Meta ha patentado un sistema que utiliza inteligencia artificial para simular a usuarios fallecidos en redes sociales, generando publicaciones y mensajes en su voz a partir de su actividad pasada. Esta tecnología ha suscitado preocupaciones éticas sobre la "resurrección digital", aunque Meta afirma no tener planes de implementarla. La patente revela un interés financiero por mantener activos los perfiles de usuarios muertos, lo que podría aumentar la recopilación de datos y los ingresos publicitarios. Expertos advierten que estas simulaciones podrían interferir con el proceso de duelo, planteando preguntas sobre los límites entre innovación y explotación en el uso de la IA.
Meta ha patentado un sistema que utiliza inteligencia artificial para simular a usuarios fallecidos, generando publicaciones, comentarios y mensajes en su voz, entrenados con base en su actividad pasada. Esta innovadora propuesta ha suscitado preocupaciones éticas en torno a lo que algunos denominan «resurrección digital».
A pesar de poseer la patente, liderada por el CTO Andrew Bosworth, Meta ha declarado que no tiene planes de implementar esta función, aunque la tecnología ya existe y se alinea con tendencias más amplias en el ámbito del «tecnología del duelo». La patente también revela los incentivos financieros de la compañía: mantener las cuentas de los usuarios fallecidos «activas» para impulsar la recolección continua de datos y los ingresos publicitarios, aprovechando incluso la muerte para obtener beneficios.
Expertos advierten que las simulaciones de IA podrían interferir con el proceso saludable del duelo. Críticos como el sociólogo Joseph Davis argumentan que el duelo requiere aceptar la pérdida y no evitarla a través de interacciones artificiales. La patente pone de manifiesto los límites incontrolados de la IA, obligando a la sociedad a reflexionar sobre dónde trazar la línea entre innovación y explotación, así como entre preservación de recuerdos y distorsión de la realidad.
La patente describe un sistema donde un modelo de IA podría «simular al usuario cuando este está ausente del sistema de redes sociales, por ejemplo, cuando se toma un largo descanso o si el usuario ha fallecido». Este modelo podría generar automáticamente publicaciones, "me gusta", comentarios e incluso mensajes privados, planteando profundas preocupaciones éticas.
Aunque Meta sostiene que no tiene intención de avanzar con esta idea, la patente resalta una tendencia creciente en el sector del «tecnología del duelo», donde se utilizan herramientas digitales para recrear voces y personalidades de personas fallecidas. Ya existen startups que ofrecen servicios para interactuar con réplicas digitales de seres queridos perdidos, desdibujando la línea entre memoria y simulación.
Más allá de las cuestiones filosóficas, la patente también refleja una fría realidad comercial: las cuentas inactivas no generan engagement. Facebook alberga millones de perfiles inactivos pertenecientes a usuarios fallecidos. La actividad generada por IA podría mantener estas cuentas «vivas», asegurando así una recolección continua de datos y generación de ingresos publicitarios.
No todos los expertos están convencidos de que las simulaciones AI sean beneficiosas. Joseph Davis advierte que el proceso del duelo implica enfrentar la pérdida y no evadirla. En sus palabras: «Una de las tareas del duelo es confrontar la pérdida real; dejemos que los muertos descansen en paz».
En una entrevista reciente, Mark Zuckerberg reconoció ambos lados del debate sobre este tema. Mientras que las interacciones con representaciones digitales de seres queridos pueden ofrecer consuelo, también admitió que «probablemente hay un límite en el cual esto puede volverse poco saludable».
La patente abandonada por Meta es un recordatorio claro del rápido impacto que la IA está teniendo en experiencias humanas tan íntimas como la muerte y el luto. Aunque la compañía ha decidido dar un paso atrás respecto a las simulaciones post-mortem, las implicaciones más amplias persisten. A medida que avanza la IA generativa, la sociedad debe enfrentarse a cómo establecer límites entre innovación y explotación—entre preservar recuerdos y distorsionar realidades.
Por ahora, los muertos pueden descansar en paz digitalmente. Sin embargo, conforme avanza la inteligencia artificial, persiste una inquietante pregunta: ¿Cuánto tiempo pasará antes de que se difuminen las fronteras entre vida y más allá?