Varios estados árabes del Golfo han manifestado de manera privada a funcionarios estadounidenses y europeos su disposición a pagar una tarifa por transitar el estrecho de Ormuz, aunque rechazan cualquier acuerdo que otorgue a Irán el control sobre esta vía marítima. Esta información proviene de múltiples funcionarios estadounidenses y regionales familiarizados con las discusiones. La diferencia entre aceptar un costo financiero y ceder autoridad a Teherán es sutil pero crucial, según los oficiales consultados.
“Para algunos estados del Golfo, un peaje no significa mucho. Financieramente, es insignificante para sus cuentas. Ellos buscan estabilidad”, declaró un funcionario estadounidense. Otro oficial regional añadió: “Lo que el Golfo no quiere es que Irán tenga poder de veto sobre quién puede salir y entrar en el estrecho. No desean que Irán pueda accionar un interruptor”. Irán ha estado promoviendo un plan para imponer tarifas a los buques que transitan este punto crítico, que maneja aproximadamente el 20% de los envíos globales de petróleo.
La distinción entre peaje y poder de veto iraní
Los estados del Golfo consideran que el costo financiero de una posible tarifa es insignificante en comparación con el daño económico causado por la inestabilidad en la vía marítima. El estrecho de Ormuz es una arteria vital para las exportaciones energéticas de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Baréin. Según Lewis Dartnell en su libro “Origins: How the Earth Shaped Human History”, el estrecho ha sido un pasaje marítimo crítico durante milenios, conectando el Golfo Pérsico con el Océano Índico.
El actual conflicto, desencadenado por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán iniciada en febrero de 2026, ha interrumpido repetidamente el tráfico y ha elevado los precios del petróleo. La decisión de Omán de permitir que los buques transiten por sus aguas territoriales sin consultar a Irán ha socavado la justificación legal de Teherán para imponer tarifas. De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los estados costeros pueden reclamar aguas territoriales que se extienden hasta 12 millas náuticas.
Cambio en la postura de Trump respecto a compensaciones económicas
Las señales provenientes de los estados del Golfo han proporcionado contexto para la posición cambiante del presidente Trump sobre la compensación por las garantías de seguridad estadounidenses en el estrecho. Recientemente, Trump propuso una tarifa de reembolso del 20% a los socios del Golfo por servir como “guardianes” del agua; sin embargo, al día siguiente retrocedió en esa propuesta, indicando que había decidido reemplazarla por acuerdos comerciales e inversiones que estos países realizarían en Estados Unidos.
El secretario de Estado Marco Rubio afirmó durante su visita a Emiratos Árabes Unidos que “es una vía marítima internacional. Ningún país tiene permitido cobrar peajes o tarifas en una vía marítima internacional”. Sin embargo, la demanda de Trump por acuerdos comerciales e inversiones indica que Washington espera compensación financiera igualmente. “Hablé con todos ellos y les encantaría invertir más dinero en Estados Unidos en cantidades récord”, comentó Trump a los periodistas.
Estructura legal y reacciones regionales
La base legal para cualquier régimen tarifario depende de la interpretación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Bajo esta convención, las aguas territoriales se extienden hasta 12 millas náuticas y el estrecho tiene aproximadamente 21 millas náuticas en su punto más angosto, lo cual otorga derechos tanto a Omán como a Irán. Si ambos estados cooperaran, podrían establecer teóricamente un marco legal para tarifas o servicios; sin embargo, la decisión de Omán de permitir libre paso sin intervención iraní ha eliminado esa posibilidad.
Las reacciones regionales han sido variadas. Los Emiratos Árabes Unidos han acelerado esfuerzos para evitar completamente el estrecho de Ormuz mediante rutas alternativas y desarrollando un nuevo puerto en su costa este para reducir su dependencia del punto crítico. Arabia Saudita ha propuesto un pacto de no agresión con Irán inspirado en los Acuerdos de Helsinki de 1975.
Conclusión
El actual estancamiento sobre el estrecho refleja una lucha más amplia por el control uno de los puntos estratégicos marítimos más importantes del mundo. Los estados del Golfo han mostrado una disposición pragmática a aceptar un costo financiero por estabilidad, pero se oponen firmemente a conceder poder de veto a Irán sobre el acceso al estrecho. A medida que las hostilidades continúan aumentando y se desmoronan acuerdos previos, la región enfrenta una incertidumbre prolongada.
Este conflicto ha puesto al descubierto los límites del poder militar estadounidense y ha acelerado los esfuerzos por parte de los estados del Golfo para diversificar sus rutas exportadoras energéticas. Las acciones actuales probablemente remodelarán la seguridad energética y las alianzas regionales durante años venideros.