Si el Rey Mohamed VI no hubiese querido, las llegadas de miles de jóvenes marroquíes a Ceuta no se hubieran producido. Imposible. La policía alauita lo habría controlado con enorme facilidad. Lo ocurrido hay que verlo como un gran ensayo para una futura invasión de las dos ciudades españolas, muy parecida esta “marcha azul” a la “marcha verde” que Hassan II organizó sobre el Sáhara en 1975, recién muerto Franco y con nuestra Democracia dando sus primeros balbuceos.
Las reacciones internacionales han sido inmediatas y muy poco favorables a España. Desde la Administración Trump se acusa a nuestro Gobierno por su carácter de izquierda extremista; y desde Macron a Meloni se ha pedido una “barrera europea “ para impedir el “ contagio” migratorio, algo que en este momento no existía, ni era predecible.
En la lucha política interna las reacciones han sido contradictorias y algunas explicables por la situación personal de los dirigentes. Desde el PP se han mostrado muy prudentes, dado el carácter de “ emergencia nacional” y defensa del Estado que ha supuesto la llegada de miles de marroquíes.
La petición que ha hecho Núñez Feijóo de cierre de fronteras y envío del Ejército es un paso de tal gravedad que lo siguiente sería un posible choque militar entre las ejércitos de ambos países. Y Marruecos ha recibido material de última generación por parte de Estados Unidos. Esto no sería Perejil.
El ataque a España se explica por el deseo de Italia y Francia de cambiar la política migratoria y de ganar posiciones en el Magreb de cara al Sahel y el sur de Africa, con China creciendo en influencia y posiciones económicas e industriales por el abastecimiento de las materias primas.
Los servicios de inteligencia españoles sabían lo que iba a ocurrir. No se movilizan a miles de jóvenes por las redes sociales para que confluyan en un punto determinado de la frontera con España, en unos días tan concretos como la festividad del Rey Mohamed VI.
Lo ha dicho el propio presidente Sánchez durante su visita de apoyo a Ceuta: se ha violado la integración territorial de España. Utilizar las sentencias del Tribunal Supremo para explicar el “ efecto llamada” es una simplificación que no resiste el mínimo análisis. Los jóvenes marroquíes que han llegado a Ceuta no buscaban una situación de futuro en nuestro país, ni tampoco en el resto de Europa. Era y lo será en el futuro una jugada más de una partida de ajedrez que tiene lugar a nivel global.
Las mafias de la emigración que operan desde el norte de África necesitan para sobrevivir de protección y cooperación por una parte de los cuerpos de seguridad. Ellas no hacen “ataques a la integridad territorial”, eso lo hacen los Estados. Lo hemos visto desde hace cuatro años en Ucrania y España es un punto estratégico para la seguridad europea.