Hay momentos en los que la política española parece volver sobre sus propios pasos. Las últimas actuaciones judiciales, y muy especialmente las que dirige Santiago Pedraz desde la Audiencia Nacional, tienen un aire inevitablemente conocido: recuerdan al final del felipismo, cuando los sumarios, las detenciones, los registros y las declaraciones ante el juez Baltasar Garzón fueron estrechando el cerco sobre el poder socialista de entonces.