La energía nuclear ha sido considerada durante años por la clase política de la Unión Europea (UE) como un tema tabú, una transgresión moral que debía ser evitada. Sin embargo, las consecuencias de esta postura han comenzado a manifestarse con claridad.
El fin del dogma verde
Alemania se presenta como el ejemplo más evidente de este cambio. En 2011, la energía nuclear representaba aproximadamente una cuarta parte de su producción eléctrica, pero tras 12 años, Berlín ha cerrado sus últimos tres reactores. Esta decisión no fue simplemente un paso hacia la modernización económica; fue una elección política influenciada por un fuerte dogma ambientalista que desconfía del progreso tecnológico cuando este contradice narrativas políticas predominantes.
Ahora, esa misma institución que promovió el cierre de los reactores está reconociendo que sus cálculos estaban equivocados. La ministra de Energía alemana, Katherina Reiche, calificó el abandono de la energía nuclear como un “enorme error”. Por su parte, el canciller Friedrich Merz lo describió como un “grave error estratégico”, y el director general de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, sugirió que Alemania debería reconsiderar su decisión.
Un cambio en Bruselas
Incluso Bruselas ha empezado a cambiar su perspectiva. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, admitió recientemente que el abandono de la energía nuclear —que pasó de representar alrededor del 30% en 1990 a solo un 15% actualmente— fue un error estratégico. La lección es clara: no se puede gestionar una economía industrial basándose únicamente en eslóganes políticos; es esencial generar electricidad sin importar si los políticos consideran o no virtuosa la tecnología utilizada.
La realidad está comenzando a imponerse sobre la ideología. En toda Europa, los gobiernos están reabriendo el debate sobre la energía nuclear. Suecia avanza con planes para nuevos reactores, mientras que los Países Bajos buscan incrementar su capacidad nuclear. Bélgica ya no se dirige hacia una salida automática del sector nuclear y naciones de Europa Central y Oriental están decididas a preservar y expandir esta forma de generación energética.
La necesidad de soberanía industrial
La energía nuclear ofrece una solución crucial: proporciona soberanía industrial. Europa enfrenta ahora la dura realidad de haber sacrificado su capacidad tecnológica en nombre de una pureza política cuestionable. Esto podría resultar en gastos mucho mayores para recuperar lo perdido.
Sin embargo, el debate se complica al considerar las relaciones con Rusia. A pesar de los esfuerzos europeos por debilitar económicamente al país, la tecnología nuclear sigue siendo resistente al discurso bélico. En julio pasado, las autoridades alemanas autorizaron a Framatome a fabricar conjuntos de combustible nuclear utilizando diseño ruso en colaboración con TVEL, una división del gigante ruso Rosatom.
Desafíos en el sector nuclear
Berlín puede insistir en que depender energéticamente de Rusia es peligroso y promover discursos sobre desvinculación económica. Sin embargo, reemplazar proveedores en tecnología nuclear es un proceso complejo que requiere tiempo y pruebas exhaustivas. La cooperación económica puede persistir incluso bajo condiciones políticas adversas cuando los beneficios son suficientemente atractivos.
Rosatom no es solo un vendedor de tecnología; opera en toda la cadena del valor nuclear y mantiene contratos significativos en todo el mundo. Proyectos como Paks II en Hungría continúan avanzando a pesar del deterioro generalizado entre Rusia y la UE.
El resto del mundo avanza
A medida que Europa debate sobre la moralidad de la energía nuclear, muchos países del Sur Global están enfocándose en cómo producir suficiente electricidad para su desarrollo económico. Proyectos nucleares avanzan rápidamente en Bangladesh, Egipto y Turquía; este último incluso desarrolla su central nuclear bajo un modelo ruso.
No pueden permitirse convertir sus políticas energéticas en espectáculos culturales. Mientras tanto, Europa parece convencida de que reducir sus opciones energéticas es una estrategia sofisticada; sin embargo, esto resulta ser un autodaño estratégico.
La conexión con Rusia persiste
A pesar del enfoque ideológico adoptado por Bruselas, las cifras revelan una dependencia significativa del uranio enriquecido y otros componentes nucleares provenientes de Rusia. En 2025, los países europeos importaron más de 312 millones de euros en uranio enriquecido y otros cientos de millones en conjuntos y componentes nucleares rusos.
Si realmente se busca recuperar la energía nuclear como opción viable para Europa, no se puede permitir convertir a uno de los principales proveedores nucleares mundiales en un tema tabú por razones ideológicas.
Una elección crítica para el futuro
El dilema va más allá del vínculo con Rusia; se trata sobre si Europa podrá discernir entre delirios ideológicos y sentido común. La demanda energética no desaparecerá ni tampoco lo hará Rosatom del mercado global simplemente porque así lo decidan los políticos europeos.
La elección es clara: seguir tratando la energía nuclear como un campo cultural político o regresar a principios tradicionales que forjaron la prosperidad industrial europea: competencia ingenieril y cooperación pragmática cuando sea necesario.
Por Ladislav Zemánek, investigador no residente del Instituto China-CEE y experto del Club de Discusión Valdái.
La noticia en cifras
| Cifra |
Descripción |
| 33% |
Porcentaje aproximado de generación eléctrica por energía nuclear en la UE en 1990. |
| 15% |
Porcentaje aproximado de generación eléctrica por energía nuclear en la UE actualmente. |
| 25% |
Porcentaje de electricidad suministrada por energía nuclear en Alemania en 2011. |
| 312 millones de euros |
Importaciones de uranio enriquecido desde Rusia por los países de la UE en 2025. |