Lula y su Partido de los Trabajadores presentan la elección como una batalla por la democracia. Sostienen que la condena de Jair Bolsonaro por planear un golpe demuestra que el bolsonarismo representa una amenaza para las instituciones democráticas de Brasil.
Durante el último mandato de Lula, las relaciones con Trump han sido tensas. Lula ha defendido que Brasil no debe quedar bajo la influencia de ningún otro país, en una aparente alusión a la Doctrina Donroe, como Trump ha denominado a la estrategia de seguridad nacional de su Administración, que sostiene que no debe interferirse en el predominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental.
Bolsonaro, por su parte, afirma que colaborar con Washington para combatir a las poderosas bandas criminales —que ejercen una gran influencia en algunas zonas de Brasil— permitiría restablecer la soberanía del Estado en los territorios controlados por estos grupos.
Los mensajes de campaña y la noche electoral
Bolsonaro también ha acusado de corrupción al Partido de los Trabajadores y ha recordado los grandes escándalos financieros que afectaron al partido durante años y que han alejado a muchos votantes.
Lula prevé seguir los resultados el domingo por la noche desde São Paulo. Bolsonaro tiene previsto hacerlo desde Brasilia, la capital, donde su padre se encuentra bajo arresto domiciliario.