Juan Carlos I planea mudarse a Andorra. Lo ha publicado el director adjunto del Diario de Mallorca, Matías Vallés informando que lo hace para estar cerca de su familia sin tener que cruzar medio mundo cada vez que quiera verlos, pagar solo un 10% de impuestos en lugar de las mordidas que le clavan en España, escapar del riesgo de una guerra que se desmadra en Oriente Medio y, de paso, aprovechar que su imagen ya está lo suficientemente "rehabilitada" como para que algunos le pidan volver sin tanto escándalo.
Es el mismo patrón de siempre: cuando el fisco aprieta demasiado y el Estado se lo gasta en propaganda y repartir sueldos millonarios a sus amigos, los que pueden se largan. Igual que los youtubers millonarios, los futbolistas, los empresarios o cualquier tipo con pasta que ve cómo le exprimen el bolsillo y a cambio recibe trenes de los años 80, carreteras llenas de baches, hospitales donde esperas meses por una operación sencilla y una vivienda tan cara que los jóvenes ni sueñan con independizarse.
España cobra como si fuera Suiza o Noruega, pero entrega servicios de tercer mundo. El IRPF te llega al 50% o más, el impuesto al patrimonio te persigue incluso si ya estás jubilado, y la Agencia Tributaria actúa como si fueras un delincuente por tener dinero en el extranjero. Mientras, el tren AVE circula sobre vías del siglo pasado y no llega a todas partes, las autopistas se caen a pedazos fuera de las grandes rutas, la sanidad pública colapsa con listas interminables y la juventud se queda atrapada en casa de los padres porque alquilar un piso decente cuesta mas del sueldo.
Andorra ya no es el chollo de hace unos años —ahora te piden un millón de euros invertidos y tasas que no recuperas—, pero sigue siendo mucho más amable con el bolsillo que el infierno fiscal español. Si hasta un exrey, con todo el ruido que genera su nombre, prefiere esto antes que volver a tributar en su país, imagínate el resto. No es codicia pura: es hartazgo. El sistema ha roto el pacto básico: pagas mucho para que te devuelvan poco o nada útil. Es como si te robaran más de la mitad de lo que ganas trabajando, mientras la clase política vive como si fueran los nuevos ricos, con privilegios que ellos mismos se crean, como cotizar solo siete años de parlamentario y tener ya derecho a jubilación mientras los españoles necesitan 37 años de cotización.
Mientras no se arreglen las infraestructuras, no se baje la presión fiscal desproporcionada sobre los que generan riqueza y no se haga la vida digna para los que se quedan, estos "éxodos" seguirán. No son traidores; son gente que vota con los pies porque ya no cree en el trato. Y cada uno que se va es un aviso claro: el modelo actual no funciona. Si no lo cambian desde dentro, seguirán perdiendo a los que más aportan. Simple y brutal.