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Japón cambia su enfoque energético, priorizando la seguridad sobre el clima

Energía Japón

OpenAI | Lunes 20 de julio de 2026

Japón ha anunciado un cambio de política que prioriza la seguridad energética sobre los objetivos climáticos, enfatizando el uso de energía nuclear y carbón para asegurar un suministro estable. Este giro incluye el reinicio de reactores nucleares inactivos y una expansión en el uso de combustibles fósiles, citando la asequibilidad energética y la seguridad nacional como motivaciones clave. La nueva estrategia se aleja de compromisos anteriores para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Este enfoque también refleja una tendencia entre las naciones del G7, que han comenzado a priorizar la seguridad energética ante desafíos globales. Los críticos, incluidos grupos ambientalistas, han calificado este movimiento como un retroceso peligroso en los esfuerzos por combatir el cambio climático.



Japón ha anunciado un cambio significativo en su política energética, priorizando la generación de energía confiable a partir de fuentes nucleares y carbón sobre los compromisos previos de descarbonización. Esta decisión fue comunicada el pasado 15 de julio por funcionarios del gobierno, quienes argumentan que la asequibilidad energética y la seguridad nacional son los principales impulsores detrás de esta estrategia.

El nuevo enfoque incluye el reinicio de reactores nucleares inactivos y una expansión en el uso de combustibles fósiles. Este giro se aleja de las promesas anteriores de Tokio, que buscaban eliminar gradualmente el carbón, limitar las operaciones de las plantas de carbón al 50% de su capacidad y lograr una reducción del 60% en las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, como parte del objetivo hacia la neutralidad de carbono para 2050.

Cambio en el contexto global

Este cambio en la política energética se alinea con una tendencia más amplia entre los países del Grupo de los Siete (G7). Durante la cumbre celebrada en junio en Evian-les-Bains, Francia, los miembros del G7 priorizaron la seguridad energética y la estabilidad de la cadena de suministro de combustibles fósiles por encima de plazos agresivos para la reducción de emisiones.

Desde el desastre nuclear de Fukushima en marzo de 2011, Japón ha cerrado sus 54 reactores nucleares y ha aumentado su dependencia del gas natural licuado (GNL) importado y del carbón para satisfacer la demanda eléctrica. Esto ha llevado a un aumento significativo en los costos energéticos y a vulnerabilidades en el suministro.

Desafíos tras Fukushima

En Japón, un país densamente poblado, no hay suficiente espacio para basar la mayoría del suministro energético en fuentes renovables. En octubre de 2025, Japón reafirmó su compromiso con la compra de GNL del proyecto Sakhalin-2 en Rusia, a pesar de las presiones estadounidenses, citando prioridades relacionadas con la seguridad nacional y la estabilidad económica.

Además, en diciembre de 2025, la asamblea prefectural de Niigata votó a favor del reinicio de la planta nuclear Kashiwazaki-Kariwa, la más grande del mundo. Esta decisión eliminó un obstáculo político que había impedido su operación desde el desastre mencionado anteriormente.

Justificación oficial

Los funcionarios gubernamentales han declarado que es necesario contar con energía asequible y estable para fomentar el crecimiento económico y garantizar la seguridad nacional. El Plan Básico Energético revisado prevé que la energía nuclear proporcione una parte sustancial del suministro eléctrico japonés para 2030.

Japón, junto con Estados Unidos y Corea del Sur, firmó un Memorando Trilateral de Cooperación durante la cumbre de la OTAN en Ankara, enfocado en acelerar el despliegue de reactores modulares pequeños debido a necesidades relacionadas con la seguridad energética. Esta iniciativa refleja un esfuerzo más amplio por asegurar cadenas de suministro tecnológicas nucleares independientes de Rusia y China.

Reacciones ante el cambio

Grupos ambientalistas han criticado esta decisión. Greenpeace Japón calificó este giro como "un paso peligroso hacia atrás". La transición hacia el carbón y lo nuclear ocurre en medio de un aumento global en la demanda por carbón impulsada por interrupciones en el suministro desde Oriente Medio.

A medida que los precios del petróleo superaron los $100 por barril debido a conflictos regionales, las economías dependientes de estas fuentes energéticas enfrentan nuevos desafíos. Las exportaciones de carbón hacia Corea del Sur, Japón y la Unión Europea aumentaron un 27% en abril respecto al año anterior.

Perspectivas futuras

La estrategia energética adoptada por Tokio podría influir en otras economías asiáticas que enfrentan desafíos similares relacionados con su seguridad energética. Estados Unidos y Japón han establecido un pacto estratégico sobre minerales raros y componentes críticos para semiconductores y reactores nucleares avanzados.

El gobierno japonés planea acelerar los permisos para nuevos terminales LNG y plantas alimentadas con carbón mientras continúa revisando las medidas de seguridad para sus reactores. Sin embargo, queda por ver si Japón podrá equilibrar su necesidad de confiabilidad energética con su compromiso hacia una meta neta cero para 2050.

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