weipz afirmó: «Siempre ha sido mi objetivo que la mayor cantidad posible de miembros de las familias puedan ser testigos de este juicio y obtener más verdad sobre lo ocurrido». La activista subrayó la importancia de conocer los detalles del caso, afirmando que «si eso es lo que esta evidencia trae, eso es lo que las familias han estado luchando durante casi cuatro décadas – queremos la verdad, queremos saber qué sucedió – y si esto es lo que se logra, entonces este tiempo habrá valido la pena».
Detalles del caso
El sospechoso Al-Marimi, un hombre en sus setentas, ha sido acusado de llevar a cabo el ataque junto a otros dos libios que enfrentaron un tribunal escocés en mayo de 2000. El caso fue escuchado por tres jueces en Camp Zeist, una antigua base aérea estadounidense en los Países Bajos.
Tras ocho meses de deliberaciones, los jueces concluyeron que el atentado fue un acto de terrorismo patrocinado por el estado, llevado a cabo por miembros del servicio de inteligencia libio. Uno de los acusados, Abdulbasset Al-Megrahi, fue declarado culpable de asesinato en masa y condenado a cadena perpetua. Al-Megrahi falleció en 2012 tras ser liberado por razones humanitarias por el gobierno escocés.
Nuevas revelaciones sobre el caso
La revisión del caso por parte del Scottish Criminal Cases Review Conviction llevó a referir dos veces la condena de Al-Megrahi al tribunal de apelación, aunque esta fue confirmada en ambas ocasiones. Su coacusado, Al Amin Khalifah Fhimah, fue absuelto y regresó a Libia como un héroe.
Según el gobierno estadounidense, Al-Marimi confesó haber bombardeado el avión junto a Megrahi y Fhimah durante un interrogatorio en una instalación de detención libia en 2012. Esta supuesta confesión fue entregada a investigadores escoceses en 2017 y ahora es fundamental para el caso de la fiscalía.
A pesar de que Al-Marimi sostiene que su confesión fue forzada y falsa, el juez Friedrich determinó que puede ser admitida como evidencia durante el juicio.