El Waraira Repano, la cordillera que separa a Caracas de La Guaira y conocida popularmente como cerro Ávila, fue objeto de una inquietante predicción: su desaparición. Esta leyenda urbana, que paralizó a la capital venezolana, surgió mucho antes de la era de las redes sociales. Aunque no se conoce su origen exacto, diversos medios locales han documentado el fenómeno que tuvo lugar en la década de 1970.
El 28 de agosto de 1977, los rumores sobre un inminente apocalipsis se propagaron rápidamente por Caracas. Las historias variaban desde afirmaciones de que el Ávila "se iba a abrir" hasta la creencia de que el agua del mar invadiría la ciudad, arrasando con todo a su paso. A pesar de los esfuerzos mediáticos por calmar los ánimos, la histeria colectiva se apoderó de los ciudadanos.
Un día desierto en Caracas
Documentos escritos y fotografías de aquel día revelan que Caracas se convirtió en una ciudad fantasma el 28 de agosto de 1977. Muchos habitantes abandonaron la capital, mientras que otros optaron por permanecer en sus hogares, contribuyendo al ambiente desolador.
A pesar de que las calles permanecieron tranquilas y nada extraordinario ocurrió, la anécdota del pánico generado por información falsa perdura en la memoria colectiva. Este episodio es recordado incluso hoy por muchos venezolanos.
Recuerdos del pánico colectivo
Un usuario en redes sociales compartió su experiencia: “Nosotros nos fuimos con mi mamá y mis tíos a San Antonio de los Altos, donde teníamos unos amigos italianos. Recuerdo pasar la noche en vela en la calle esperando el acontecimiento”. Otro comentario reflejó: “Ese año hubo un gran éxodo, pero gracias a Dios no sucedió lo que se anunciaba”.
El diario 2001, fundado poco tiempo antes del evento, dedicó su portada del 29 de julio de 1977 a lo sucedido o más bien a lo que no sucedió. “Preocupó al mundo el falso cataclismo que según rumores debía destruir a Caracas ayer”, informaba el titular. La redacción del periódico recibió numerosas llamadas de medios internacionales interesados en saber si Caracas aún existía tras las alarmantes predicciones.
Así transcurrieron unas 24 horas llenas de ansiedad y expectativa infundada entre los caraqueños.