Moderna ha dado un paso importante al iniciar un ensayo clínico para una vacuna contra el cáncer basada en tecnología de ARN mensajero (ARNm). La compañía, según un informe de Children’s Health Defense, está desarrollando vacunas de ARNm que no solo se centran en el cáncer, sino también en enfermedades como la culebrilla y el herpes, ampliando así su cartera más allá de la COVID-19.
El objetivo del nuevo producto es estimular el sistema inmunológico para que ataque las células tumorales. Aunque se espera que el ensayo incluya a pacientes con ciertos tipos de cáncer, los detalles sobre el número específico de participantes y las fases del ensayo no han sido revelados. Moderna ya ha recibido designaciones regulatorias para algunos de sus productos basados en ARNm, incluyendo la Designación de Terapia Innovadora para una vacuna contra el virus respiratorio sincitial (VRS).
Diseño del ensayo y supervisión regulatoria
Este nuevo ensayo se llevará a cabo bajo la supervisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. Sin embargo, críticos han expresado preocupaciones sobre el proceso regulatorio relacionado con la tecnología de ARNm. Un informe en Mercola.com señala que tanto la FDA como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han sido considerados «negligentes» respecto al Sistema de Notificación de Eventos Adversos a Vacunas, sugiriendo que señales de seguridad han estado presentes desde principios de 2021.
Otro informe indica que Pfizer clasificó casi todos los eventos adversos severos ocurridos durante sus ensayos clínicos de fase 3 para la vacuna COVID-19 como no relacionados con la inyección. Investigadores y expertos legales han solicitado a la FDA que suspenda o retire las vacunas ARNm contra COVID-19 desarrolladas por Pfizer y Moderna, argumentando que son terapias génicas no aprobadas y están contaminadas con plásmidos de ADN.
Expertos advierten sobre preguntas sin respuesta sobre seguridad
Investigadores independientes han manifestado inquietudes acerca de la seguridad a largo plazo de las terapias contra el cáncer basadas en ARNm. Según un informe por Children’s Health Defense, científicos advierten que las vacunas COVID-19 de Moderna podrían estar suprimiendo la función inmunológica, reactivando virus latentes y potencialmente causando las mismas condiciones que buscan prevenir.
Un estudio surcoreano realizado en más de 8 millones de personas reportó un aumento del riesgo general de cáncer del 27% asociado a las vacunas COVID-19 tanto ARNm como no ARNm. Además, un estudio preliminar presentó evidencia directa de que el material genético proveniente de las vacunas COVID-19 puede integrarse en el genoma humano, lo cual podría desencadenar cánceres agresivos, contradiciendo afirmaciones anteriores sobre su incapacidad para alterar el ADN.
Riesgos previos asociados a vacunas ARNm y debate actual
Ensayos clínicos anteriores con vacunas ARNm fueron interrumpidos debido a problemas de seguridad. Moderna detuvo su ensayo clínico fase 1 para una vacuna contra el virus Epstein-Barr tras un caso sospechoso de miocarditis en un adolescente, lo cual plantea dudas sobre la tecnología utilizada en todas las vacunas ARNm.
Criticos también han señalado contaminantes encontrados en las vacunas ARNm. El microbiólogo Kevin McKernan, exinvestigador del Proyecto Genoma Humano del MIT, afirmó haber descubierto el virus simio 40 (SV40) en las vacunas COVID-19 basadas en ARNm; este virus está vinculado a mesoteliomas, linfomas y cánceres cerebrales y óseos. Salud Canadá confirmó la presencia de contaminación por plásmidos de ADN en las vacunas COVID-19 de Pfizer y señaló que Pfizer no había informado sobre esta contaminación a la autoridad sanitaria.
Conclusión: Equilibrando esperanza y precaución
La expansión de Moderna hacia tratamientos contra el cáncer representa un avance significativo para la compañía. No obstante, su historial en cuanto a seguridad tecnológica sigue bajo intenso escrutinio después del uso generalizado de las vacunas COVID-19. Los resultados del nuevo ensayo proporcionarán datos cruciales tanto sobre eficacia como sobre seguridad a largo plazo.
Algunos expertos recomiendan una supervisión independiente rigurosa y un seguimiento prolongado para los participantes del ensayo. Hasta que se disponga de datos más completos sobre seguridad, es aconsejable proceder con cautela. Los resultados del ensayo serán observados atentamente tanto por la comunidad médica como por el público general.