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David y Goliat
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David y Goliat

lunes 22 de octubre de 2018, 11:44h
Parecía que estaba esperándome, nada más llegar, antes incluso que me sentase a la mesa mi amigo, el viejo marino, me preguntó…
  • ¿Te has enterado de la noticia del cierre de las fábricas en La Coruña y Avilés de la empresa del fabricante de aluminio de Alcoa Europe? ¿Sabes que representa mandar a la calle a casi 700 trabajadores?

Asentí, me senté y le dije que estaba escuchando esas noticias con la preocupación propia, porque además coincidía con el cierre de una empresa cercana, empresa familiar que, a la jubilación de los dos hermanos propietarios, para echar el cierre han acabado hipotecando sus viviendas para inyectar de tesorería y poder cerrar.

Dos realidades muy distintas, pero que forman parte de una misma realidad.

Todos los temas empresariales son complejos, es una realidad muy poliédrica, tienen muchas caras y muchos puntos de pista, y como siempre corremos el peligro de simplificar.

Hacer un análisis exhaustivo de este tema, nos ocuparía bastante espacio y difícilmente corresponde a este artículo, hecho a vuelapluma.

Mi viejo marino me comentó:

  • Sé que te preocupa mucho lo de la empresa de tus amigos, pero esa es una empresa de seis trabajadores, nada comparable con lo de Alcoa.

Asumiendo que tenía razón, le dije que mis reflexiones habían ido hacia otros temas, una pequeña parte del poliedro. Sólo unas caras del conjunto, pero que me parecían importantes, y quería ver algunas de esas caras que no se suelen salir en los medios de comunicación.

Todos hemos visto anunciar, con bombo y platillos, desde cualquier organismo público la instalación de una multinacional, de una gran empresa que iba a reportar grandes beneficios a la zona.

Empresa que recibiría, para su instalación, cesión de terrenos, ayudas, subvenciones directas e indirectas, incluso en algunos casos, la creación de algunas infraestructuras para su establecimiento.

Pasados los años, por las tendencias del mercado, por la deslocalización o por las crisis, esas empresas, sin ningún pudor, han desmantelado y han desaparecido.

A este escenario habría que añadirle muchos matices y análisis individualizado, pero hoy se trata de dar brochazos y no pinceladas.

Pero todo esto contrasta con la realidad de esos empresarios locales, trabajadores que abrieron su negocio, fueron creciendo, que no recibieron ninguna de esas ayudas ―no las que se publican en un Boletín, sino de las que se cobran—, que no recibieron créditos sindicados con carencias y bajos intereses; y que al final de su larga vida laboral, tras atravesar una crisis atroz en la que vieron con estupor que, algunos de los que habían sido sus clientes más importantes, les dejaban colgada una importante deuda sin posibilidad de cobro.

Una situación que no solo merma la tesorería de una pequeña empresa, sino que incluso la hace tambalear, puesto que ellos también notan la crisis en sus propias ventas, así hasta encontrarse con dificultades para poder hacer frente a algunos de sus pagos.

Mientras la realidad que han vivido es que, cuando han solicitado un aplazamiento, ante la Administración, se lo ha negado o endurecido sus exigencias, con lo que lo único que han hecho es acelerar la gravedad de su enfermedad.

El final es que, después de una vida laboral de unos cincuenta años, como fruto a su esfuerzo, son capaces de hipotecar sus viviendas para liquidar todo y no verse perseguidos por organismos públicos o dejar sin liquidar a sus trabajadores.

Porque piensan que ellos, son de aquí, han vivido aquí toda su vida, su familia, sus amigos están aquí. Además, su orgullo y dignidad no les permitiría dejar un reguero de deudas al cierre de la empresa

Que contraste, y cuántos interrogantes se abren sobre el diferente tratamiento a las empresas. A lo mejor hubiese sido, a la larga, mejor no tocar tanto el bombo y platillo ante algunos y haberse centrado en entender, ayudar y hacer crecer a otros.

Al final, mi viejo marino, con su sorna habitual remata:

  • ¡Vaya que David solo venció a Goliat en la Biblia!

Me quedan mil dudas, vuelvo a pensar que la realidad es muy poliédrica.

Pero que sabré yo, aquí, contemplando el mar y sentado con mi café, en mi aldea.

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