La historia de Diego Alexander Ruiz Restrepo, conocido como ‘El psicópata de Meiggs’ o ‘El asesino de Estación Central’, se entrelaza con el contexto de la pandemia del coronavirus, un periodo en el que la violencia y el deseo de matar se apoderaron de su vida. Nacido en Cali, Colombia, el 14 de marzo de 1990, Diego describió su juventud como «alegre, buena, sana y feliz», una afirmación que contrasta drásticamente con los crímenes que cometió en Santiago, Chile.
Creció bajo el cuidado de sus abuelos tras ser abandonado por su madre a los 16 años. Desde joven, Ruiz se consideraba el «líder» de su grupo de amigos, mostrando un carisma que ocultaba un lado oscuro. Este mismo carisma no fue visto por sus ocho víctimas, siete de las cuales perdieron la vida a causa de sus ataques violentos con un cuchillo durante tres noches sangrientas.
Un cambio radical en Chile
En 2013, a la edad de 13 años, Diego llegó a Chile con su madre en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, su comportamiento cambió drásticamente; familiares y vecinos notaron una personalidad más violenta y conflictiva. A pesar de intentar integrarse en una comunidad cristiana, pronto se vio envuelto en robos y actos delictivos.
Los testimonios de quienes lo conocían revelan que Diego tenía «dos caras»: durante el día era extrovertido y amable, pero por las noches se transformaba en alguien temible. Sus conocidos lo describen como adicto al alcohol y propenso a episodios violentos. La agresividad no solo afectó a extraños; también su familia sufrió sus ataques. Su hermana llegó a solicitar una orden de alejamiento tras ser víctima de abusos sexuales por parte de él.
Perfil psicológico perturbador
Los análisis psicológicos solicitados por la Fiscalía chilena concluyeron que Diego Ruiz presentaba características típicas de un psicópata: narcisismo, manipulación y una tendencia a simular alteraciones mentales. Durante su juicio, incluso negó haber cometido los asesinatos, alegando que las víctimas se habían herido solas.
A pesar del perfil alarmante que mostraba, Ruiz continuó con sus crímenes. El 7 de marzo de 2020 perpetró su primer asesinato: Víctor Olegario Allende Salas, un hombre sin hogar al que apuñaló múltiples veces mientras dormía en una parada de autobuses.
Una serie mortal
A partir del primer ataque, pasaron ocho meses antes de que volviera a actuar. En la madrugada del 1 de noviembre del mismo año, mató a dos hombres más: Carlos Andrés Rivas Angulo, apuñalado 25 veces; y Guido Hernán Gallardo Contreras, quien también fue atacado mientras dormía en la calle.
Siete días después, Ruiz llevó a cabo uno de los episodios más brutales: atacó a cinco personas en una sola noche. Entre ellas estaban Luis Marcelo Romero Jeria, apuñalado tres veces en la cabeza; y Marcia Margot Tapia Loncon, quien recibió 28 puñaladas. La masacre culminó con el asesinato de Rodrigo Manino Carmona, quien intentó escapar pero fue alcanzado por Ruiz.
Captura y condena definitiva
Las autoridades comenzaron a investigar tras los asesinatos masivos. Gracias al análisis de cámaras de seguridad y otros elementos incriminatorios relacionados con su distintiva cojera —resultado de una fractura previa— fueron capaces de identificarlo rápidamente. El 9 de noviembre fue detenido tras confesar ante los agentes que era un «emisario de Dios» encargado de limpiar el mundo.
Casi tres años después del inicio del proceso judicial, el tribunal chileno determinó su culpabilidad por siete asesinatos y un intento fallido contra una víctima sobreviviente. El 29 de agosto del presente año, Diego Ruiz Restrepo fue condenado a presidio perpetuo calificado, la pena más severa posible en Chile. Para optar a beneficios procesales deberá cumplir al menos 40 años tras las rejas; sin embargo, se considera improbable que obtenga libertad debido a la naturaleza brutal e indiscriminada de sus crímenes.
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La noticia en cifras
| Cifra |
Descripción |
| 7 |
Número total de víctimas mortales |
| 10 |
Número de puñaladas a la primera víctima |
| 25 |
Número de puñaladas a la segunda víctima |
| 28 |
Número de puñaladas a la tercera víctima |