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Federico, repartidor en silla de ruedas, lucha por su independencia económica
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Federico, repartidor en silla de ruedas, lucha por su independencia económica

jueves 07 de mayo de 2026, 20:07h

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Federico, un hombre de 39 años con discapacidad motriz, trabaja como repartidor en silla de ruedas en San Fernando, Buenos Aires. Desde hace dos meses, realiza entregas diarias durante once horas para poder cubrir sus gastos y ayudar a su madre. A pesar de su esfuerzo y experiencia laboral previa, enfrenta prejuicios que dificultan su búsqueda de empleo estable. Utiliza una 'handbike' para facilitar su movilidad y ha encontrado en este trabajo una forma de socializar y sentirse útil. Federico sueña con un futuro laboral más seguro que le permita disfrutar de una vida independiente.

Federico, un hombre de 39 años que reside en Victoria, San Fernando, enfrenta la vida desde una silla de ruedas debido a una discapacidad motriz congénita. Desde hace dos meses, ha encontrado en el trabajo como repartidor su única vía para subsistir, dedicándose a esta labor seis días a la semana durante once horas diarias. Esta decisión le ha permitido cubrir sus gastos básicos y contribuir a su hogar.

El inicio de esta nueva etapa laboral se produjo tras una conversación con un amigo que también utiliza silla de ruedas y que le compartió su experiencia trabajando para una plataforma de entregas. “Pensé que estaba loco”, recuerda Federico sobre su reacción inicial ante la idea.

Desafíos laborales

La búsqueda de empleo ha sido complicada para Federico. A pesar de haber enviado currículos durante cuatro años a diversas empresas, no ha conseguido un trabajo más acorde con sus habilidades e intereses, especialmente en el área de atención al cliente. “Cuando voy a una entrevista laboral, piensan que no puedo hacer nada porque tengo una discapacidad”, explica.

Actualmente vive con su madre, quien trabaja cuidando niños y también se dedica a conducir para plataformas como Didi y Uber. “Económicamente dependo de mi mamá”, admite con sinceridad.

“Antes de ver qué es realmente lo que puedo hacer y lo que no, ya tienen su opinión formada”

Aparte del trabajo de repartidor, Federico realiza reparaciones de celulares desde su hogar, aunque este emprendimiento apenas le proporciona ingresos significativos. Recibe una pensión por discapacidad de 345.000 pesos (aproximadamente 247 dólares) y cuenta con una beca deportiva de 70.000 pesos (50 dólares) por participar en el baloncesto adaptado. Sin embargo, estos ingresos son insuficientes para vivir independientemente.

Pese a los obstáculos

A lo largo de los últimos cuatro años, las entrevistas laborales han sido breves y desalentadoras. “Las entrevistas que tuve no duraron más de diez minutos. Antes de empezar, ya me habían descartado”, señala Federico mientras reflexiona sobre los prejuicios que enfrenta debido a su condición. “Apenas me ven, piensan que no voy a poder hacer el trabajo porque uso silla de ruedas”, lamenta.

El impacto del rechazo es palpable; muchas veces sabe que ni siquiera será considerado para una entrevista solo por su apariencia. “Lo veo en las actitudes, en los gestos de la cara. No me consideran seriamente porque ven que estoy en silla de ruedas”, afirma.

“No quiero estar todo el día en mi casa mirando la tele. El trabajo me da la posibilidad de relacionarme con la gente”

La inspiración llegó cuando su amigo Leo comenzó a trabajar como repartidor. Ambos comparten la experiencia del baloncesto adaptado y utilizan una 'handbike', un accesorio eléctrico para sillas de ruedas que les facilita la movilidad durante sus entregas. Para adquirirla, Federico tuvo que pedir prestado dinero a su madre, ya que considera esta herramienta esencial para desempeñar su labor actual.

A pesar de las dificultades económicas previas, ahora puede contribuir algo al hogar: “Hace un par de meses no tenía nada para aportar; ahora al menos le puedo dar a mi mamá una moneda y colaborar. Me hace sentir un poco mejor”, expresa con gratitud.

Un nuevo comienzo

A través del reparto ha encontrado momentos gratificantes; muchos clientes lo felicitan por su esfuerzo y lo saludan en la calle. Este contacto humano es uno de los aspectos más positivos del trabajo: “Con mi emprendimiento paso mucho tiempo en casa... Ahora al menos veo gente todos los días”, comenta satisfecho.

No obstante, el mundo laboral no le es ajeno; Federico ha trabajado desde los 15 años en diversos empleos: desde repartir volantes hasta ser vendedor ambulante y guardia en seguridad, siendo este último el único trabajo formal que ha tenido hasta ahora.

Mientras sigue adelante con sus entregas diarias, sueña con encontrar un empleo estable que le ofrezca un salario más holgado y le permita disfrutar pequeños lujos como unas vacaciones. “Eso quiero: relacionarme con la gente y estar en sociedad”, concluye con determinación.

La noticia en cifras

Cifra Descripción
39 años Edad de Federico
11 horas diarias Horas que trabaja como repartidor
345.000 pesos (247 dólares) Pensión por discapacidad que recibe
70.000 pesos (50 dólares) Beca deportiva por jugar al básquet adaptado
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