La violencia contra las mujeres en Sudáfrica ha alcanzado niveles alarmantes, lo que refleja un problema más profundo: la falta de respeto por la humanidad. Así lo expresa Lebogang Ramofoko, defensora de la justicia de género y social, quien destaca que el trato hacia los cuerpos de las mujeres negras ha sido históricamente despectivo, una herencia que se remonta a la colonización y se perpetuó durante el apartheid.
Ramofoko señala que los actos de violencia actuales son un testimonio de las secuelas de estos sistemas opresivos, cuyas traumas nunca fueron debidamente abordadas. «No se trata de afirmar que los hombres negros son inherentemente violentos, sino que en contextos donde han sufrido violencia durante décadas, las mujeres negras han sido el blanco de esa agresión», explica.
Protestas y miedo en la comunidad
En Kempton Park, un distrito de Ekurhuleni donde se han encontrado cinco de los nueve cuerpos recientes, Lumka Maqhubela, integrante del grupo Girl2Woman Foundation, ha participado en protestas para concienciar sobre estos crímenes. «Estamos afligidas y asustadas», comenta. «Si la policía ya no puede protegernos, el gobierno debe intervenir y hacer algo al respecto».
Maqhubela critica la respuesta policial: «Es evidente que no estamos seguras; no podemos ser instadas a estar más atentas cuando deberían ser ellos quienes garanticen nuestra seguridad. No estamos a salvo en ningún lugar, ni en nuestros hogares ni en las calles; esto tiene que parar».
Impacto emocional en las mujeres
El temor es palpable entre las mujeres de la comunidad. Thulisile Sibande, de 32 años, comparte su angustia: «Cuando voy a una tienda, tengo que mirar a mi alrededor. Estoy impactada y asustada; es un trauma». Por su parte, Thembi Mabena, de 60 años, recuerda con tristeza a Dineo Motapane, una vecina cuya risa solía llenar el barrio. «Ahora estoy preocupada», dice Mabena.
«Conozco a muchas niñas que me dicen que tienen miedo de ir solas a la tienda. No hay seguridad, ni siquiera para mí; soy mayor, pero tampoco estoy segura», añade Mabena.
Lerato Mzizi, una joven de 20 años, resume la situación con una contundente afirmación: «En Sudáfrica, las mujeres ya no están seguras».