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Del kaos al logos (III): Logos
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Del kaos al logos (III): Logos

lunes 29 de octubre de 2018, 10:39h
Para los griegos Logos era la palabra. La palabra con la que se creaba el orden del mundo. Eso ha llevado a que los primeros escritos cristianos hayan llamado a ese Logos el Verbo, el Verbo era dios y se hizo Hombre, rezan nuestros escritos.

El Logos pasó a ser el orden del mundo. También por tal se le traducía. Logos es ordenación, tratado. Conjunto de conocimientos que dan sentido al mundo, a las cosas, y a nosotros mismos. Logos es el conjunto de preceptos, dogmas y creencias, unido a ciertos conocimientos costumbristas, que forman el ideario previo a nuestro actuar. Cuando aplicamos un Logos desaparece el Kaos primigenio de nuestros puros instintos.

Tal es así que en todo nuestro sistema científico a todos los conocimientos sobre una materia determinada le denominamos Tratado, conjunto de saberes –Logía- de esa materia concreta. Bio-Logía. Antropo-Logía, Teo-Logía.

Dado que el título de toda la serie es del Kaos al Logos, lo que en el fondo se quiere demostrar es la vivencia inicial de la mente humana en un desorden propio, porque no hacían otra cosa que reaccionar en función a los meros impulsos naturales a los que denominamos instintos, sin consciencia alguna de su resultado, o cuando ya se sabía el posible resultado no se disponía de un conocimiento más o menos claro de su funcionamiento, y menos aún de una posible solución que no llevase a ese final catastrófico. Aunque en la prehistoria conocían lo que sucedería después de la rotura de un miembro o de la propia columna vertebral, no disponían del conocimiento para repararlo en condiciones y esa persona quedaba impedida, y o bien era abandonada hasta la muerte, o necesitaban cuidarle el resto de su existencia. Hoy, como ya disponemos de un extenso y profundo tratado de Traumato-Logía, sabemos perfectamente como curar esa rotura y la persona se reincorpora en perfectas condiciones a su quehacer.

Si analizamos los grandes pensamientos teóricos que se plantearon todas las culturas sobre la vida y la muerte, los elementos atmosféricos, o los propios espacios desconocidos y no dominados como los desiertos o los grandes bosques, lo que hicieron fue inventarse una serie de teorías más o menos disparatadas, o más o menos ajustadas a su propia experiencia que, de alguna manera, les parecía que resolvía teóricamente ese gran temor que les originaba su desconocimiento. Para los que quieran profundizar, el libro de J. Fracier, La Rama Dorada, les enseñará que este autor estudió más de quinientos Mitos que las distintas culturas, grandes y pequeñas, los cuales fueron inventados a lo largo de la historia para explicarse el mundo que les rodeaba.

Todas y cada una de esas teorías, de esas invenciones mentales, no era más que un pequeño o gran logos que, por lo menos a ellos, les facilitaba su relación con el mundo hostil y ciertamente doloroso que experimentaban a través de sus propias frustraciones.

El desarrollo de ese Logos, su mejor perfeccionamiento, su teoría cada vez más ajustada a la realidad, y los mejores resultados al ser aplicado, es lo que ha determinado que un Logos, tratado, teoría, o al final cuando ya está muy elaborado, Conocimiento, es lo que ha hecho que se dejase un Logos, por implantado que estuviese, y se aceptase otro. Unas veces impuesto por la fuerza, otras, como los mejores conocimientos sobre la agricultura que enseñaban los romanos, y luego los Musulmanes a los Cristianos de la España ocupada, fueron aceptados de buen grado y solicitada su mejor aplicación. En nuestros tiempos modernos se destinan enormes cantidades de recursos en países como China o Rusia porque desean alcanzar los conocimientos científicos sofisticados de occidente y crean toda una organización para el espionaje, y así poder sustraer ese conocimiento para aplicarlo ellos.

Logos es hoy día, después de una gran evolución de la mente humana, el mejor conocimiento del que podamos disponer para realizar nuestra relación con el entorno. Con esos tratados de conocimientos podemos planificar hasta en más mínimo detalle nuestra conducta y la toma de decisiones se realiza para alcanzar el mejor resultado posible en función al objetivo perseguido.

Cuando ya somos humanos, lo que nos diferencia del resto de animales, y de los pueblos que lo desconocen, es el mejor Logos que nos facilite caminar sin temor al fracaso, a la muerte.

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