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Gangs de contrabando en el Canal utilizan 'mega-dinghies' ante restricciones a pequeñas embarcaciones

Gangs de contrabando en el Canal utilizan 'mega-dinghies' ante restricciones a pequeñas embarcaciones

jueves 03 de septiembre de 2026, 13:20h

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Las bandas de contrabando en el Canal de la Mancha han comenzado a utilizar "mega-dinghies" debido a una mayor presión policial que limita el uso de embarcaciones pequeñas. En Gravelines, los migrantes enfrentan condiciones difíciles mientras esperan oportunidades para cruzar hacia el Reino Unido. La vigilancia ha llevado a que las operaciones se realicen durante el día, lo que complica aún más la situación. Los migrantes, muchos de ellos en condiciones precarias, deben lidiar con un entorno hostil y la constante amenaza de ser detenidos. La situación refleja una creciente tensión entre los esfuerzos por controlar la inmigración y las desesperadas circunstancias de quienes intentan cruzar.

En Gravelines, la escena que se presenta es de dejadez y agotamiento. Un niño pequeño, casi sin fuerzas, es llevado por un adulto hacia un policía, quien lo reanima con un leve movimiento. A pocos metros, varios hombres lanzan sus cañas de pescar a las aguas cada vez más turbulentas. Es plena temporada vacacional, pero los transeúntes apenas prestan atención a los migrantes desalentados que regresan a la playa.

Anteriormente, las organizaciones delictivas solían lanzar embarcaciones en plena noche. Sin embargo, tras el aumento de patrullas policiales, ahora optan por hacerlo durante el día. Según informan los trabajadores humanitarios, este cambio les permite coordinar mejor el embarque y hace que la llegada de las lanchas-taxi sea más lenta.

Una mujer que se encontraba en la playa con su hija reflexiona sobre la situación: “Te sientes culpable al disfrutar del mar mientras estas familias enfrentan situaciones tan terribles”. Ella admite que es habitual ver a personas intentando cruzar el canal desde la orilla. “Es como vivir en dos mundos paralelos que no tienen nada que ver entre sí; es realmente extraño”, añade.

Nuevas tácticas de los migrantes

Los migrantes que permanecen en la zona esperan pacientemente su próxima oportunidad, conforme a lo acordado con las mafias. Sin embargo, debido a una vigilancia más estricta, esos tiempos de espera se han extendido de días a semanas o incluso meses.

Además, deben esperar condiciones climáticas favorables: el viento debe ser inferior a 5 nudos y las olas no pueden superar los 0.8 metros para que una pequeña embarcación tenga posibilidades de cruzar con éxito.

Para mejorar sus posibilidades de evitar ser detectados y acercarse a una lancha-taxi, los migrantes están optando por dormir más cerca de la playa, en bosques o entre las dunas, en lugar de en los campamentos más grandes donde podrían acceder a servicios básicos como agua o medicinas.

Confrontaciones con los traficantes

Al llegar al mayor asentamiento en Loon-Plage, cerca de Dunkerque, nos encontramos directamente con los traficantes de personas. En medio del intenso calor bajo una carpa donde se pueden cargar dispositivos electrónicos, conocemos a dos jóvenes egipcios visiblemente cansados y desanimados. Han estado viviendo en condiciones deplorables durante meses y han intentado cruzar varias veces sin éxito.

"La policía nos impidió salir y destruyó las embarcaciones", relata uno de ellos. Su objetivo es llegar al Reino Unido para trabajar y obtener documentos legales.

Una joven sudanesa y un hombre afgano también comparten su experiencia tras haber intentado cruzar decenas de veces. Aunque hemos visitado el campamento en varias ocasiones durante el último año, esta vez se percibe una inquietud palpable entre los migrantes.

Aumento de la tensión

Las fuerzas antidisturbios habían desmantelado tiendas en esa misma semana y el día anterior alrededor de 400 migrantes fueron obligados a regresar después de que varios incendios estallaran en el bosque cercano a Hardelot mientras esperaban una lancha-taxi.

La frustración tanto entre migrantes como entre las mafias es evidente; la presencia de nuestra cámara provoca reacciones agresivas. Tras acordar dejar de filmar, un traficante intenta arrebatar nuestro equipo y comienza a lanzar piedras desde corta distancia, golpeando a nuestro camarógrafo justo encima del ojo.

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