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Rusia y China aprovecharían la salida griega para impulsar cambios en la geopolítica mundial

Rusia y China aprovecharían la salida griega para impulsar cambios en la geopolítica mundial

La afirmación del Gobierno de Alexis Tsipras de que la prioridad es hacer frente a los gastos del Estado y no el pago de los intereses de una deuda desorbitada que supera los 300.000 millones de euros (177% del PIB), deja a Bruselas al pie de los caballos. Si Grecia finalmente abandona el euro, Rusia y China están preparadas para salvar la economía griega e impulsar cambios en la geopolítica mundial.

Tsipras admitía el 20 de mayo que Grecia no podrá pagar el dinero que debe al FMI el próximo 5 de junio. Este anuncio abre la puerta al abandono de la moneda única europea y que Atenas busque en Rusia y China el apoyo necesario para levantar la economía griega. Putin espera la primera deserción de un país miembro de la UE para tomarse la revancha por Ucrania.

De consumarse, la salida griega supondría un fracaso sin paliativos del esfuerzo llevado a cabo durante décadas para construir la Unión Europea y sentaría un precedente que los países con deudas impagables estarían tentados a secundar.

Asimismo, fortalecería a Rusia ante cualquier negociación económica y militar con una Europa que se presentaría debilitada, y Moscú se convertiría, de facto, en el gran aliado griego.

Estados Unidos, por su parte, sometería a Grecia a un intenso placaje, pues sería el primer país miembro de la OTAN que orientase su economía hacia Rusia, en momentos de máxima tensión este-oeste por la crisis de Ucrania.

Entre bambalinas, un sigiloso actor mundial, China, se prestaría a ofrecer todo tipo de acuerdos beneficiosos al Gobierno griego para consolidar aún más su presencia en un sector estratégico para los intereses de Pekín: mantener el control del puerto de El Pireo, enclave fundamental en el componente marítimo de la denominada “Nueva Ruta de la Seda”.

Una Grecia fuera del euro y apoyada financieramente por Rusia y China sería una pieza valiosa en el tablero de ajedrez mundial que el gigante asiático lleva planificando pacientemente desde hace años, y que abarca desde Asia a América Latina, pasando por Europa y África.

El control del puerto de El Pireo es fundamental en la “Nueva Ruta de la Seda” - así llamada en memoria del viajero veneciano Marco Polo (1254-1324)-, la más ambiciosa iniciativa comercial ideada por China para enlazar el continente asiático con Europa mediante redes de ferrocarril y autopistas marítimas con el fin de facilitar el intercambio fluido de productos y materias primas.

China ya ha anunciado que financiará con 8.000 millones de euros la construcción de un corredor ferroviario para comunicar el puerto ateniense de El Pireo con Europa Central y del Este, que incluye una línea de alta velocidad entre Belgrado y Budapest cuya entrada en servicio está prevista para 2017. El primer ministro chino, Li Keqiang, ha señalado que esta línea rápida mar-tierra entre China y Europa proporcionará un acceso cómodo a las exportaciones de China a Europa, y viceversa.

China ya está presente en un sector clave de la economía griega desde 2008. La compañía de transporte marítimo Cosco, propiedad del Gobierno chino, ha invertido desde ese año cerca de 1.000 millones de dólares en modernizar las anticuadas infraestructuras de El Pireo, cuya terminal de contenedores antes de que los chinos llegasen movía menos de 500.000 unidades. En 2014 sobrepasó los tres millones de contenedores y la previsión para 2016 es llegar a seis millones.

El acuerdo de explotación de la terminal de contenedores fue firmado por 30 años, ampliados a 35. A la vista de los resultados el Gobierno de Tsipras está dispuesto a entregar a Cosco la concesión también de las zonas de muelles.

China y el control del comercio mundial
La “Nueva Ruta de la Seda” promoverá el comercio entre cinco economías gigantes: -China, Europa, India, Rusia y resto de Asia. El primer corredor ya en marcha es la línea férrea Pekín-Moscú-Berlín, un trayecto de 11.779 kilómetros que los trenes recorren en ambos sentidos en menos de 20 días. El pasado invierno el primer tren chino de esta ruta llegó a Madrid atravesando Francia, y en breve se ampliará hasta Lisboa, incluyendo un ramal que cruzará el estrecho de Gibraltar para ampliar la ruta al continente africano.

Por este ferrocarril transcontinental, que une el Pacífico al mar Báltico, Asia Central al Océano Índico y China con Europa y el Atlántico, transita ya cerca del 5 por ciento del comercio entre Asia y Europa. Está previsto que un ramal del ferrocarril llegará hasta India y el sudeste asiático, atravesando un total de 40 países.

La “Nueva Ruta de la Seda” es observada con desconfianza extrema por Estados Unidos, que ve peligrar su hegemonía geoestratégica en regiones clave del planeta. Desde un aspecto puramente militar, China necesita la vía terrestre de la seda para su comercio, ya que el estrecho de Malaca -por donde transitan el 85 por ciento de sus importaciones y el 80 por ciento del petróleo que consume- es muy vulnerable en una situación de crisis ante un eventual ataque de la Marina estadounidense.

Por otra parte, el hecho de que China sea prácticamente el mayor socio comercial de Alemania, explica por qué la canciller Angela Merkel mantiene una postura equidistante en la crisis de Ucrania que enfrenta a Estados Unidos y Rusia.

Ya no es solo que Alemania necesite el gas ruso para su industria y hogares; cuenta, y mucho, que el territorio ruso es lugar de paso para la “Nueva Ruta de la Seda”.

Analistas europeos resaltan que Alemania y China representan las dos locomotoras económicas en cada extremo del corredor, lo cual hace indispensable la cooperación entre Berlín y Moscú.

París es el primer interesado en apoyar la ampliación, tanto porque beneficiaría a la economía gala como porque permitiría a Francia recuperar parte de la influencia perdida en las últimas décadas.

Para España la “Nueva Ruta de la Seda ampliada al Mediterráneo” no solo representaría una inyección permanente a nuestra economía, sino que haría realidad el viejo sueño de la “conexión” entre Europa y África mediante un puente de circulación mixta (tren y vehículos) por el estrecho de Gibraltar.

En un mundo globalizado todas y cada una de las piezas del gran juego que las grandes potencias llevan a cabo tienen valor por sí mismas. Grecia es una nación estratégica para Europa, Estados Unidos, Rusia y China… Bruselas se juega un cambio geoestratégico de consecuencias impredecibles en su negociación con Atenas. Parar el reloj antes del 5 de junio y seguir negociando sería la solución más inteligente. Confiemos que los políticos implicados estén a la altura del momento histórico.
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