www.mil21.es

Del kaos al logos

Cuando despierta la consciencia de un ser humano, a lo que se encuentra delante y formará todo su entorno le denominamos, Naturaleza, o La Vida. Lo que no sabe ese ser pensante, hasta que sea formado en ello, es que él ya es esa Naturaleza y forma parte de esa, Vida. Esta ya le creó a él sin que tuviese la más mínima participación en ello. Su cuerpo, su mente y toda su existencia es una forma más de esa naturaleza, y creada exclusivamente por ella.

En el avance de la Consciencia Humana se produjo un importante salto cuando logró entenderse intelectualmente la constante pugna de fuerzas que representan las interminables dualidades: Frío-calor, noche-día, sístole-diástole, expansión-contracción.

Ya sabemos que es la fuerza de la Gravedad de cualquier planeta la que presiona a los planetas inferiores que alcanza en su órbita, y les obliga a girar a su alrededor y a no poder seguir desplazándose en el espacio. A esta Fuerza es a la que denominamos, “Presión”. Porque obliga, siempre contra la directa voluntad, a realizar lo que uno no quiere, y producto de esa presión ajena gira, física o psicológicamente, atrapado bajo la voluntad de otro.

El viejo logos que trataba de dar orden al mundo, y que triunfó hasta nuestro tiempo, fue el de líderes carismáticos que aportaron nuevas ideas o elaboraron libros que marcaron el paso a todos sus seguidores. Hablamos de La Biblia, El Corán, Los libros de los Vedas, Confucio, Buda, o más recientemente, Karl Marx y sus libros, El Capital, y El Manifiesto Comunista.

Si pretendemos hablar de una ciencia para gobernar hemos de comenzar por ser humildes y proclamar a los cuatro vientos: “No tenemos la más somera idea”.

Una vez que comienza la vida sedentaria, y el funcionamiento ordinario de las ciudades, una de las primeras necesidades que se le presenta a la humanidad, ante su deseo de poner orden en su entorno, es establecer unas medidas regulares para el comercio.

En ese afán por ordenar el mundo hostil que tenían enfrente, los mejores pensadores que alcanzaron las reflexiones más profundas y completas, idearon en base a los pequeños conocimientos de los que disponían de toda la naturaleza y de ellos mismos como componentes de la humanidad, un conjunto de teorías, reglas y ritos que según su mejor criterio serían los que mejor ordenarían la vida social tanto individual como colectiva. A eso le llamamos, las Grandes religiones.

Desde el mismo momento que despertó la conciencia humana su primer deseo fue intentar aplicar el mejor Orden posible al tremendo Kaos que tenía enfrente.

Una vez estudiada la Presión, que es la fuerza externa sobre algo o alguien, ahora nos toca estudiar el efecto que provoca esa fuerza en el presionado. Esta siempre le genera una Tensión. Por ejemplo, la que ejerce el Sol sobre todo objeto o planeta que atrape en su órbita, este necesariamente sufrirá… Tensión. El planeta atrapado sufre, siente, experimenta esa fuerza sobre él, gira atrapado bajo la voluntad de otro. Toda su vida, mientras dure esa situación de fuerzas o fuerzas ajenas, vivirá en constante tensión.

Ya disponemos de un conocimiento general: todo lo existente no son más que equilibrios, y además con estas características: Relativos, Subjetivos y Circunstanciales.

El primer gran criterio para el mejor funcionamiento de un Grupo Social Organizado (estado) es el de, Equilibrio.

Fue nuestro profeta, Aristóteles, el que comenzó a escribir sobre política. ¿Qué era para Él y sus contemporáneos la Política? Una ciencia que fuese acumulando conocimientos y después enseñase a los seres humanos a gobernar de forma técnica sus ciudades, (Polis = Ciudad), de ahí lo de Política y políticos.

En todas las ocasiones en que se suscita una tertulia informal acerca de nuestras creencias, me encuentro habitualmente con varios interlocutores que al decirles que ni eres Cristiano ni marxista, o ni Liberal, te preguntan con cierto asombro… ¿Entonces, tú en qué crees?

Ya es conocido que diversas religiones, tan antiguas como las nacidas de los libros Veda, hace más de tres mil años, han dejado claro, pero en forma de creencia, que todos los seres humanos éramos la misma Especie, y que todos nacimos hijos de la misma Madre tierra.

Mientras la humanidad, en su visión de especie, actuó con mirada y ensoñación infantil, lo hizo al amparo de sus dioses. El ser humano por sí mismo no podía conocer ni decidir nada…