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Cese al fuego con Irán debilita la alianza entre EE. UU. e Israel y frena el plan para el nuevo Medio Oriente
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Cese al fuego con Irán debilita la alianza entre EE. UU. e Israel y frena el plan para el nuevo Medio Oriente

viernes 17 de abril de 2026, 10:49h

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El reciente alto el fuego entre Estados Unidos e Irán ha fracturado la alianza entre EE. UU. e Israel, afectando gravemente una estrategia a largo plazo para reconfigurar el Medio Oriente. La administración Trump, desoyendo la oposición de Netanyahu y estados árabes del Golfo, implementó esta tregua que socava un plan que buscaba eliminar la influencia iraní mediante una alianza israelo-árabe. Este conflicto no solo era una confrontación militar, sino también un intento de establecer un nuevo orden regional. La decisión de Trump ha dejado a Israel marginado en las negociaciones y ha generado un fuerte rechazo interno, con encuestas que indican un amplio descontento entre los israelíes. Las metas del conflicto, como erradicar los programas nucleares de Irán y promover un cambio de régimen, no se han cumplido, lo que deja en duda el futuro de esta ambiciosa visión para el Medio Oriente.

La reciente decisión de Donald Trump de establecer un alto el fuego con Irán ha fracturado una estrategia a largo plazo entre Estados Unidos e Israel, diseñada para reconfigurar el Medio Oriente. Este plan se fundamentaba en una alianza entre Israel y los países árabes con el objetivo de eliminar la influencia iraní en la región. La guerra había sido considerada como el paso final para asegurar este nuevo orden regional.

Trump, desoyendo la feroz oposición del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y de varios estados árabes del Golfo, decidió implementar esta tregua. Como resultado, Israel ha quedado marginado y el gran proyecto estratégico que aspiraba a establecerse se encuentra en ruinas.

Un conflicto más que militar

Este no fue un simple conflicto; representó una convergencia de oportunidades políticas, ambiciones regionales y fijaciones ideológicas. Para Netanyahu, la guerra era la confrontación final necesaria para consolidar la supremacía israelí y dar sentido a su visión largamente expuesta. El primer ministro consideraba que este enfrentamiento podría fomentar una alineación más profunda entre los países del Golfo e Israel, incluso aceptando ataques represivos contra estados árabes si ello los acercaba más a su país.

La arquitectura de este “nuevo Medio Oriente” había sido construida silenciosamente durante años. Se centraba en una alineación israelo-árabe basada en el objetivo compartido de contener y eventualmente eliminar a Irán. Esta alianza era tanto financiera como política y estratégica, formalizada a través de acuerdos de normalización impulsados por la administración Trump, que no solo establecieron relaciones diplomáticas, sino que también formalizaron una alianza abierta contra Irán y, crucialmente, contra la resistencia palestina.

Desenlace inesperado

El ataque liderado por Hamas el 7 de octubre y la posterior guerra israelí en Gaza, que ha cobrado decenas de miles de vidas palestinas, pusieron al descubierto la fragilidad de esta trayectoria. A pesar de esto, las administraciones Biden y Trump intentaron rescatar el marco establecido, buscando contener las luchas en el campo de batalla israelí mientras reavivaban la normalización. La guerra contra Irán fue vista como el siguiente paso esencial; mientras Irán permaneciera intacto, su red de alianzas regionales seguiría obstaculizando este orden impuesto.

Según informes recientes, la decisión del alto el fuego por parte de Trump se tomó a pesar de una fuerte oposición por parte de aliados cuyas estrategias dependían del éxito militar. Netanyahu se opuso firmemente, al igual que varios gobiernos árabes. Esta presión fue fundamental pero finalmente ignorada. La ira de Netanyahu es estratégica: comprende que si este alto el fuego se convierte en un acuerdo permanente, su visión construida no solo se detiene; colapsa.

Reacción interna y consecuencias diplomáticas

La reacción desde el mundo árabe, especialmente entre los círculos establecidos del Golfo, ha sido reveladora. Ha resurgido la crítica habitual sobre "cortar y huir". Esta contradicción es significativa; muchas voces que antes se opusieron a la guerra en Irak ahora expresan su indignación ante la retirada estadounidense sin haber alcanzado un desenlace decisivo.

El proceso del alto el fuego ha dejado a Israel al margen, subrayando su dependencia. Trump contactó a Netanyahu poco antes del anuncio oficial del alto el fuego; Israel no formó parte formalmente de las negociaciones ni tendrá asiento en las conversaciones directas. Esto ha provocado un fuerte rechazo interno: una encuesta israelí revela que el 61% de los encuestados se opone al alto el fuego y un 73% espera que las hostilidades se reanuden dentro de un año.

Yair Lapid, líder opositor israelí que apoyó firmemente la guerra, calificó la situación como "una combinación vergonzosa de arrogancia e irresponsabilidad". Acusó a Netanyahu de convertir a Israel en "un estado protectorate" bajo instrucciones telefónicas sobre cuestiones fundamentales para su seguridad nacional.

Un futuro incierto

A pesar de las afirmaciones públicas sobre "coordinación constante" con Washington, la realidad refleja opciones limitadas para Israel. Como afirmó Mitchell Barak, exasesor de Netanyahu: "Israel no tiene política exterior; hace años entregó esa responsabilidad a EE.UU." Ahora, el primer ministro enfrenta ser asociado con dos crisis importantes: los fracasos del 7 de octubre y una guerra contra Irán que concluyó sin lograr sus objetivos esenciales.

No se han cumplido los objetivos fundamentales del conflicto: los programas nucleares y misilísticos iraníes no fueron erradicados; no se logró un cambio de régimen ni se fracturó el eje de resistencia. En un análisis publicado en Antiwar.com, Ramzy Baroud ofreció una evaluación contundente sobre los resultados: "La historia registrará que Israel y EE.UU. fracasaron en derrotar a Irán". El gran proyecto del "nuevo Medio Oriente", alineado con prioridades estratégicas israelíes y construido sobre las ruinas del poder iraní y los derechos palestinos, yace hecho trizas. La pregunta ahora es si los gobiernos regionales continuarán anclándose a este proyecto fallido o recalibrarán hacia un Medio Oriente definido no por imposiciones externas sino por la resistencia interna de sus pueblos.

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