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Desde mi aldea

Después de vivir unos días agitados y convulsos como consecuencia de los resultados electorales andaluces, pensé que nuestro encuentro iba a ser sosegado porque encontré a mi viejo marino tranquilo, relajado y sonriente.

Ha habido elecciones en Andalucía, y sus resultados se han vivido como nacionales, al menos así lo ve mi viejo marino que ha aparecido esta mañana con todos los periódicos locales a tomar nuestro café.

Hoy mi viejo marino, lejos de su habitual talante, estaba triste, se le notaba molesto, algo mohíno y enfurecido. Al llegar sorbí mi café, le miré al rostro y le pregunté cuáles eran los motivos de su semblante.

Esta mañana al café con mi viejo amigo se sumó una amiga, divertida, inteligente, vehemente y buena conversadora.

Apenas le habíamos dado un primer sorbo al café cuando mi viejo marino, siempre ojo avizor, me indicó algo alterado…

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y los cambios que han anunciado que han anunciado nos han sonado a una más de las fake news tan de moda.

Esta mañana parecía que mi marino andaba en un tránsito filosófico y cultural porque empezó preguntándome…

Cada día me apasionan más los momentos que paso con el viejo marino en mi aldea. En esas tertulias siempre tengo la oportunidad de conocer interesantes historias, contar con un punto de vista original y una perspectiva diferente.

Cuando llegué al café encontré a mi viejo marino leyendo el periódico. Me señaló una crónica y me comentó…

Hoy mi viejo marino llegó todavía mohíno con el tema de los impuestos de las hipotecas.

Hoy mi viejo marino llegó al café con un archivador con toda la documentación de su casa: escritura de compra, pagos de impuestos, de notaría y registro; más todos otros pagos como tasación, gestoría, licencia de primera ocupación. En fin, todo un archivador.

Parecía que estaba esperándome, nada más llegar, antes incluso que me sentase a la mesa mi amigo, el viejo marino, me preguntó…

Esa fue mi frase matinal seguida del primer sorbo del café con mi amigo. El viejo marino con sorna me replicó...

Mi buen marino siempre necesita dar un largo sorbo a su café antes de iniciar su cháchara, siempre lúcida y punzante.

Me cuentan que la historia de Mariano comenzó en la playa de mi aldea. Todas las mañanas solía pasear junto a la orilla, a paso ligero, dejando que la resaca de las olas mojase sus pies descalzos.