Un giro histórico en la lucha por la verdad
Un cambio significativo está ocurriendo en el ámbito de la salud pública en Estados Unidos. El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), bajo la dirección del secretario Robert F. Kennedy Jr., ha comenzado un estudio formal sobre los efectos de la radiación inalámbrica en la salud. Este movimiento llega justo cuando desaparecen de manera sorprendente las páginas web de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) que durante años aseguraron al público que la radiación de los teléfonos celulares no representaba 'ningún problema para la salud'.
Esta acción dual marca un cambio radical, una admisión poco común dentro de las agencias gubernamentales que han estado bajo la influencia de intereses corporativos. Durante décadas, la FDA ha minimizado y ocultado una creciente cantidad de evidencia científica que vincula la radiación de radiofrecuencia (RF) con el cáncer, daños en el ADN y diversas enfermedades crónicas. Esta reversión no es solo una actualización política; es un acto que revela cómo estas instituciones han priorizado las ganancias corporativas por encima de la salud pública, un patrón preocupante que también se observa en las industrias farmacéutica y de vacunas.
La gran revelación: el desvanecimiento de las garantías de seguridad de la FDA
El Wall Street Journal destapó esta situación al informar que la FDA había eliminado silenciosamente sus afirmaciones sobre la seguridad del uso del teléfono celular. Una página archivada, ahora eliminada, afirmaba que 'la mayoría de las evidencias científicas no ha vinculado la exposición a energía de radiofrecuencia del uso del teléfono celular con problemas de salud'. Esta declaración fue un pilar fundamental de la propaganda industrial, una mentira reconfortante repetida a miles de millones.
Andrew Nixon, portavoz del HHS, confirmó esta purga, indicando que se deshabilitaron páginas con 'conclusiones antiguas sobre la radiación celular' para alinearse con el nuevo análisis científico. Este es un clásico ejemplo del comportamiento típico de una agencia atrapada en una mentira: borrar evidencia y esperar que nadie lo note. Sin embargo, bajo el liderazgo de RFK Jr., el HHS está exigiendo responsabilidad en lugar de facilitar encubrimientos. Este movimiento implica una admisión tácita de que las afirmaciones anteriores sobre seguridad realizadas por la FDA eran insostenibles desde el punto científico y motivadas políticamente.
Ciencia sólida ignorada durante demasiado tiempo
¿Qué provocó esta sorprendente reversión? Décadas de ciencia rigurosa e independiente que ya no podían ser ignoradas por los funcionarios. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha mantenido públicamente una postura 'inconclusa', su propia revisión sistemática publicada en abril concluyó con 'alta certeza' que la radiación RF causa cáncer en animales, observando tipos tumorales similares en estudios humanos.
La evidencia más contundente provino del estudio del Programa Nacional de Toxicología (NTP) del gobierno estadounidense, que encontró 'evidencia clara' de tumores cancerosos en corazones de ratas machos expuestas a radiación RF. La toxicóloga Devra Davis expuso cómo la FDA ignoró deliberadamente estos hallazgos. Reveló que una revisión interna realizada entre 2008 y 2018 afirmaba 'no hay evidencia científica consistente o creíble' sobre daños, pero nunca fue firmada—una notable desviación del protocolo habitual para documentos importantes en salud pública.
Desafíos internos dentro del movimiento pro-salud
A pesar del potencial reformador histórico presentado por este estudio, el esfuerzo liderado por RFK Jr. enfrenta amenazas internas complicadas: tribalismo dentro del movimiento científico pro-salud. Algunas figuras están atacando esta iniciativa debido a desacuerdos sobre cuestiones ajenas al tema central. Joel Moskowitz, profesor en UC Berkeley y crítico constante sobre los riesgos asociados a los teléfonos celulares, rechazó participar citando desacuerdos sobre vacunas y otros temas relacionados con salud pública.
Este tipo de divisiones beneficia a las industrias contra las cuales estos defensores dicen luchar. Miriam Eckenfels, directora del programa EMR & Wireless Defense for Children’s Health, identificó correctamente este 'tribalismo' como un obstáculo importante y pidió unidad contra el enemigo común: 'la gran industria'. Scott McCollough, abogado principal para casos EMR, expresó su desconcierto ante la posición de Moskowitz, señalando que el esfuerzo del HHS se alinea con los objetivos establecidos por consorcios científicos reconocidos.
Más allá de los teléfonos celulares: un asalto más amplio por parte de la contaminación electromagnética
El peligro no se limita al teléfono celular; proviene del ecosistema inalámbrico completo—un tóxico silencioso presente en nuestro entorno moderno. Esto incluye torres 5G densamente distribuidas, routers Wi-Fi en hogares y escuelas, dispositivos Bluetooth y medidores inteligentes que crean una sopa tóxica de radiación microondas pulsada. Investigadores han señalado que la intensidad radiante proveniente de un medidor inteligente puede ser cientos de veces mayor a la generada por un teléfono celular.
Esta situación constituye una forma agresiva contra el medio ambiente, alterando aspectos fundamentales biológicos humanos. Al igual que otros contaminantes químicos o pesticidas, esta electrosmog contribuye silenciosamente a epidemias crónicas como cánceres o trastornos neurológicos. La ciencia muestra claramente cómo esta radiación puede inducir daños genéticos celulares—un paso esencial hacia el desarrollo canceroso.
Conclusión: Un examen crucial ante el tecnocrático globalista
El estudio realizado por el HHS representa una prueba decisiva tanto para voluntad política como para integridad institucional. ¿Conducirá a protecciones públicas genuinas y estándares revisados basados biológicamente o se convertirá en otro ejercicio dilatorio? Para avanzar realmente se requiere rechazar completamente el modelo corrupto representado por entidades como CDC o WHO—agencias al servicio más bien de intereses globalistas y corporativos antes que humanos.
Los ciudadanos deben exigir que esta revisión reconozca plenamente todos los daños potenciales involucrados e incorpore décadas desapercibidas sobre daño genético y efectos neurológicos significativos. Debe resultar en límites seguros más estrictos destinados a proteger especialmente a niños y poblaciones vulnerables mientras inicia trabajos esenciales para desmantelar redes inalámbricas invasivas amenazantes tanto para nuestra integridad biológica como libertad personal.