Las recientes acciones militares unilaterales de Estados Unidos en Venezuela, que culminaron con la captura del presidente Nicolás Maduro, han desatado una ola de condenas internacionales. Rusia ha calificado estas operaciones como una agresión armada y una violación de la soberanía venezolana, advirtiendo sobre las peligrosas implicaciones que este tipo de intervenciones pueden tener en el orden mundial.
Las explosiones en Caracas durante el fin de semana fueron confirmadas por el propio presidente Donald Trump como parte de una operación militar estadounidense. Este hecho ha llevado a Moscú a solicitar una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, argumentando que tal intervención no solo socava la estabilidad regional, sino que también distrae la atención de problemas internos urgentes en Estados Unidos.
Precedente peligroso
La intervención estadounidense ha sido criticada por establecer un precedente global peligroso para los cambios de régimen mediante la fuerza. Mientras que el régimen de Maduro es ampliamente considerado corrupto y represivo, muchos observadores advierten que este tipo de acciones unilaterales podrían empoderar a adversarios y desestabilizar aún más el orden internacional.
Funcionarios venezolanos han acusado a Washington de intentar apoderarse de los vastos recursos naturales del país. El ministro de Relaciones Exteriores, Yvan Gil, afirmó que Venezuela fue "atacada directamente" por Estados Unidos. Desde Moscú, se enfatizó la necesidad de mantener América Latina como una región pacífica y libre de interferencias externas.
Un aliado corrupto removido
Nicolás Maduro no es defendible; su régimen socialista ha llevado a la ruina a un país rico en recursos y ha establecido vínculos con carteles de drogas. A pesar de las acusaciones constantes del presidente Trump sobre el tráfico ilegal facilitado por el gobierno venezolano, la eliminación de Maduro se llevó a cabo sin un mandato claro o coalición regional, lo cual Rusia considera una infracción inaceptable sobre la soberanía de un estado independiente.
Este episodio refleja un patrón preocupante en las intervenciones estadounidenses. Las experiencias pasadas en Irak y Libia, presentadas como operaciones nobles para cambiar regímenes, resultaron en caos duradero y desastres humanitarios. La incertidumbre actual en Venezuela sugiere que imponer resultados por la fuerza rara vez conduce a resultados democráticos estables.
Cálculos geopolíticos y consecuencias
Para Rusia, el evento presenta una situación compleja. Venezuela había sido un aliado clave al apoyar la invasión rusa a Ucrania y participar en cooperación energética y militar. Los analistas indican que el Kremlin ahora evalúa las pérdidas frente a posibles beneficios derivados del conflicto. Esta crisis podría servir como distracción para Rusia mientras busca negociar términos favorables con Washington respecto a Ucrania.
No obstante, algunos sectores rusos ven esta operación como una oportunidad para erosionar el orden internacional basado en reglas, avanzando hacia un mundo donde prevalezca "la ley del más fuerte", un modelo que Moscú ha promovido históricamente.
Costo del exceso
Aparte del principio moral involucrado, hay costos prácticos significativos asociados con esta intervención. Se pone en evidencia la vulnerabilidad del sistema militar ruso, especialmente con los sistemas S-300 desplegados en Venezuela que no lograron detener la operación estadounidense. Además, Moscú podría perder miles de millones en préstamos impagos a Caracas.
Más críticamente, el acceso estadounidense a las enormes reservas petroleras venezolanas podría afectar los precios globales del petróleo, amenazando así una fuente clave de ingresos para Rusia. Como indicó el multimillonario ruso Oleg Deripaska, si Estados Unidos controla el petróleo venezolano, su objetivo podría ser limitar los precios del crudo ruso.
A pesar de su indignación pública, la respuesta rusa ha sido moderada. En medio del conflicto en Ucrania, Rusia carece tanto de capacidad como de voluntad para desafiar abiertamente a Estados Unidos en su propio hemisferio. Los analistas sugieren que mantener relaciones con Trump respecto a Ucrania probablemente tiene mayor peso para Moscú que el destino político de Caracas.
A lo largo de su historia, la fortaleza estadounidense se ha basado en su autoridad moral y alianzas estratégicas, no en actuar como un vigilante unilateral. Este exceso solo exacerba divisiones globales y valida las acusaciones más severas formuladas por sus adversarios. Es crucial redirigir nuestra atención hacia la reconstrucción interna: nuestra infraestructura, economía y tejido social deben ser prioritarios sobre conflictos prolongados y legalmente cuestionables en el extranjero.
Fuentes consultadas: