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¿Y si no gobiernan?

¿Y si no gobiernan?
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(Foto: PP)
Por José Alberto Novoa
lunes 09 de marzo de 2026, 22:48h

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Desde hace años se viene afirmando que asistimos a una ola reaccionaria a escala mundial que hace inevitable que todos los países democráticos acaben siendo “conquistados” por la extrema derecha. Esta idea va calando en la opinión pública, también gracias a la opinión publicada, como si fuera un destino en ocasiones inexorable y en ocasiones deseable.

Si se observa el crecimiento electoral de la extrema derecha en las últimas décadas, en sus distintas formas, en numerosos países, y los gobiernos que han ido cayendo en sus manos, tanto en Europa como en América, tiene sentido la afirmación de inevitabilidad que, de forma insistente, se proclama.

Pero, de la misma forma que no todas las extremas derechas son iguales en los distintos lugares donde crecen y, por tanto, su evolución no responde a estándares homogéneos por razones históricas o electorales, también es plausible la consideración de que la profecía de que todos vamos a caer en una nueva fase oscura de la Historia no se cumpla y, por tanto, pueda comenzar a darse un retroceso en la presencia e influencia de la extrema derecha.

En política como en la vida, no hay nada escrito y, en todo caso, las personas y, por tanto, los votantes, tenemos en nuestra mano la posibilidad de intervenir para que las cosas sean de una forma u otra. Además, en los procesos electorales es igual de importante observar los datos de las encuestas que los resultados finales. En España, en las Elecciones Generales de 2023, todas las encuestas apuntaban a que “era inevitable” que el resultado de las urnas llevaría al país a un gobierno de coalición entre el PP y Vox. Sin embargo, la posición real de la ciudanía fue otra que permitió la posibilidad de revalidar una coalición de gobierno progresista frente a todo pronóstico.

Normalmente, quienes auguran el desastre, quienes dan por hecho que las cosas son inevitables, o quienes desconfían de todo (y de todos), suelen ignorar o despreciar la inteligencia de la gente que acaba siendo más consciente de la realidad de lo que en ocasiones parece y ejerce su derecho al voto teniendo en cuenta cómo les puede llegar a afectar a sus vidas, individuales y colectivas, determinadas opciones políticas.

A día de hoy, en pleno ciclo electoral autonómico, en el que las encuestas y los resultados electorales coinciden en que la extrema derecha está en la cresta de la ola, viendo lo que ha ocurrido en Extremadura y en Aragón, la mayoría de las opiniones dan por hecho que continuará así con el resto de procesos en Castilla y León, en Andalucía, en las Municipales de mayo de 2027 y en las Elecciones Generales de ese mismo año, o incluso en éstas si se adelantasen, por lo que fuera.

Pero, ¿y si no gobiernan? ¿Y si a la extrema derecha le va mal en algún momento de ese calendario electoral? ¿y si comienza a darse un retroceso en Vox que comience a cambiar las sensaciones primero y las posibilidades de alcanzar el gobierno después?

El termómetro de Castilla y León.

El resultado de las Elecciones Autonómicas del 15 de marzo para Vox no será como en Extremadura y Aragón. En Castilla y León, Vox no duplicará escaños porque ya crecieron en 2022 pasando de 1 a 13 procuradores. Por ello, en cualquier caso, aunque pueda aumentar en porcentaje de voto y en escaños, la sensación que produzca quedará lejos de la producida en Extremadura y en Aragón.

Incluso aunque su porcentaje de voto aumente del 17,64% actual por encima del 20%, sólo servirá para alimentar su estrategia de forzar una repetición electoral en otros territorios, teniendo en cuenta que a Vox, en este momento, no le interesa entrar en ningún gobierno porque le desgastaría. A esto, hay que añadirle la nefasta gestión que demostró cuando el PP de Mañueco le permitió entrar en la Junta de Castilla y León, lo cual, no debería ser desechado como argumento de rechazo, por parte de los populares, en un escenario de ausencia de mayorías absolutas y necesarias alianzas, que bien podrían ser alternativas a la extrema derecha.

El crecimiento de la Unión del Pueblo Leonés, o cómo mantendrán su presencia en las Cortes de Castilla y León, organizaciones provinciales y localistas como Soria ¡Ya! y Por Ávila, además del hipotético retorno de IU, y el posible mantenimiento o crecimiento del PSOE, introduce una variable que puede condicionar los posibles pactos de gobierno.

El efecto bandera.

Habrá que ver cómo influirá el “No a la Guerra” durante la segunda mitad de la campaña electoral. La tensión internacional y la guerra en Oriente Próximo ha entrado de lleno en campaña, sacudiendo la conciencia de un electorado de izquierdas que pareciera resignado a lo que, desde hace años, se apunta sobre la inevitabilidad de un escenario postelectoral aún peor del que se generó en la Comunidad tras las elecciones de 2022.

El fenómeno sociológico que el rechazo a la guerra puede suscitar en un escenario de elecciones es siempre relevante en España. Según los sondeos más recientes de 40dB un 68% de los españoles rechazan las intervenciones militares lideradas por Israel y Estados Unidos en Oriente Próximo, lo cual, junto a la memoria de lo que fue la Guerra de Irak de 2003, unido al Genocidio en Gaza, puede fortalecer la posición de los partidos que forman el Gobierno de España, en un contexto de elecciones autonómicas en Castilla y León con claro sesgo nacional.

Y ello, ante un PP y un Vox que se posicionan nítidamente del lado de los agresores y genocidas, en tanto que no condenan los hechos o incluso acusan al PSOE de Pedro Sánchez de traición a los aliados de España. Este tipo de mensajes suelen interpretarse por parte del electorado como un insulto a su inteligencia, lo que puede afectar al resultado que las derechas esperan en las urnas.

Un PP que fuera inteligente.

Para entender cómo las elecciones de Castilla y León pueden comenzar a dictar la sentencia de Vox a nivel nacional, debemos mirar a este territorio no solo como una región más sino como el laboratorio de pruebas donde nació la primera coalición PP-Vox en España, gracias a un Partido Popular que infravaloró las posibilidades de Vox en 2022 y adelantó, sin necesidad, unas Elecciones Autonómicas que no tocaban.

Vox busca llegar a la Moncloa devorando al Partido Popular. A la extrema derecha no le interesan las comunidades autónomas y su compleja gestión. No cuentan con cuadros en el partido capacitados para estar en las instituciones y, además, suelen ser bastante vagos a la hora de trabajar. Esto el PP lo sabe, de la misma forma que Mañueco sabe que lo que Vox hizo en Castilla y León, entre 2022 y 2024, a él mismo le ha paralizado.

Para enmendar aquel error, salvo que pretendan el suicidio, sería necesaria una cierta dosis de inteligencia por parte del PP, tras la noche electoral, para definir una estrategia que deje fuera del ejecutivo a Vox y, por añadidura, se comenzase a alimentar, desde diferentes ámbitos, el relato de que la extrema derecha “ha tocado techo” y, por tanto, ya no son imprescindibles ni para Castilla y León, ni para España.

Hipótesis.

Si lo descrito hasta aquí, se entiende como algo plausible, podrían darse escenarios distintos para la gobernabilidad de Castilla y León con alternativas que dejasen fuera de la escena a Vox.

De la encuesta de 40db para El País, publicada el 9 de marzo, se desprende un estancamiento del PP, de Por Ávila y de Soria Ya; un crecimiento de Vox y de UPL; un menor descenso del PSOE que en Extremadura y en Aragón; y la desaparición de IU-Podemos y Ciudadanos. Datos que son el resultado de una consulta realizada antes de la declaración institucional en la que Pedro Sánchez recuperó el “No a la Guerra” y, por tanto, una encuesta que no se ha visto afectada, ni de una forma ni de otra, por el “efecto bandera” que apuntaba con anterioridad.

En un escenario así, en el que pudiera darse un grupo mixto diverso pero consolidado, y con la posibilidad de incorporar al relato “que Vox ha tocado techo” (aún creciendo), el PP podría verse seducido por la idea de pactar con otros. Ceder en materias con grupos minoritarios es siempre más viable que el coste político de dejar que Vox condicione la investidura o el gobierno de la Junta de Castilla y León. Si el PP logra sumar con regionalistas y localistas, Vox perdería su estatus de socio preferente, enviando así un mensaje nacional de “no seguidismo” al resto de territorios, en los que habrá elecciones (Andalucía) o pueden volver a repetirse (Extremadura y Aragón).

Otra posibilidad más aventurada es que en el bloque de las derechas, por el “efecto fatiga”, el PP lograra absorber un porcentaje de votos de Vox, apelando al "voto seguro", y le hiciera situarse, frente a todo pronóstico, por debajo del actual 17,64% con el que cuentan los de Abascal. En ese escenario, la fuerza negociadora de Vox desaparecería, incluso más allá de Castilla y León.

El efecto mariposa.

Si el 16 de marzo nos despertamos con un resultado electoral diferente al que hoy por hoy señalan las encuestas, que permita identificar la posibilidad de alejar la teoría de lo inevitable sobre la “gran coalición de derechas” para un nuevo gobierno con Vox en la Junta de Castilla y León; en el resto de territorios se produciría un “efecto mariposa” por lo que supondría de golpe de gracia para la extrema derecha. Sería el principio del fin de Vox.

Un peor resultado de Vox en Castilla y León que en otras CCAA, no sólo sería un bache regional, actuaría como el catalizador de la tormenta interna que ya está sufriendo el partido de Abascal con las sucesivas purgas internas que vienen de lejos y que últimamente han afectado a Madrid y a Murcia con las expulsiones de Ortega Smith y Antelo, respectivamente.

Por otro lado, crecerían los cuestionamientos internos sobre el liderazgo del partido y la actitud del “búnker”, dirigido por Kiko Méndez-Monasterio e Ignacio Garriga, que podrían suponer huidas o salidas discretas en los feudos territoriales si, como todo apunta, se mantienen las posiciones dictatoriales de Santiago Abascal. Además, no hay que olvidar que todos los que fundaron Vox, junto a su líder, fueron purgados pero no han dejado de estar presentes de una u otra forma. Todos ellos, desde Espinosa de los Monteros hasta Macarena Olona, podrían identificar la oportunidad de reaparecer para ir ocupando el espacio electoral que Vox comience a perder.

A modo de conclusión

La profecía autocumplida es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad. Es decir, repetir de forma reiterada que algo va a ocurrir, desencadena una serie de acontecimientos que llevan a la gente a hacer aquello que se ha afirmado que va a ocurrir.

En 2023 todas las encuestas señalaban que las derechas ganarían las Elecciones Generales y que España se encaminaba a un gobierno de coalición entre PP y Vox como estaba ocurriendo en otros lugares de Europa.

Desde hace mucho tiempo se viene asegurando que, de forma inevitable, se van a producir gobiernos de coalición en Extremadura y Aragón, entre PP y Vox. Sin embargo, a día de hoy, esto no es así y comienza a cobrar fuerza la idea de que pueda darse una repetición electoral, al menos en Extremadura.

Las profecías autocumplidas tienen la intención de paralizar socialmente y anular la posibilidad de análisis de la realidad a partir de más elementos que influyen, y más en política, en las posiciones, determinaciones y opciones de la ciudadanía a la hora de ejercer su derecho al voto.

Los argumentos que aquí se esgrimen señalan a elementos que no identifican las encuestas tratando de demostrar que no todo está decidido (perdido) y que el futuro no tiene por qué ser tal y como algunos vaticinan o pregonan, sistemáticamente, para que la realidad que describen (su realidad) se cumpla. De la misma forma que Castilla y León fue el laboratorio de pruebas de la coalición de PP y Vox, y salió mal; y de la misma forma que no ocurrió en 2023 lo que todo el mundo apuntaba, ahora, también podemos estar ante el principio del fin de Vox.

José Alberto Novoa.

Politólogo.

9 de marzo de 2026

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